La visita del Papa León XIV a Madrid ha sido un éxito rotundo. Durante cuatro días nuestra ciudad ha servido de escaparate al mundo de un viaje histórico. Pero si hay algo que hemos demostrado estos días cargados de emoción es que Madrid es y será siempre una ciudad acogedora, respetuosa, volcada con los retos que se le plantean como ciudad y que sabe responder a los desafíos logísticos, organizativos y sociales.
Ya no me quedan palabras para expresar el orgullo que he sentido durante estas jornadas del viaje apostólico del Santo Padre. La respuesta de la ciudadanía ha sido ejemplar y, como alcalde, solo siento gratitud ante la generosidad que han mostrado los madrileños desde el primer momento.
Ver las calles de Madrid repletas de gente, el civismo, la alegría, a veces desbordada, de los fieles que han querido asistir a los eventos del Papa, el trabajo de los servicios públicos madrileños, que una vez más han puesto de manifiesto que son capaces de afrontar las más difíciles tareas de protección y seguridad, los miles de voluntarios que han echado una mano en todas las labores organizativas y la generosidad de cientos de miles de ciudadanos anónimos, de empresarios y trabajadores que han hecho caso a las recomendaciones del Ayuntamiento para que Madrid mostrara su mejor cara, ha sido una experiencia única y de las más emocionantes que he vivido como alcalde. Y, por supuesto, un agradecimiento sincero a la Conferencia Episcopal y al Arzobispado de Madrid por la extraordinaria labor desplegada antes y durante el viaje del Santo Padre.
Por todo ello, por la imagen que la ciudad ha transmitido a todo el mundo, solo me queda decir ¡Gracias, Madrid!

