Iván Redondo (San Sebastián, 1981) se inventó una moción de censura que tumbó un Gobierno regido por un “samurái de Sanxenxo”. El 14 de abril de 2018, celebró su trigésimo séptimo cumpleaños –comparte fecha de nacimiento con Santiago Abascal–; cuarenta y ocho días después, el ascenso al liderazgo del Ejecutivo de Pedro Sánchez, quien, entonces, lideraba un PSOE raquítico que contaba 84 diputados en la Cámara Baja. En el octavo aniversario de la decapitación presidencial de Mariano Rajoy, el otrora director del Gabinete de la Presidencia del Gobierno –desde entonces hasta 2021–, que acaba de publicar El manual (Contraluz, 2025), atiende en exclusiva a Artículo 14 para recordar, comentar y redescubrir aquella aventura política que arrancó en el Palacio de las Cortes y desembocó en el de la Moncloa.

Lo describió como nadie nuestro querido Raúl: “Felipe voló la UCD con más de 200 diputados, Pedro Sánchez ha logrado el más difícil todavía: volar al PP con 84”. Y aquella operación la dirigió usted.
Fue un equipo imbatible que cada semana ganaba probabilidades para la remontada, como cuento en el libro El manual. Éramos en la matemática política de entonces cuarta fuerza y logramos ser primeros. El equipo de la moción estaba compuesto por personal de Ferraz, sin complejos, con la unión de históricos, senior y juniors y con el apoyo de dos grupos de trabajo que constituimos tras vencer en las primarias: el grupo de análisis y de datos. Sabíamos que uno no sabe de los que es capaz hasta que lo intenta. Teníamos al mejor piloto, Pedro Sánchez, y había que construir con humildad un nuevo Ferrari patrio, que es el PSOE, así como existe también el Mercedes-PP, para situarnos en la primera posición y la carrera nos eligiera. Conseguimos la remontada en nueve meses. Un coche ganador con el que supimos leer dónde estaba el país cuando llegó el momento.
¿Alguna vez en su vida se imaginó algo parecido?
La vida es 50% trabajo y 50% suerte que te tiene que encontrar trabajando. En Estrategia política, escribir escenarios, como metodología, contribuye a proyectarse uno mismo en ellos, nos ayuda a estar preparados por si suceden. Y lo estábamos. Escribí la moción de censura que ganamos un año antes en el diario Expansión, el 22 de mayo de 2017. Y, en un ejercicio de sinceridad absoluta, te diré que mientras jugaba el partido no me acordaba del artículo. Me lo recordó una periodista tras ganar la moción.
¿Cuán difícil fue la operación?
La política es como el judo. Hay que utilizar la fuerza del rival para vencerle. La moción de censura, en cuanto se presentó ya se había ganado en la calle, como la de Felipe González en 1980. Pero siempre estuvo en el tejado de Rajoy su éxito. El momento clave fue cuando el presidente Pedro Sánchez le dice al samurái que meditaba en Sanxenxo, como me gustaba llamarle cariñosamente a Rajoy por inventar el inmovilismo como forma de poder. Le dice Sánchez: “Dimita, señor Rajoy, hoy, aquí y ahora, y todo terminará”. En ese momento, ahí, se transfirió la presidencia. Y Rajoy eligió técnicamente a Pedro Sánchez presidente.
¿Y cuán clave fue el PNV?
Era el voto más determinante. Algún día habrá que contar todos los pormenores en una conversación coral con los verdaderos protagonistas. Logramos su apoyo pero esperaron con lealtad a la decisión de Rajoy hasta el último minuto. Tanto Andoni Ortuzar como Joseba Aurrekotxea, técnicamente el CEO de Sabin Etxea, con quiénes estuve la semana pasada en el Foro Gran Vía de Bilbao en la sala BBK presentando el libro junto al resto de la sociedad civil vasca, me conocen desde los 27 años. Saben que nunca he necesitado ningún carnet para ser leal a las personas que conozco y que tengo palabra de vasco. En cuanto les llamé sabía que teníamos un 50% de probabilidades de ganarla.

¿Siempre vio clara la jugada, o padeció alguna crisis de fe?
En el momento de la votación. Es cuando apelas a la Fe y a tu “yo” como ser humano. Hay una imagen que se viralizó entonces de los fotoperiodistas en la que se me ve cómo mentalmente, con los ojos cerrados, contaba todos los votos desde lo alto del hemiciclo. Sentía que estábamos ante una aceleración, un momento único en el que el tiempo táctico, estratégico e histórico se unen. Lloré cuando llegamos a los 180, la mayoría absoluta.
Cuando vio el bolso de Soraya Sáenz de Santamaría y supo que Rajoy se fue de copas, ¿qué pensó?
España es un país fascinante que no te lo comes en un día. Cuando era pequeño, algunas películas decían “sólo en América..” y, cuando lo vi, pensé: “solo en España…”. Somos un país en el que todo es imposible hasta que interesa. Eso lo sabía muy bien el samurái. Y tomó su decisión: Sánchez presidente.
¿Y cuando recuerda el discurso de Ábalos? El nene salió revoltoso…
Era la voz de la calle. No su voz. La de la mayoría transversal, plurinacional y periférica que apoyó la censura. Aquel discurso, el de la fase de censura, se lo redactamos el equipo de la moción. La clave es cuando Pedro Sánchez interviene en la fase propositiva, de candidatura y aúna la mayoría absoluta. Las mociones de censura son constructivas no weimarianas. El duelo que tiene el presidente con Rajoy en esa segunda fase es el que transforma la historia de España y donde emana el espíritu de la moción de 2018, la única victoriosa de seis presentadas en nuestra democracia.
Lo cuenta también en El manual: al instante de que Sánchez ganara la moción, en el edificio de grupos, le dijo: “Pídeme lo que quieras”, y usted respondió: “Yo, nada”.
Es la primera vez que me ofreció entrar en el Consejo de Ministros. Ganamos la moción de censura y llamó a muy poca gente para estar a solas al despacho de la entonces portavoz, Margarita Robles. Ni se me había pasado por la cabeza. La pregunta nunca es lo que uno quiere sino lo que el presidente necesita. Fue un gesto de gran generosidad que valoro mucho. Necesitaba que fuera Jefe de Moncloa y pedí unos días para hablarlo con mi mujer, Sandra. Siempre decidimos juntos.

Aquel “Pídeme lo que quieras” a un hombre independiente, ¿levantó alguna ampolla en la cofradía socialista?
Desde el principio he sentido una conexión especial con la militancia socialista. Era una persona de confianza del primer ministro y eso siempre genera barreras por el propio puesto que ocupas. Se levantaron menos de las que se han inventado. Además, te diré algo que siempre me ha pasado en la vida: con la gente que por algún motivo he comenzado con mal pie, acabamos con el tiempo siendo grandes amigos. Algunas personas de la dirección socialista que tenían dudas, hoy ya lo son. Y otras espero que lo sean. Y luego hay personas que no conozco y quiero estar con ellas, como una militante histórica, gran feminista, como Amparo Rubiales, que me sorprende diariamente con su gran apoyo en redes. Así ha sido durante estos cinco años que no estoy en la práctica pública y en momentos clave en 2021 como mi recuperación del agujero grande en el corazón, que un éxito absoluto, me ayudaron a ganar confianza. Ganar La Moncloa me salvó la vida y para mí la palabra “Moncloa” va mucho más allá de la política. Es personal y profesional al mismo tiempo. Como mi compromiso como servidor público.
“Este Congreso no hará a Feijóo presidente”
Ocho años después, y dadas las circunstancias, ¿ve a Feijóo presentando y ganando una moción de censura?
Este Congreso no hará a Feijóo presidente. Se sabe desde que se presentó a su investidura fallida. No fue presidente “no porque… no quiso”, sino porque 20.000 votos en cuatro provincias plurinacionales de tres autonomías, Euskadi, Cataluña y Navarra, se lo impidieron. No tiene los votos. No presentará una moción de censura además porque la calle está dividida, un auto no es una sentencia y porque para ser presidente tienes que ser un político libre y debes garantizar la convivencia en el país. La sentencia de la Gürtel fue la condición de oportunidad pero la moción de censura triunfó porque el 90% de los diputados catalanes y vascos votaron favorablemente.
¿En qué se diferencia el contexto aquel del presente?
Es lógico que se quieran buscar rimas. Pero no es la misma melodía. Aquel tiempo era una prolongación del Siglo XX y de un bipartidismo imperfecto que ya no existía. La moción de censura superaba definitivamente aquella época. La situación actual es la de interregno entre dos bloques a 12 meses de las municipales y 14 de las generales. Es de pausa tensa. Puede haber restauración o transformación. Vamos a un referéndum de sí o no. Ahí nos va a llevar la tensión actual que viene cargada de algoritmos, malestar, ira, odio, resentimiento y corrosión. La clave va a estar en promover emociones positivas, unir generaciones, territorios y avanzar unificando en el sí frente a los que quieren situarse en el no.
¿Cuán grandes son las posibilidades de que un socio del Gobierno, ya sea un grupo progresista, ya sea uno nacionalista, se convierta en la llave que le abra las puertas de la Moncloa a un Gobierno de Feijóo… integrado o sustentado por Abascal?
Decía el gales John Benjamin Toshack, entrenador histórico de mi Real Sociedad cuando manejaba en el Real Madrid: “Antes veréis volar a un cerdo por encima del Bernabéu que yo rectifique”. No pasará con ningún socio. Antes gana Enrique Riquelme a Florentino en las elecciones del Madrid y no va a suceder. Tampoco con Aitor Esteban ni con Junts. El PP que suprimió la mili, gracias a una enmienda de CiU, ya no existe. Todo son cuitas y les falta la mano derecha… plural.
