Opinión

Isabel Azkarate o la mirada que supo adelantarse al tiempo

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Hay artistas que documentan una época y otros que consiguen algo mucho más difícil: enseñarnos a mirarla. Isabel Azkarate pertenece a esa segunda categoría. Y eso, en un momento donde la imagen vive sometida a la velocidad, el algoritmo y el exceso, resulta o es casi revolucionario.

La muestra que se presenta estos días en el marco de PHotoESPAÑA no es únicamente una muestra emocional de una carrera extraordinaria. Es también un ejercicio de coherencia estética y humana. Una celebración de la fotografía como lenguaje libre y como herramienta para comprender la realidad.

Azkarate, primera fotoperiodista de Euskadi, lleva más de cincuenta años observando aquello que muchos otros no supieron ver. Su archivo es historia viva: el San Sebastián de la transición, el Nueva York eléctrico y nocturno de los años ochenta y noventa, los márgenes culturales, el universo queer antes de convertirse en tendencia estética, los años oscuros de ETA, los rostros anónimos y también las grandes figuras convertidas en memoria visual.

Ahí están Bette Davis, John Travolta y tantos otros personajes atravesando su objetivo con una naturalidad que solo consiguen los fotógrafos que nunca fuerzan la escena.

Pero lo verdaderamente importante de Isabel Azkarate no es únicamente o que fotografió, sino desde dónde lo hizo.

Siempre hubo en su mirada una mezcla muy poco frecuente de valentía, sensibilidad y distancia crítica. Una manera de acercarse al ser humano sin paternalismo. Sin artificio. Sus imágenes tienen algo profundamente contemporáneo porque jamás intentaron ser modernas. Y quizá por eso siguen respirando verdad.

PHotoESPAÑA y la conversación cultural del presente

Esta edición de PHotoESPAÑA —que se celebra entre mayo y septiembre en distintas sedes de Madrid y otras ciudades españolas— vuelve a demostrar por qué continúa siendo uno de los grandes encuentros culturales europeos alrededor de la imagen contemporánea.

El festival no solo exhibe fotografía; también plantea conversaciones necesarias sobre tecnología, identidad, memoria y nuevos lenguajes visuales. Y es precisamente ahí donde la propuesta de Azkarate adquiere una dimensión especialmente relevante.

Porque esta exposición incorpora una novedad histórica dentro del festival: por primera vez, una muestra reúne fotografías de nueva creación realizadas con un teléfono móvil.

Y no con cualquier dispositivo. Las imágenes han sido tomadas con el nuevo Xiaomi 17 Ultra, desarrollado junto a Leica Camera.

Cuando la tecnología deja de ser herramienta para convertirse en cultura

La cuestión tecnológica aquí no es anecdótica. Es cultural.

Durante décadas, la fotografía vivió encerrada en un debate casi elitista sobre el dispositivo, la técnica o la legitimidad de las herramientas. Esta exposición dinamita esa conversación de la forma más inteligente posible: mostrando imágenes cuya calidad hace prácticamente imposible diferenciar si fueron tomadas con una cámara Leica clásica o con un terminal móvil.

Y ahí aparece uno de los movimientos más interesantes de los últimos años dentro del universo tecnológico y creativo. Xiaomi no está intentando únicamente vender teléfonos. Está construyendo relato, identidad y comunidad.

Las marcas verdaderamente relevantes ya no compiten solo desde el producto, sino desde su capacidad para generar cultura y pertenencia. Y eso es exactamente lo que logra una acción como esta: desplazar la conversación desde la especificación técnica hacia la experiencia creativa.

Lo inteligente de esta colaboración es que no intenta reemplazar la fotografía clásica. La democratiza sin banalizarla. Acerca herramientas históricamente inaccesibles a nuevos creadores sin perder exigencia estética.

Y hacerlo de la mano de una figura como Isabel Azkarate resulta todavía más significativo. Porque ella representa exactamente lo contrario a la superficialidad visual contemporánea: profundidad, tiempo, verdad y criterio.

La mirada sigue siendo lo único irreemplazable

Quizá esa sea la gran lección de esta exposición.

La tecnología cambia. Los soportes evolucionan. Las cámaras desaparecen dentro de los teléfonos. Pero la mirada sigue siendo irreemplazable. Y hay miradas —como la de Isabel Azkarate— capaces de sobrevivir a cualquier dispositivo, si bien sí pueden complementarse.

No se la pierdan, disponible en Serrería Belga hasta el 28 de Junio en lo que, además, será la última exposición que recogerá Serrería Belga hasta el comienzo de sus obras.

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