Opinión

El ‘killer’ Sánchez le allana a Felipe VI el camino de su bisabuelo

Que nadie descarte el alquiler primero y la venta después de Ceuta a Marruecos, o un cover de lo que sucedió el 15 de abril de 1931.
Que nadie descarte el alquiler primero y la venta después de Ceuta a Marruecos, o un cover de lo que sucedió el 15 de abril de 1931. | Imágenes originales: Shutterstock; ilustración/fotomontaje: kiloycuarto
Actualizado: h

El curso político, o su víspera, que el lector elija, arranca puesto de esteroides: Sánchez quiere sumar a su sala de trofeos de caza la cabeza –entiéndase la metáfora– de Felipe VI. El Rey ha dejado de serle útil al presidente del Gobierno, y este quiere brindarle un destino similar al de Mariano Rajoy, Susana Díaz o José Luis Ábalos, que padecen distintos tipos de ostracismo, evidentemente –no se puede comparar el Senado con el trullo–, pero que comparten el denominador de haber sido víctimas del killer que plancha la oreja en la Moncloa desde hace ocho años y casi tres meses.

El prólogo de lo que Sánchez ha declarado este lunes en la Cadena SER lo firmó Óscar Puente hace unos meses, el 21 de mayo, en un acto titulado “¿Cómo frenar a la extrema derecha?”. El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible señaló, ante un Pablo Iglesias que reclamó “una república plurinacional”, que “el principal sostén de la monarquía en nuestro país ha sido y es, a día de hoy, el Partido Socialista Obrero Español”. Después, en efecto, vino la descalificación de la fotografía del Rey con Negre (“Absoluta ignominia”), pero el fundamento teórico, bien a modo de advertencia, bien a modo de amenaza, ya fue desvelado en un acto para cafeteros del que se hicieron eco los medios.

Ante Aimar Bretos, el presidente del Gobierno dejó claro que su rey es Mohamed VI y trató al Jefe del Estado patrio con displicencia y chulería, como si fuera un burdo subalterno de Feijóo. “El Rey lleva reinando más de veinte años –mintió–. ¿Cuántas veces ha ido el Rey a Ceuta y Melilla?”. “Nunca habíamos tenido una crisis como esta en Ceuta…”, le replicaba el entrevistador. “Discúlpeme”, insistía el yerno de Sabiniano, el de las saunas, “no ha ido ninguna vez”.

El qué es tan asombroso como el cómo: Sánchez se pronuncia desafiante, osado, sabedor de que, cuando se ha jugado la vida a una carta, la historia le ha avalado. Un hombre enamorado que protagoniza un manual de supervivencia que firmó él y que escribió Irene Lozano y que, paradójicamente, ha hallado en la sombra alargada del temido Pegasus una penumbra utilísima, que difumina la legión de escándalos que sitia a su entorno familiar y político; un soma nuevo –y van…– con el que mantener al personal encabronado y entretenido mientras él continúa en el poder.

Sucede, sin embargo, que el precio de este soma se manifiesta harto prohibitivo: que nadie descarte el alquiler primero y la venta después de Ceuta a Marruecos –tiemblen cuando escuchen la palabra “cosoberanía” –, es decir, la traición y la mutilación no ya de una ciudad autónoma, sino de todo un país, amén de, visto lo visto, un cover de lo que sucedió el 15 de abril de 1931, cuando el bisabuelo de Felipe VI partió al exilio desde el Arsenal de Cartagena en el buque Príncipe Alfonso, después de apartarse de España, “reconociéndola así como única señora de sus destinos”. Lo veo poco probable, mas no imposible: es Sánchez el político más asombroso, y no lo digo como elogio, en medio siglo –año arriba, año abajo– de democracia. Yo, en el lugar del Rey, estaría acojonado perdido.

TAGS DE ESTA NOTICIA