Opinión

El ejército trans de Trump

Donald Trump
Nueva orden ejecutiva de Donald Trump
KiloyCuarto
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Del Gobierno de Estados Unidos una puede esperarse prácticamente cualquier cosa. Los mismos que hace tiempo optaron por cambiarle el nombre a su Departamento de Defensa y sustituirlo por un Departamento de Guerra –juzgados por sus obras, razón no les faltaba– han anunciado un calificativo esta semana, una adenda, el elemento que les faltaba. En un tuit en X, Pete Hegseth hablaba del Departamento de Guerra de Alta-T; letra que aquí, para quien no esté iniciado en su jerga, significa testosterona. Departamento de Guerra de Alta Testosterona. En el vídeo que acompañaba al anuncio, Hegseth –expresentador de Fox News antes que secretario de nada– prometía mantener a sus soldados “en el filo de la letalidad”. Si lo intentas parodiar, no te sale.

Es qué consiste el anuncio, pues: a los chequeos rutinarios de los soldados estadounidenses, a partir de la treintena de edad, y voluntariamente antes de ese umbral, se añadirá una revisión de los niveles hormonales para comprobar si se ha producido algún descenso del nivel de testosterona en sangre. A partir de ahí, se ofrecerá tratamiento de sustitución hormonal a todo aquel con niveles “bajos” o que lo pida. El anuncio, además, no llega solo: hace apenas un mes la FDA propuso flexibilizar los límites de prescripción de los geles, parches, pastillas e inyecciones de testosterona, reservados hasta ahora al diagnóstico de hipogonadismo, y Robert F. Kennedy Jr. lleva meses predicando desde Sanidad las bondades de la hormona. El mismo tratamiento, el mismo, que toman ya muchos chicos trans, que deben de estar de enhorabuena: se acabó allí la amenaza del desabastecimiento; si con algo puede uno contar para que mantenga una industria bien provista, claro, es con la guerra.

Pete Hegseth, secretario de Defensa de EEUU
Pete Hegseth, secretario de Defensa de EEUU
EFE/EPA/JIM LO SCALZO

Una de las obsesiones mayores de la administración Trump, aunque también de los republicanos en general, han sido las personas trans. De forma bastante curiosa, además, pues el propio Trump no era ni en 2016 ni antes un hombre con particulares prejuicios respecto a ese tema, por culpa de su cultura neoyorquina o por culpa de lo que sea. Lo curioso es que ahora la vigilancia aplicada antes a los pasaportes de personas trans o a los cuartos de baño la aplique Trump a su propio ejército. Medir niveles, estandarizar, cuantificar, como si el nivel de testosterona en sangre de cualquier humano no variara con la edad, ni con las horas, ni de la noche a la mañana. La testosterona desciende de forma natural entre un uno y un dos por ciento al año a partir de los treinta, y apenas un 5,6% de los hombres de entre 30 y 79 años padece una deficiencia clínica real. El problema de Trump, como el de tantos otros antes que él, es el miedo al envejecimiento: un pequeño síndrome de Peter Pan.

Medir, encima, con la excusa de “desplegar la potencia natural de los hombres”, mermada por esa bajada en la testosterona. Es, en realidad, el mismo motivo por el que se han obsesionado por la leche como símbolo, pureza facial aparte: la leche de vaca, la leche de macho. Se parece mucho al consumo de estupefacientes para desplegar su potencia que ya conocemos por parte de los nazis de la Segunda Guerra Mundial –la pervitina, metanfetamina de Estado que Norman Ohler documentó en El gran delirio–. Pero se parece más, sobre todo, a la lógica cultural de una extrema derecha que se ha obsesionado con que nunca se es lo suficientemente hombre, lo bastante masculina. Ya no lo son ni sus propios hombres, ya no lo son ni sus veteranos, ni sus guerreros, ni sus soldados. Hegseth ya se lo dijo en septiembre a cientos de mandos reunidos: nada de “tropas gordas”, nada de “generales gordos”.

Un soldado hutí maneja una ametralladora desde una camioneta mientras patrulla en una manifestación en Saná, Yemen.
EFE

Recordemos que el Pentágono justificó la expulsión de las tropas trans alegando, entre otras cosas, que no podrían acceder a su tratamiento hormonal durante los despliegues; ahora ese mismo tratamiento se ofrece, de oficio, al ejército entero. ¡Qué deliciosa paradoja que la única solución de Trump para tener un ejército a la medida de sus exigencias sea procurarse un ejército trans y hormonarlo en su tránsito!

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