Opinión

León XIV, el otro Castelar

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A Manuel Delgado-Iribarren, admirable Letrado de las Cortes Generales y Magistrado de la Sala III del Tribunal Supremo; castelarista de pro.

Este miércoles la sesión de control al Gobierno no era como la de otras semanas. En el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo resonaban los ecos del inmenso discurso que el papa León XIV había pronunciado dos días antes: el lunes 8 de junio de 2026, una fecha para la historia. Esa mañana el papa estadounidense ingresó por derecho propio en los altares del parlamentarismo español, situándose a la altura de Emilio Castelar y de su memorable discurso en defensa de la libertad religiosa. Everest nunca más hollado de la oratoria patria.

El 12 de abril de 1869, Castelar concluyo su réplica parlamentaria al canónigo Manterola con un cierre antológico: “Grande es Dios en el Sinaí; el trueno le precede, el rayo le acompaña, la luz le envuelve, la tierra tiembla, los montes se desgajan; pero hay un Dios más grande, más grande todavía, que no es el majestuoso Dios del Sinaí, sino el humilde Dios del Calvario, clavado en una cruz, herido, yerto, coronado de espinas, con la hiel en los labios, y sin embargo, diciendo: ¡Padre mío, perdónalos, perdona a mis verdugos, perdona a mis perseguidores, porque no saben lo que se hacen!”

Y continuaba el genio de la oratoria romántica: “Grande es la religión del poder, pero es más grande la religión del amor; grande es la religión de la justicia implacable, pero es más grande la religión del perdón misericordioso; y yo, en nombre del Evangelio, vengo aquí, a pediros que escribáis en vuestro Código fundamental la libertad religiosa, es decir, libertad, fraternidad, igualdad entre todos los hombres”.

Palabras certeras y hermosas

Emilio Castelar, hablando como un Papa, se adelantó, proféticamente, siglo y medio a la Iglesia del papa Francisco y del papa León. La religión del amor, la religión del perdón misericordioso es imposible encontrar palabras más certeras y hermosas para retratar el pontificado del padre Jorge Mario Bergoglio, el inolvidable papa de los excluidos, de los marginados, de los olvidados; el imborrable papa de la humanidad que sufre.

Este lunes León XIV habló en el Congreso como un papa, pero, también, como un catedrático de Historia -curiosamente, esa era la profesión de Emilio Castelar- y sus palabras a mí me produjeron una honda impresión y emoción. El agustino de Illinois dijo: “La presencia simbólica en esta sala de los Reyes Isabel y Fernando, remite a aquel momento en que España quedó situada ante responsabilidades históricas de alcance universal; pocos años después, Salamanca habría de asumir, con singular lucidez, la reflexión moral y jurídica que ese escenario reclamaba.

En aquella sede universitaria, hace quinientos años, cuando se abrían mundos nuevos y posibilidades inmensas en las relaciones entre los pueblos, algunos maestros comprendieron que la razón no podía ser invocada para revestir de legitimidad cuanto la fuerza o el interés presentaban como conveniente. Introdujeron así en el discernimiento histórico la pregunta por el valor irreductible de todo ser humano y los límites morales del poder (…) Esta es una de las grandes herencias de España: haber unido la acción histórica con la lucidez de la razón moral.”

Una osadía imperdonable

En este impresionante discurso castelariano el antiguo obispo de Chiclayo “alumbrando el futuro de España” llenó de luz el inquietante presente del mundo. Sí, en estos tiempos difíciles en que muchos quieren devolver las relaciones entre las naciones al Far West, a la ley del más fuerte, el Papa defendió el Derecho Internacional y los límites morales del poder, de todos los poderes. El obispo de Roma, además, cometió una osadía imperdonable, una osadía a la que los españolitos de a pie no estamos ya acostumbrados: hablar bien, hablar muy bien de España.

Sí, frente a la superada leyenda negra anglosajona y a los delirios populistas del indigenismo antropófago criollo, el Faro moral del mundo ensalzó nuestra historia y honró a nuestro país haciendo feliz al presidente Rajoy que en la tribuna de invitados no cesaba de repetir para sus adentros: “Somos una gran nación”. Tengo que reconocer que en esos momentos de éxtasis patriótico colectivo yo no pensaba en don Mariano, pensaba en la pobre Míriam Nogueras y en lo que estaría sufriendo tras el subidón del besamanos. Doña Miriam, la Ferrusola del Maresme, la representante de la catolicísima burguesía catalana, no se merece esos sofocos papales.

El examen impertérrito

La mañana empezó con la pregunta de Feijóo a Sánchez. El líder de la oposición, el Kennedy de Os Peares, se dejó llevar por las resonancias vaticanas de la sala y más que un inventario de los casos que afectan al Gobierno prefirió entonar la letanía de las causas judiciales del sanchismo en una única intervención. La ovación de la bancada popular a su líder se inspiró en la que recibió el Santo Padre el lunes. El presidente, el Ulises de La Mareta, pasó el examen impertérrito y volvió a anunciar elecciones en 2027. Sorprende la capacidad de aguante de este hombre que a un desgate político enorme suma un desgaste personal aun mayor. Sánchez se anima pensando que Moncloa es una trituradora de presidentes y que todos, salvo Leopoldo Calvo-Sotelo, el Gladstone de Ribadeo (un hombre al que la Historia no para de reivindicar) sufrieron antes, con igual saña, lo que él está sufriendo ahora.

Después llego el turno del vicepresidente Carlos Cuerpo, al que tras meses sin preguntarle ahora no cesan de hacer preguntas. La mejor volvió a ser Ester Muñoz, la Electra del PP, que fue la única que consiguió sacar al López Rodó de Sánchez de las tablas de la economía y llevarlo a los medios de la política. A los demás el extremeño tranquilo los despachó como si fuesen alumnos de una facultad de Económicas, sin despeinarse.

Pero esto no le funcionó con la aguerrida portavoz popular que cerró su intervención con un latiguillo feliz y feroz: “Elecciones y decencia”, que tal vez se convierta en la respuesta del PP al celebérrimo y felicísimo cierre del ministro Bolaños a cada pregunta de Vox: “Socialdemocracia o barbarie”. Lo más productivo del debate económico fue que Carlos Cuerpo anunció el cuadro macro de Presupuestos para el 23 de junio. Veremos.

Una tremenda incomodidad

Uno de los que recibió clases particulares de Economía esta mañana de junio fue Figaredo Furioso, el ruiseñor de las Cortes. El diputado de Vox defendió a los currantes frente a las élites (uno en su inocencia pensaba que era al revés) y los beneficios de la dieta mediterránea. Su jefe de filas, mientras tanto, se ausentó una vez más del Congreso, pero en esta ocasión comprendo perfectamente la razón de la incomparecencia del Cowboy de Amurrio: mucho mejor estar en la biblioteca de Bambú estudiando, antes de que todos vean en tu rostro la tremenda incomodidad que te produce la visita del Papa. Le bastó con lo del lunes antes de lo que le espera en Canarias.

La paradinha de Tellado

Y así llegamos al final de esta crónica y al momento más divertido de la jornada. El cuerpo a cuerpo entre Tellado el Travieso y el ministro Heracles Bolaños. Los doce trabajos de Hércules son una broma comparados con las múltiples tareas de que se encarga el ministro hincha del Rayo Vallecano y la mayoría de las veces con gran aprovechamiento. Durante estos años de gobierno Heracles Bolaños se ha consolidado con mucho como el mejor orador del banco azul. Responde siempre a varias preguntas sin consultar un papel y encima concluye siempre dando las gracias.

Pero este miércoles tuvo enfrente a un Tellado que sigue en estado de gracia. Su paradinha retórica a lo Panenka fue sencillamente apoteósica. Le dijo Tellado el Travieso al ministro que ya que estaban volcados con la visita del Papa hablemos de santos… de Santos Cerdán. Wenceslao Fernández Flórez y Julio Camba, dioses supremos de la crónica parlamentaria y de la retranca y gallegos los dos, se retorcían en su olimpo ante esta demostración sublime de sorna e ironía gallega de nuestro paisano. Definitivamente los duelos Tellado- Bolaños prometen emociones retóricas fuertes y también sonrisas y carcajadas- ¡que ojalá sirvan para rebajar la crispación! – en los meses que quedan hasta las elecciones.