Supongo –y digo supongo, no sé– que el PP hace lo que debe dando la turra con la moción de censura. Una moción que, mientras escribo, no pasa de mera ilusión onanista. Su banda sonora no es la “Cabalgata de las valquirias” de Wagner, sino “Dentro”, de Luis Eduardo Aute: “Me quemo por ti, / me vierto sin ti / y nace un muerto”. Iván Redondo nos lo explicó muy bien este lunes: “Este Congreso no hará a Feijóo presidente. (…) No pasará con ningún socio. Antes gana Enrique Riquelme a Florentino en las elecciones del Madrid y no va a suceder. Tampoco con Aitor Esteban ni con Junts”. Sin embargo, en esta España neurótica e imprevisible, en esta caricatura de Macondo pasada por Berlanga y Los Javis, a veces toca hablar de unicornios. Con seso y sin desbarres. Por si suena la flauta. Para no perder el paso.
Feijóo vendió unicornios este lunes en El programa de Ana Rosa, donde declaró que “desde Vox al PNV, pasando por UPN, Coalición Canaria y Junts, somos 184 diputados los que estamos pidiendo elecciones anticipadas”. “Si los que lo dicen son coherentes”, añadió el líder de la oposición, “podemos buscar una solución”. Como el que fuera director del Gabinete de la Presidencia del Gobierno, el genovés alfa sabe que invoca a unos caniches que ladran y que no muerden; a unos reyezuelos a los que se las trae al pairo desfilar en pelotas por una ciénaga, porque les va la vida en ello.

Una vida precaria y reptil que sólo les garantiza Sánchez, quien colea mal que bien en una España hastiada y boqueante, cuya ciudadanía digiere con amnesia desesperada la avalancha de escándalos. Sólo los muy cafeteros son capaces de lidiar con semejante temporal: hace dos semanas, el monográfico fue sobre Zapatero y su imputación; la pasada, sobre las cloacas del PSOE y la acampada de la UCO en Ferraz, 70; hace tres…, no lo recuerdo. ¿Alguien sabría decirme qué sucedió hace tres semanas sin recurrir a Google? La saturación y el calendario juegan a favor del presidente del Gobierno: este sábado viene el Papa; el jueves de la semana que viene, arranca el Mundial de Fútbol; en unas semanas, miles de paisanos se piran de vacaciones…, etcétera. Y ahí sigue el tío.
En fin, como no sólo de moción de censura vive el hombre, a modo de antiácido mental, vengo a recomendar Viaje submarino, el primer EP de José Antonio Soto Cruz. Decía Sabina de Krahe que “era un lujo que este país no se merece”: “Si este país fuera como a mí me gustaría que fuese, Krahe vendería millones de discos”. Lo mismo sostengo yo sobre este algecireño del Foro, discípulo de Jim Morrison y de Francisco Umbral –y de William Blake, y de Baudelaire, y de David Bowie, y de Sánchez Dragó…–, una bomba H de talento, un huracán de buen gusto que, hace ocho años, publicó una novela extraordinaria, Como un rolling stone (Seurat Ediciones, 2018), y que ahora ofrece un póker de canciones hermosísimas, rebosantes de lirismo y de elegancia, que nos recuerdan que todavía es posible “embellecer el sol, / asombrar el día con una ilusión”. Zambúllanse en esta poza de arte sin dudarlo.
Feijóo fantasea con que el PNV y Junts se sumen a su moción de censura y yo con que el presidente Sánchez recomiende Viaje submarino en un vídeo de TikTok. Si lo hace, igual le voto. En 2027 o cuando leches sean las próximas generales.

