Opinión

Está presupuestado: Ceuta caerá (y Melilla y Canarias también)

CEUTA, 30/07/2026.- Vista de la entrada ilegal en Ceuta de inmigrantes marroquíes y argelinos este jueves. Los centros de acogida de adultos y menores de la ciudad autónoma de Ceuta siguen colapsados tras la llegada irregular de unos 1.500 migrantes en los últimos nueve días, lo que ha llevado a su presidente, Juan Jesús Vivas, a pedir una acción “contundente y sin dilación” al Estado ante la “dimensión de la crisis migratoria.EFE/ Reduan Dris
Vista de la entrada ilegal en Ceuta de inmigrantes marroquíes y argelinos.
EFE/ Reduan Dris
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Lo saben mis mejores amigos: cuando, en la barra del Ocean –o donde sea–, nos juntamos tres o cuatro compadres, jugamos a Al rojo vivo y sale el tema de Marruecos, doy por hecho que la monarquía alauita invadirá y se anexionará Ceuta, Melilla y las islas Canarias. A la manera del pasado jueves, sin pegar un solo tiro, con un ejército masivo e inerme de hombres jóvenes, con ganas de marcha o desesperados. Desde hace cosa de un lustro, tengo presupuestado que, triste e irremediablemente, las dos ciudades autónomas de España caerán antes de que alcance mi edad de jubilación, y que las Afortunadas tendrán un destino similar al poco. Ahí están los personajes, los movimientos, los acontecimientos presentes…

…y los pasados, por supuesto. Porque aquí irrumpe la Historia, la magistra vitae (Cicerón) que, durante décadas, legiones de pedagogos psicópatas han arrinconado y/o mancillado en pos del fomento de las diversas capacidades, de la inmersión en las nuevas tecnologías y de la puta madre del bilingüismo de hojalata. “No aprendemos las lecciones de la Historia –escribe el filósofo Rob Riemen en El arte de ser humanos (Taurus, 2023)–, sencillamente, porque no la conocemos. No tenemos memoria, y por eso la estupidez puede seguir triunfando”. La invasión de Ceuta nos recuerda que estamos a un tris de que, como hace dieciséis siglos, Alarico someta a Roma. Ante la indignidad, la desvergüenza y el ridículo de Honorio. Ante la rabia y la frustración de los romanos, quienes padecen el abandono y la humillación más salvaje. Unan los puntos de la línea y verán, verán.

Por muy asumida que esté, la invasión duele, claro. Sobre todo, por los compatriotas ceutíes, quienes han sido abandonados al enemigo en una guerra híbrida y metastásica; quienes han sido engullidos, durante días, por una horda de 50.000 maromos –en una ciudad de 84.000 habitantes– que, según varios vecinos, han protagonizado peleas, destrozos, robos y un sinfín de comportamientos machistas. En este sentido, si se quieren poner de mala hostia, échenle un vistazo a cómo estos monaguillos de Mohamed VI trataban este viernes a la reportera de En boca de todos y a las mujeres que esta colega entrevistaba. Más feministas que Errejón.

Por muy asumida que también esté la sumisión BDSM, pasada por Pegasus, del Ejecutivo que lidera Pedro Sánchez ante el vecino meridional, las tripas se revuelven, como a lomos de un toro de rodeo puesto de anfetas, cuando el emperadorcillo, incapaz de mantener la integridad y la seguridad de su territorio, pasea desnudo vendiendo un aquí no pasa nada, esto está solucionado; cuando, horas después de que el amo moro someta a España a un gang bang jaleado por EEUU e Israel, el presidente del Gobierno y el ministro del Interior, gastando un servilismo reptil, señalan al Supremo, culpan a las mafias e incluso agradecen al Sade magrebí su cooperación y resaltan su fiabilidad. Mientras una parte de la oposición está a por uvas, y la otra emula a Vito Quiles y a Rubén Gisbert. Mientras el rey Felipe VI expresa su “preocupación e indignación” –uh, ah, las chicas son guerreras–. Mientras en torno a un centenar de invasores se han dejado la vida en la incursión. Mientras los que regresan son recibidos por la policía marroquí a pedrá limpia. Y seis años después de que el primer ministro de Marruecos, Saadedine El Othmani, vaticinara: “Llegará el día en que vamos a reabrir el asunto de Ceuta y Melilla, territorios marroquíes como el Sáhara”. La Historia les avala. Tictac.

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