Opinión

El hombre inédito

MADRID, 25/06/2026.- El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, momentos antes de abandonar el hemiciclo durante el último pleno ordinario del período de sesiones, este jueves, en el Congreso de los Diputados. EFE/ Sergio Pérez
Pedro Sánchez, momentos antes de abandonar el hemiciclo.
EFE/ Sergio Pérez
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Hay presidentes que pasan a la historia por sus leyes, por sus reformas o por su gestión de una crisis. Pedro Sánchez pasará a la historia, además, por la cantidad de precedentes inéditos que ha ido acumulando desde 2018. No son anécdotas sueltas: vistos en orden, dibujan el mapa de una legislatura construida sobre excepciones constantes a las reglas no escritas de nuestra democracia.

Todo arrancó con la propia llegada al poder. En junio de 2018, Sánchez se convirtió en el primer jefe del Ejecutivo de la democracia que accedía a la Moncloa mediante una moción de censura, sin que mediaran elecciones previas. Fue capaz de consolidar su poder tras ganar en 2019 en dos ocasiones, las de noviembre de 2019 fueron las últimas elecciones que ganarían las siglas del PSOE, desde entonces todo fueron derrotas. En 2023, repitió en la Moncloa desde otro ángulo: por primera vez, un presidente formaba gobierno después de que su partido quedara por detrás del más votado en las urnas. Y así fue capaz de permanecer en la Moncloa de tres formas distintas en cinco años.

La última forma de hacerlo obligó a gobernar con una aritmética parlamentaria que exigió pagar precios sin precedentes. La ley de amnistía aprobada para asegurar los votos de Junts y ERC fue la primera de la democracia constitucional, una moneda de cambio inédita a cambio de seguir gobernando. Y en ese mismo proceso de tejer apoyos, Sánchez rompió otro tabú histórico al recibir en el Palacio de la Moncloa a un representante de EH Bildu, algo que ningún inquilino del palacio había hecho antes.

El frente judicial, sin embargo, es el que ha dejado la colección más larga de “primeras veces”. José Luis Ábalos, su mano derecha y antiguo ministro de Transportes, ha terminado condenado y en prisión por corrupción, convirtiendo a Sánchez en el primer presidente en ejercicio con un ministro condenado mientras él seguía en el cargo. No fue el único alto cargo del partido en pisar la cárcel: Santos Cerdán, sucesor de Ábalos como secretario de Organización del PSOE, también ingresó en prisión preventiva, de modo que Sánchez se convirtió en el primer presidente al que le encarcelan a dos secretarios de Organización consecutivos de su propio partido.

La presión judicial también ha supuesto un cerco sin precedentes a su entorno más íntimo. Su hermano David espera sentencia tras haberse sentado en el banquillo acusado de corrupción —algo que ningún hermano de un presidente había vivido antes—, y su esposa, Begoña Gómez, aguarda su juicio acusada por cuatro delitos de corrupción. De esto último tampoco existen precedentes en la historia democrática.

El propio Sánchez tuvo que comparecer ante un juez en calidad de testigo dentro de la residencia oficial de Moncloa, un trámite sin parangón: ni siquiera Mariano Rajoy, que sí declaró ante la justicia, tuvo que hacerlo en su propia casa, sino en la Audiencia Nacional. Tampoco se había visto nunca a un presidente compareciendo ante una comisión de investigación de las Cortes para dar explicaciones por la supuesta corrupción de su partido.

Tampoco habíamos visto antes ni en democracia ni en los últimos 200 años una sentencia condenatoria contra un fiscal general del Estado por un delito de revelación de secretos en una causa vinculada, según sus críticos, a la defensa de los intereses del Gobierno.

El desgaste de estos años ha tenido, además, un episodio inédito en clave personal: en abril de 2024, Sánchez paralizó su agenda institucional y anunció por carta pública que se tomaba cinco días de reflexión para decidir si continuaba al frente del Gobierno, algo que ningún presidente español ni europeo había hecho hasta entonces. Igual en Sudamérica o África hay algo comparable pero tampoco existe constancia de ello.

En el terreno institucional, la legislatura también ha roto moldes. Sánchez es el primer y único presidente de la democracia bajo cuyo mandato los decretos-ley aprobados han superado en número a las leyes tramitadas por el Congreso, invirtiendo una proporción que se había mantenido constante desde Adolfo Suárez. Y a esa fractura con el Parlamento se suma la más reciente y quizá más elocuente: continúa gobernando pese a que el Congreso —la misma cámara que lo invistió— le ha exigido formalmente la dimisión por mayoría absoluta, una situación que prácticamente no tiene comparación en democracias parlamentarias de nuestro entorno. Y finalmente a todo esto se añade que su Gobierno lleva ya tres ejercicios seguidos sin lograr aprobar un presupuesto nuevo, gobernando con las cuentas de 2023. Desde entonces hemos asistido a una racha de prórrogas consecutivas inédita en Europa.

No se podrá decir que Pedro Sánchez no esté haciendo historia. Ningún hito de esta lista, por separado, sería suficiente para definir una legislatura. Juntos, sin embargo, trazan el retrato de un mandato que ha normalizado lo excepcional.

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