Los datos oficiales actualizados esta misma semana demuestran que, en lo que va de año, han sido asesinadas, por sus parejas o ex parejas, más de 30 mujeres en España. En 2025 la cifra oficial de mujeres asesinadas hasta julio era de 19 y al finalizar ese año fueron 49 las víctimas de asesinatos machistas. ¿Cuántas serán a final del 2026?
A pesar de los avances legislativos y sociales, la violencia de género es una realidad extendida en nuestros países aunque no queramos verlo ni sentirlo. ¿Se imaginan que sucedería si cambiáramos el nombre mujeres por cualquier otra categoría? Por ejemplo: “En 2025 fueron asesinados 49 niños, en 2026, previsiblemente, superaremos esa cifra”. O bien, la siguiente noticia: “En lo que va de año han sido asesinados, en España, más de 30 abogados. Posiblemente esta cifra habrá aumentado considerablemente a finales de 2026″. Es casi seguro que se produciría una fuerte conmoción social y que se establecería un gran plan; un dispositivo nacional con todos los medios necesarios para tratar de evitar tragedias semejantes.
Los asesinatos machistas son peores, si cabe, que los ejemplos anteriores. Y es que los homicidas son o las parejas o las exparejas de las víctimas; personas con las que, tanto la víctima como las familias, han convivido, compartido afectos, mesa y celebraciones. No digamos si, además, tienen hijos en común. Las madres e hijos, hermanas, hermanos y padres, el conjunto afectivo más próximo a la víctima queda devastado y, en la mayoría de los casos, a su terrible dolor le acompaña un agudo sentimiento de culpa. “¿Cómo no lo vi? ¿Porqué no le pregunté? ¿Intentó decírmelo y no me di cuenta? Si le tratábamos como a un hijo…”.
Los crímenes machistas son como una bomba de racimo que impacta, cruelmente, en todo el núcleo familiar. Las matan quiénes un día dijeron quererlas y a los que ellas quisieron. Hay algo muy perverso en esa demostración de poder masculino contra quien es o fue tu pareja. Las mujeres deberían contar con un espacio de confianza y de seguridad por haber amado y elegido a quiénes, contra toda lógica, se convertirán en sus verdugos.

España ha dado pasos muy importantes en la lucha contra la violencia de género pero estamos muy lejos de haber vencido. El Estado de Derecho fracasa cada vez que una mujer muere a manos de un asesino machista. Y, sin embargo, atendiendo a las encuestas oficiales, la violencia contra las mujeres no forma parte de una preocupación relevante en nuestra sociedad.
Queda por delante una larga tarea de pedagogía y concienciación empezando por los más pequeños -algo que no se está haciendo o se hace muy poco- mientras se extiende el consumo de algoritmos sexistas por parte de nuestros menores.
También conocemos la urgencia de reforzar con presupuestos ambiciosos todos los mecanismos de protección de las mujeres. Faltan efectivos en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y medios para ellos. No hay suficientes casas de acogida ni personal bien remunerado para atender los refugios. Faltan psicólogos y forenses que acompañen las investigaciones tras las denuncias. Falta una política efectiva de sanciones cuando los agresores se saltan las órdenes de protección -lo que sucede constantemente-. Es imprescindible conectar a todos los ayuntamientos al sistema VioGen de seguimiento y protección de las víctimas. Y es más necesario que nunca asociar a las organizaciones de mujeres, expertas y sobre el terreno, a la revisión de los protocolos y medidas para combatir el machismo asesino.
La lucha debe continuar e incluso reforzarse ahora que el fantasma negacionista de la violencia de género recorre Europa y se ha instalado en algunos gobiernos nacionales y autonómicos. La alternativa es que nuestra rica y moderna democracia acabe normalizando enterrar mujeres como si sus muertes violentas fueran una fatalidad a la que, desgraciadamente, tenemos que acostumbrarnos.
Posdata: las llamadas al 016 (número de urgencia y atención para la violencia de género) aumentaron un 120,8% en las horas posteriores al triunfo de España en el Mundial 2026, según datos oficiales. Existe un vínculo, cada vez más estudiado, entre la euforia futbolística y la violencia de género. Pero eso es para otro artículo.

