Opinión

Meloni, Abascal y los favoritos del emperador

Santiago Abascal, Donald Trump y Giorgia Meloni.
Santiago Abascal, Donald Trump y Giorgia Meloni.
Kiloycuarto
Actualizado: h

Hay veces en las que Donald Trump me recuerda a Honorio, emperador de una Roma crepuscular y reptil que esputaba sangre. Este lunes, por ejemplo, escuchaba al senador Ted Cruz agradecerle, “en nombre de todos los estadounidenses”, que telefoneara al presidente de la FIFA, Gianni Infantino –“un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo” –, para que le retiraran la roja al delantero Balogun. La escena me trasladó al cuadro Los favoritos del emperador Honorio, del pintor inglés John William Waterhouse: a la izquierda del lienzo, vemos al hijo de Teodosio dando de comer a unas cuantas palomas y gallinas de Guinea –o eso parecen–; a la derecha, a un grupo de pelotas inclinados ante el césar.

No es difícil imaginar, en el citado cuadro, a Trump en el papel del hijo menor de Teodosio I y a Cruz y a Infantino en el de los tiralevitas. Como tampoco lo era, hasta hace unos meses, imaginar a buena parte de los aliados europeos del presidente estadounidense acompañando al senador por Texas y al macho alfa de las federaciones de fútbol. Hasta que la presidenta del Consejo de Ministros de Italia, Giorgia Meloni, una de las pocas líderes gubernamentales que sabe qué es o qué debería ser Occidente –“Una civilización construida y defendida a lo largo de siglos a través del genio, la energía y el sacrificio de muchos”, donde “el individuo ocupa un lugar central, la vida es sagrada, todos los hombres nacen iguales y libres” y “la ley se aplica a todos por igual”–, apostó por la herejía –término que procede del verbo griego hairéo, que significa “escoger”– y escogió decirle no a un ricacho acostumbrado al sí, bwana permanente.

‘Los favoritos del emperador Honorio’, de John William Waterhouse (1883).

Meloni cuestionó el pifostio bélico iraní y rechazó las críticas de Trump al papa León XIV, y el Honorito neoyorquino, ante la desobediencia de su otrora aliada, se aficionó a intentar humillarla. Este domingo, por ejemplo, a dos días de la cumbre de la OTAN en Ankara, colgó una imagen en Truth, su red social, en la que la primera ministra italiana, presuntamente –quién sabe si no es, en realidad, un efecto de la perspectiva–, le sonreía y le miraba embelesada, con el siguiente pie de foto: “Hace falta una orden de alejamiento”. El chiste se lo han reído cuatro gasterópodos en X y derivados, y paren de contar.

En terreno patrio, Vox, aliado de ambos, decidió apoyar a la agraviada y no al matón: ya en abril, la portavoz Pepa Millán defendió a “una de las políticas más valientes que hay (…) en todo el mundo”, y este martes, Santiago Abascal censuró en Telecinco que Trump “no puede tratar a sus aliados como vasallos”. Aciertan los mandamases del partido en respaldar a una mujer orgullosa –“Yo no suplico, ni tampoco Italia”– que no tolera las fanfarronadas de un tipo que oposita a pintura negra y que, a este ritmo, convierte al águila calva en la gallinita Roma del decadente Honorio. Su último hit, quitarle la roja a Balogun, lo reventó gozosamente la selección belga con cuatro goles como cuatro soles de Flandes. Qué bien lo dejó escrito el maestro Pérez-Reverte en una de sus novelas: “La tragedia de quienes triunfan es que consiguen lo que desean, pero no por mucho tiempo”.