Mientras miles de peregrinos se preparan para participar en la visita del Papa a Madrid, cientos de voluntarios trabajan para que todo esté listo. Entre ellos se encuentran Paloma, Elvira Santiago y Cris, tres mujeres de distintas edades y trayectorias que han decidido dedicar tiempo y esfuerzo a un acontecimiento que consideran especial tanto para la Iglesia como para la ciudad.

Paloma, profesora e investigadora en una universidad privada de Madrid y madre de dos hijos, explica que siempre ha vivido la fe “de manera muy cercana”. Durante su juventud participó en grupos parroquiales y actividades con jóvenes, aunque reconoce que la vida laboral y familiar redujo mucho su disponibilidad. Ahora, con sus hijos algo mayores, decidió apuntarse como voluntaria en cuanto recibió la propuesta a través de su universidad. “Siempre me ha encantado ayudar”, afirma.
Su labor durante la visita estará centrada en los alrededores del estadio Santiago Bernabéu, donde ayudará a orientar a los asistentes. Según cuenta, los voluntarios estarán “atendiendo a los peregrinos, indicándoles por dónde tienen que ir para entrar al acto” y permaneciendo “pendiente de la gente”.
La preparación, explica, ha sido principalmente organizativa. Todos los voluntarios han recibido un manual con orientaciones generales y ahora trabajan coordinados a través de grupos de WhatsApp. Aun así, admite que todavía reciben información “un poco por cuentagotas”.
Su motivación tiene mucho que ver con experiencias previas de voluntariado. Recuerda haber organizado campamentos infantiles y haber participado en actividades deportivas de manera altruista. Por eso, cuando surgió la oportunidad de colaborar en la visita papal, asegura que le “motivó muchísimo”. “Que venga el Papa a España y poder ayudar, poder colaborar, pues me apetecía un montón”, señala.

Aunque afronta el reto con ilusión, también reconoce cierta inquietud por la logística y las largas jornadas. “Ahora estoy un poco asustada porque son muchas horas”, comenta. Los voluntarios han sido convocados desde primera hora de la tarde y prevén terminar alrededor de las nueve de la noche.
Para ella, la visita supone una ocasión especialmente emocionante. “En las anteriores visitas no he podido estar, por un motivo o por otro”, explica, por lo que esta vez tiene “muchísimas ganas”. Su hijo también participará en algunos de los actos juveniles programados.
Paloma cree además que este tipo de experiencias pueden servir de ejemplo para los más jóvenes. Aunque asegura que no se apuntó para acompañar a su hijo, sí reconoce que lo hace “un poco por dar ejemplo”. Considera que participar desde el servicio permite vivir el acontecimiento “desde otro prisma” y está convencida de que habrá “mucho joven, más de lo que la gente se piensa”.
“Una forma de mostrar quiénes somos y en qué creemos”
A sus 23 años, Elvira representa a una generación más joven de voluntarios. Natural de Majadahonda, cuenta que creció en una familia cristiana y que la fe ha estado presente durante toda su vida. Tras atravesar distintas etapas personales, relata que hace dos veranos se reencontró con Dios “de una forma inesperada” y que desde entonces vive su fe “con mucha más seriedad y amor”.
Su función será controlar los accesos en uno de los sectores del evento. Sin embargo, insiste en que el papel del voluntario va mucho más allá de una cuestión logística. A su juicio, ser voluntario significa “convertirte en instrumento de acogida, de ayuda y de cariño”. Subraya además que “tú no eres el protagonista” y que el objetivo es facilitar que otros puedan vivir el encuentro con el Papa.
Para Elvira, de lo más importante de esta labor es la representación que realizan de la comunidad católica madrileña. “Cada gesto de servicio, cada sonrisa, cada indicación que demos es una forma de mostrar quiénes somos y en qué creemos“, explica. En su opinión, el reto consiste en que cualquier persona que se acerque, sea creyente o no, pueda encontrar “un reflejo de Cristo”.

Su preparación ha tenido una dimensión espiritual y otra práctica. Por un lado, habla de “un camino personal a través de la oración” para preparar el corazón. Por otro, ha realizado un curso de primeros auxilios para estar preparada ante cualquier eventualidad. Además, ha aprovechado las semanas previas para explicar a amigos no creyentes la importancia de la visita papal y despertar su curiosidad.
Sobre la organización, destaca que detrás del evento hay “meses de un trabajo inmenso” y una coordinación compleja que abarca comunicación, seguridad, servicios de emergencia y numerosos aspectos técnicos. “Requiere un cuidado técnico enorme y muchísimo cariño para que cada detalle salga bien”, afirma.
Un hito para los católicos y los madrileños
Su principal motivación es la ilusión de ver a Madrid convertirse en “el epicentro de algo tan grande”. Como joven católica, considera que existe una responsabilidad especial de apoyar al Papa y mostrar que el servicio forma parte del compromiso cristiano.
Para ella, además, la visita trasciende el ámbito religioso. La define como “un hito no solo para los católicos, sino para todos los ciudadanos de Madrid”. Cree que lo que permanecerá en la memoria colectiva será “esa profunda sensación de unión” que fortalece la fe y conecta a personas procedentes de distintos lugares.

Más de un mes y medio trabajando intensamente
La tercera protagonista es Cris, integrante de una parroquia madrileña especialmente activa en la preparación del encuentro. Su trabajo se ha repartido entre tareas de coordinación de peregrinos y labores de acogida.
Explica que una parte del equipo se encarga de organizar a los grupos parroquiales, coordinar la entrada conjunta a los actos y preparar elementos visibles como banderas, camisetas o pancartas. Otra parte trabaja en la recepción de peregrinos procedentes de otras zonas. En ese ámbito, han tenido que preparar espacios de alojamiento, gestionar baños, proporcionar productos básicos de higiene y organizar incluso las pernoctaciones.
“Lo más fuerte ha sido el tema de inscripciones”, asegura. Durante semanas han ayudado especialmente a personas mayores o con menos familiaridad tecnológica a completar los trámites necesarios para participar.

La preparación, según relata, se apoya tanto en la experiencia acumulada como en la vida comunitaria de la parroquia. “Nos guiamos muchísimo del Espíritu Santo y confiando mucho”, explica. Destaca también que muchos de los voluntarios ya han participado en jubileos, jornadas mundiales y otros encuentros eclesiales.
Cuando se le pregunta por las horas invertidas, no duda en responder que han sido “muchísimas”. Desde la promoción de inscripciones hasta las reuniones con la vicaría, el diseño de materiales, la gestión de redes sociales o la coordinación de alojamientos, asegura que llevan “más de un mes y medio” trabajando intensamente.

La razón que la impulsa a colaborar tiene mucho que ver con experiencias vividas en otros encuentros internacionales. Recuerda a los voluntarios que les ofrecían agua, comida o simplemente una sonrisa durante peregrinaciones anteriores y considera que ahora les corresponde devolver ese servicio. “Creo que es muy bonito recibir, pero también es muy bonito dar y estar sirviendo”, afirma.
Para Cris, además, existe una motivación especial: la visita se celebra en Madrid. “Creo que era un muy buen momento de aportar este granito de arena”, explica. Y resume el sentimiento compartido por muchos voluntarios con una imagen sencilla: “Teníamos la oportunidad de que venían a casa, de que el Papa viene a casa y el encuentro es en casa”.

