Dice Bill Gates, el fundador de Microsoft, que la transición a la era de la IA será uno de los momentos más turbulentos de la historia humana y que, ahora mismo, no nos estamos preparando adecuadamente para esa transición. Esto lo afirma en una publicación que ha visto la luz hace apenas un par de semanas donde argumenta que la IA puede convertirse en el mayor igualador jamás inventado para los humanos, o la peor fuente de injusticia que jamás haya existido y, también según sus palabras, el reto es monumental y no tenemos un plan para semejante desafío.
Y es que la IA se utiliza actualmente en todo tipo de entornos, en lo personal y en lo profesional, y para infinidad de acciones. La rapidez con que la IA se ha introducido en la vida de todos nosotros, en mayor o menor medida, es algo que no había sucedido con ninguna tecnología existente hasta la fecha, y esto ha sucedido porque la gran diferencia con respecto a todo lo que nos había llegado en un tiempo pretérito es que nosotros, las personas, éramos los que teníamos que adaptarnos a lo nuevo que nos llegaba, a la nueva tecnología, teníamos que aprender a utilizarla mientras que la IA, en cambio, funciona en los dispositivos que ya tenemos y conocemos y utiliza lo que se denomina lenguaje natural, es decir, el lenguaje con el que nos comunicamos y vivimos nuestras vidas. No hemos tenido que adaptarnos a nada porque la IA se ha adaptado a nosotros. Y no solo.
Hace unas semanas leía un artículo donde un profesor explicaba que le había pedido a su agente de IA que analizara un artículo que había escrito él, preguntándole si tenía suficientes ideas fuerza, si estaba bien desarrollado, si corregiría algo, en definitiva. Todo perfecto, le vino a decir la IA. La sorpresa es que cuando le presentó exactamente el mismo texto diciendo que lo había desarrollado un alumno y no estaba nada convencido de cómo había argumentado y desarrollado las ideas principales, la IA también le dio la razón. Este artículo (que era exactamente el mismo, sin cambiar una coma) necesita ser reescrito, le dijo la IA. Y yo a este señor no le conozco, pero me creo esta historia, porque me contaba el otro día una amiga, profesora de universidad e investigadora, que a ella la IA le ha proporcionado papers de investigación con número (teóricamente oficial) de dicho paper, incluyendo autores con nombres y apellidos y universidades a las que pertenecen, y que cuando seguía preguntando a la IA sobre dichas investigaciones porque no las encontraba, la IA terminaba confirmando que lo había inventado todo.
Y para mí este es uno de los problemas principales, el hecho de que la IA siempre quiera agradarnos y nos dé lo que le pedimos, aunque no exista, y nos dé la razón, aunque no la tengamos, que parece que no quiere perder la relación con nosotros porque eso es lo que está aprendiendo: cómo establecer relaciones que parezcan humanas. Trabajo a diario con aplicaciones de IA y el tiempo que puedo ahorrar en determinadas tareas me permite tener más tiempo disponible para tareas de más valor, pero reconozco que no confío al cien por cien en las respuestas que obtengo, porque cada día me encuentro con grandes meteduras de pata y cuando se las hago ver a la aplicación me responde que sí, que efectivamente, y me doy cuenta de que si no le rebatiera ninguna de las respuestas que me ofrece, y las diera todas por buenas, ella por sí sola nunca las corregiría.

Bill Gates afirma que la IA tiene grandes riesgos que deberían ser monitorizados y grandes, muy grandes beneficios, que deberían ser aprovechados, y que las dos cosas deberían ser tenidas en cuenta y habría que ponerse ya manos a la obra, porque la realidad es que parece que la IA es la que va por delante, y nosotros al rebufo porque no somos capaces de adelantarnos. Y es que, como dice el fundador de Microsoft, esta tecnología sin precedentes exige una respuesta global sin precedentes.
Todos los grandes cambios vienen siempre acompañados de incertidumbres, en toda la historia de la humanidad ha sido así. La pregunta es si en este momento en que vivimos hay suficiente criterio y pensamiento crítico para encarar los cambios que se producen cada día, y en ese caso, si hay voluntad para hacerlo.
Porque la etiqueta “IA” que ahora lo impregna todo nos la venden como un marchamo de mejora, y creo que en muchos aspectos tenemos que cuestionarnos si en realidad lo es.
Y yo seguiré trabajando con mis aplicaciones de IA, y también seguiré cuestionando los resultados, y pienso que si ya resultaba complicado a menudo saber qué era verdad y qué era mentira, ahora es aún más complicado. No solo nos engañan las personas, también nos engaña la inteligencia artificial.
Y cuando llego a esta conclusión, vuelvo a recordar a Ray Bradbury, en este año en que he vuelto a leer su Vendrán lluvias suaves, el cuento escrito en 1950 que mostraba lo que ocurría un 4 de agosto de 2026 en una casa totalmente domotizada, una casa que inventó entonces el escritor y que podría ser una casa real de las que existen hoy en día. Me viene él a la cabeza, porque con permiso de Asimov y otros maravillosos escritores de ciencia ficción que nos contaron cómo iba a ser una parte de nuestro mundo antes de que llegara a serlo, no puedo ni imaginar los cuentos que escribiría Ray Bradbury si estuviera viviendo esta época de IA que estamos viviendo hoy nosotros.

