Ferran Torres fue este martes carne de titular. Y por partida doble: por un lado, los folletines deportivos divulgaban el rumor de que al Real Madrid le interesaba fichar al delantero del Barça que el pasado domingo marcó el gol que le dio a España su segunda Copa del Mundo; por otro, el portavoz de esa escombrera política que responde al nombre de Sumar, Alberto Ibáñez, cabo furriel de esa “izquierda caniche” (Juan Manuel de Prada) que camina irremediablemente y motu proprio hacia la extinción, le declaró enemigo público en el Congreso, pocas horas después de que –oh, casualidad– el futbolista festejara la victoria mundialista luciendo una gorra roja en la que se podía leer: “Make Spain great again”.
“Hacer España grande otra vez” fue el lema con el que Vox se presentó a las elecciones europeas de 2016. Según Jacobo López Felipe, investigador de la Universidad de Valencia, el lema, además de ser un claro guiño al MAGA de Trump, funciona como “una muestra del espíritu regeneracionista del partido: un ‘otra vez’ nostálgico del pasado imperial y muy lejano de España que se pretende proyectar al futuro”.
Ibáñez, diputado de Compromís que hace un año propuso un debate “sereno pero rápido sobre la ilegalización del fascismo de Vox”, no le ha perdonado la gorra MSGA –o como se diga– a un tipo que, cuando la dana asesina de Valencia, se sumó al ejército de voluntarios, se pringó limpiando el barro, aportó material, alimentos y ayuda económica para los afectados, y, en su cuenta de Instagram, exigió un “cambio en este país”, manifestó su “frustración e indignación con nuestros gobernantes, sean unos u otros”, y lanzó un visca a Valencia y un viva a España. Cosicas que a la marca valenciana del catalanismo, retal nacionalista del felpudo en el que Sánchez restriega sus zapatos, le provocan urticaria.
Según El Español, Ferran Torres fundó y gestiona con su hermana Arantxa la sociedad de inversión inmobiliaria Eleven Future Invest SL, “un imperio de veinte propiedades y más de seis millones de euros de patrimonio inmobiliario”. Aprovechando que el Turia no pasó por el New Jersey Stadium, pero sí, visto lo visto, por la Cibeles, Ibáñez entretuvo este martes de julio y de Julito a la prensa parlamentaria declarando que “fue un placer también porque durante unas pequeñas horas en Gaza había algo que celebrar y también, ¿por qué no?, por ver a Trump, a Milei y a Netanyahu rabiar”, y abordando la “situación insostenible de la vivienda” para cargar contra su paisano: “Es fundamental tomar medidas valientes. Como, por ejemplo, recuperar nuestra ley para impedir que empresas y fondos buitre, como Eleven Future Invest, empresa de Ferran Torres, que, según Forbes, acapara ya veinte viviendas en Valencia, puedan comprar casas para especular”.
Cuando le preguntaron por la confesión de Julito Martínez, el testaferro que puede mandar al Maharishi Zapatero al trullo y situar al yerno de Sabiniano ante los ropones, Ibáñez ladró sin morder. Como lleva haciendo su partido/movimiento/merienda de negros desde que Yolanda Díaz exigió un “reseteo de la legislatura y un nuevo marco de relaciones” entre el PSOE y Sumar cuando estalló el caso Cerdán. Como si los felpudos tuvieran autoridad sobre quienes los pisan. Make Sumar great again.
Posdata: Baena, calienta que sales.

