El Papa Francisco falleció el año pasado dejando algunas grandes incógnitas sobre si los cambios que introdujo durante su pontificado acabarían por establecerse en el funcionamiento de la Iglesia. Sobre todo, en lo que tenía que ver con el papel de la mujer. León XIV cogía el testigo el 8 de mayo de 2025 y, si bien lo que ha hecho el nuevo Papa no pasa por una gran revolución doctrinal, sí que con sus decisiones ha acabado por consolidar el camino abierto por Francisco.
Y es que el Papa ha reforzado la presencia femenina en puestos de responsabilidad, ha blindado jurídicamente el papel de mujeres ya situadas en la cúpula vaticana y ha impulsado nuevos nombramientos relevantes. Sin embargo, León XIV sí que marcado, al mismo tiempo, las distancias con algunas de las demandas más reclamadas por los sectores reformistas, especialmente en lo relativo al diaconado femenino.

Mantener a la alcaldesa del Vaticano
Una de sus primeras decisiones del pontífice ha sido mantener –aunque de forma provisional– a los responsables de la Curia, incluidas dos de las mujeres más influyentes del Vaticano: sor Simona Brambilla, prefecta del Dicasterio para la Vida Consagrada, y sor Raffaella Petrini, al frente del Gobierno del Estado de la Ciudad del Vaticano.
Precisamente Petrini –quien lleva a cabo las labores de “alcaldesa” del Vaticano– se ha convertido en el símbolo más visible de esta continuidad, ya que la decisión más importante (hasta ahora) de León XIV en relación a las mujeres no ha sido un nuevo nombramiento, sino una reforma jurídica. Y es que, en noviembre de 2025, el Papa modificaba la normativa vaticana para permitir que la presidencia de la Comisión Pontificia para el Estado de la Ciudad del Vaticano pueda recaer en personas que no sean cardenales. Dicho de otro modo: el Papa ha consolidado legalmente la posibilidad de que una mujer gobierne una de las estructuras más importantes del Vaticano.

Se trata de una medida menos llamativa que otras reivindicaciones eclesiales, pero probablemente más relevante desde el punto de vista institucional, ya que, por primera vez, el liderazgo femenino no depende de una excepción o de una interpretación flexible de las normas, sino que queda respaldado por el propio ordenamiento jurídico vaticano.
En paralelo, León XIV ha mantenido a Simona Brambilla como prefecta del Dicasterio para la Vida Consagrada. La religiosa italiana ya había hecho historia bajo el pontificado de Francisco al convertirse en la primera mujer al frente de un gran dicasterio de la Curia –lo que equivaldría a un ministerio en el funcionamiento de un Estado–. Además, ha reforzado esa presencia femenina con el nombramiento de sor Tiziana Merletti como secretaria del mismo dicasterio.
Otro ejemplo de esta convicción del Papa por continuar nombrando a mujeres para cargos importantes dentro de la Santa Sede –y no solo ratificando las decisiones de su predecesor– llegaba ayer, 2 de junio, cuando el Vaticano anunciaba que León XIV ha puesto su comunicación en manos de la periodista mexicana Montse Alvarado. Así, quien hasta el momento ha sido presidenta y directora de Operaciones de EWTN News, asume el cargo de prefecta de Comunicación del Vaticano, siendo la segunda mujer en la historia en coordinar un ‘ministerio’ vaticano tras la religiosa Simona Brambrilla, y la primera laica en hacerlo.
La mujer, siempre presente
Sin embargo, el balance del primer año de León XIV no puede medirse únicamente por los nombramientos femeninos que ha hecho, ya que también sus discursos y documentos han mostrado algunas claves de su visión sobre el papel de la mujer.
Por ejemplo, su principal texto magisterial, Dilexi te –empezado por Francisco y apuntalado por León XIV–, no se centra específicamente en las mujeres, pero sí ha aborda cuestiones que afectan de manera directa a las mujeres de la Iglesia. De hecho, la exhortación denuncia la desigualdad estructural, la trata de personas, la exclusión social y diversas formas de vulnerabilidad que afectan especialmente a mujeres y niñas en muchos lugares del mundo. Algo, además, con lo que León XIV, que trabajó de forma directa con víctimas de trata en cuando era obispo de Chiclayo, está especialmente concienciado.

Además, las mujeres han tenido una posición especial en la primera encíclica del Papa, ‘Magnifica humanitas’, publicada el pasado 25 de mayo y en la que subraya cómo la historia puede cambiar profundamente cuando las personas se toman en serio la dignidad humana. En este sentido, León XIV destaca, con nombre y apellidos, a una serie de “mujeres valientes y generosas” que “con su esfuerzo han contribuido a hacer más humana la historia”. Entre ellas, el Papa menciona a Teresa de Calcuta, Dorothy Day o Maria Montessori.
No a mujeres ordenadas “por el momento”
Pero si hay un ámbito en el que León XIV ha mostrado claramente sus límites es el de los ministerios ordenados. Precisamente la cuestión del diaconado femenino –o la ordenación en cualquier caso– es uno de los principales puntos de fricción. Y es que no son pocas las voces en la Iglesia que reclaman que las mujeres puedan acceder a ministerios ordenados, como el diaconado o el sacerdocio. Ejemplo de ello es el colectivo ‘La Revuelta de las mujeres en la Iglesia’, el cual ha enviado una carta abierta a León XIV ante su próxima visita a España.

En ellas, las firmantes señalan que no se sienten unidas a sus hermanos varones, sino “separadas por el simple hecho de ser mujeres”, y aseguran que se sienten “invisibles, ninguneadas, separadas, discriminadas”. Por ello, la Revuelta apela al Papa para que se “implique” en la “restitución” del papel que les corresponde a las mujeres dentro de la Iglesia.
Esta reclamación llega tras la publicación, en diciembre de 2025, del informe contrario al diaconado femenino ha supuesto una decepción para muchos grupos que esperaban avances en este terreno. Sin embargo, el documento ha reafirmado la posición tradicional de la Iglesia y el propio León XIV señalaba que no habría cambios en este sentido “por el momento”, aunque el debate –tal como señalaba el propio informe– sigue abierto.
Es aquí donde aparece con claridad el perfil de León XIV, ya que, en este primer año, ha demostrado estar dispuesto a ampliar los espacios de responsabilidad, gobierno e influencia de las mujeres, pero no a modificar la doctrina sobre el acceso al orden sagrado, aunque lo cierto es que habría sido realmente extraño que esto ocurriera dentro del primer año de su pontificado.
En definitiva, el primer año de León XIV ha dejado una paradoja: nunca tantas mujeres habían tenido tanto peso en las estructuras de gobierno de la Iglesia. Pero, al mismo tiempo, los límites doctrinales que impiden acceder a determinados ministerios permanecen intactos. Entre ambos polos se mueve, por ahora, la relación del nuevo Papa con las mujeres: continuidad reformista en el ámbito del gobierno y prudencia absoluta en el terreno de que accedan a lo sacramental.

