Opinión

El populismo hace mucho daño a la salud

MADRID, 12/05/2026.- Los ministros de Sanidad, Mónica García e Interior, Fernando Grande Marlaska, durante la rueda de prensa que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom, han ofrecido tras la reunión mantenida este martes en el Palacio de la Moncloa para analizar la situación provocada por la crisis de hantavirus. EFE/ Chema Moya
Los ministros de Sanidad, Mónica García e Interior, Fernando Grande Marlaska. EFE/ Chema Moya
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En todas las crisis sanitarias que ha tenido España ha habido bronca política. Con el ébola, la Covid y ahora con el hantavirus. Ninguna ha sido fácil de gestionar y en ninguna de ellas nadie se ha puesto en el lugar del otro para ser menos combativo. De la Covid poco hay que decir porque sigue en la memoria de los españoles porque todos perdimos a algún familiar o vecino. Visto ahora creo que en las condiciones en las que se produjo, el Gobierno y las autoridades sanitarias hicieron lo que pudieron y es cierto también que las comunidades autónomas gobernadas por los populares no remaron a favor sobre todo al final. Las otras dos crisis, la del ébola y la actual, de mucha menor entidad y con gobiernos diferentes, tuvieron también una polémica política, incompresible para la mayoría de los ciudadanos. Son discrepancias políticas que tienen toda la pinta de querer buscar más hueco en los medios de comunicación que de intentar contribuir a la solución. Y esto provoca mucha desconfianza en la ciudadanía, que es lo que menos necesitamos en momentos de incertidumbre.

La gestión del desembarco del MV Hondius, el punto cero de la crisis global del hantavirus, ha constatado que España es capaz de articular un operativo sanitario y logístico para evacuar y repatriar con seguridad a casi un centenar de personas de múltiples nacionalidades. La evacuación escalonada, el traslado de los pasajeros españoles al Gómez Ulla para cumplir la cuarentena obligatoria y la coordinación de vuelos de repatriación han demostrado que tenemos capacidad de respuesta ante una crisis que ha sido inédita. En un contexto de alarma internacional, con organizaciones multilaterales como la OMS las autoridades españoles lo han sabido “torear” con nota. Es cierto que quedan cosas por hacer como poner en marcha la Agencia Estatal de Salud Pública. Ha tardado cinco años en aprobarse, lleva en funcionamiento seis meses después de su aprobación pero sigue sin actuar ni siquiera a medio gas. Sin embargo todo ha salido bien por la cooperación entre la OMS y las autoridades españolas.

El problema de fondo vuelve a ser político. De nuevo en situaciones adversas y excepcionales hemos vuelto a ver que hay mucha desconfianza entre el Gobierno de Sánchez y otras administraciones autonómicas. Discrepancias por ambas partes que alimentan choques innecesarios como la descoordinación que ha habido en este caso con el Gobierno de Canarias, que ante todo el mundo dejo claro que no autorizaba el desembarco. Esto ha proyectado una imagen preocupante, declaraciones cruzadas y mucha sensación de improvisación en un operativo que tenía que transmitir precisamente lo contrario. Sánchez arrastra desde hace años una relación áspera con las administraciones que no están gobernados por sus aliados y las comunidades del PP ven mal todo lo que hace Moncloa. Ambas partes harían bien en entender que las emergencias sanitarias modernas exigen medios técnicos y protocolos sanitarios e instituciones que sean capaces de cooperar sin convertir cada crisis en un campo de batalla político. En estas crisis se exige unidad y serenidad institucional y en este caso a escasas horas de que el barco fondease no la habido. A cuatro horas de que viesemos la imagen del barco el presidente canario rehusó autorizar que fondeara junto a un puerto tinerfeño con el argumento de que los ratones infectados podían saltar del barco y nadar hasta la costa, propagando el virus por todo Tenerife.

Hay otro asunto importante. Las políticas de salud pública se tienen que regir por criterios científicos y esto sigue sin estar garantizado. En este caso todo ha ido bien pero podía haber salido peor. Uno de los peores enemigos de estas crisis son los populismos y así lo demuestra el bajo nivel del debate político alrededor del hantavirus que ha habido estos días. La crispación política y los intereses partidistas han vuelto a estar presentes. A nivel técnico y una vez más, los profesionales de la salud pública de administraciones de diferente color político, debaten y llegan a acuerdos. A nivel político, en cambio, parecen resaltarse solo los problemas, reales o no reales, incrementando la crispación o la confusión. Los políticos tienen el aval de las urnas, pero sus actuaciones tienen que estar basadas en recomendaciones técnicas.

El brote de hantavirus no es irrelevante y por lo tanto hay que estar satisfechos de que la OMS ha actuado correctamente al reaccionar con rapidez para cortar las cadenas de contagio. Pero hay que tener muy presente que van a venir otros virus en el futuro. Unos tendrán más capacidad de contagio que otros y unos causarán enfermedades más graves que otros. Por eso es necesario mantener los pies en la tierra y guiarnos todavía más por la comunidad científica para proteger a la población y no crear una ansiedad innecesaria presentando como temible un virus incapaz de causar una pandemia. Habrá que comprender cómo actúa cada virus y calibrar bien el riesgo que tiene para saber reaccionar ante cada uno con la fuerza justa. Si todos y comienzo por los medios de comunicación tratamos cada nuevo virus como si fuera otro ébola u otra Covid, nos condenamos a vivir con un miedo permanente a los patógenos que inevitablemente van a venir. Y el miedo señores no es la mejor estrategia para enfrentarse a una amenaza. Queda dicha la autocrítica.

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