Tres mujeres asesinadas en 24 horas. Seis en cinco días. Cuatro de ellas, a manos de sus parejas o exparejas. ¿Por qué una cadena de feminicidios apenas altera la vida pública?
Miguel Lorente, médico forense, profesor de Medicina Legal y exdelegado del Gobierno contra la Violencia de Género, cree que una de las claves está en cómo la sociedad interpreta estos crímenes.
“Si hubiera seis secuestros o seis robos con violencia en cinco días, todo el mundo sentiría que existe una amenaza para cualquiera”, explica. “Con la violencia de género no pasa eso. Se sigue interpretando como un problema de esa mujer y de ese hombre, no como una amenaza colectiva.”
“Se piensa que le ha ocurrido a ella por sus circunstancias, no que forma parte de un problema estructural que puede afectar a cualquier mujer.”
Esa forma de entender la violencia machista hace que cada asesinato se analice como un caso individual. “Cada una de las mujeres asesinadas se interpreta que ha hecho algo para ser asesinada. No que esté bien asesinada, sino que creen que han asumido un riesgo, que han provocado o que han actuado de manera que han generado una circunstancia individual.”

“Matan a una mujer en Antequera y esta noche sale una niña a pasear o se va de fiesta con una amiga y no le dices: ‘Ten cuidado, a ver si te van a hacer algo’. Si han robado o ha pasado cualquier cosa, sí le dices: ‘Ten cuidado, a ver si te va a pasar algo’.” “El que maten a una mujer no se percibe como amenaza ni siquiera para otra mujer”, resume.
La tormenta perfecta
La concentración de varios asesinatos en pocos días no responde, según Lorente, a una única causa. “Nunca hay un único factor.” El médico forense recuerda que alrededor de la violencia machista en estas fechas confluyen varios elementos: “El machismo, la estacionalidad (el verano), el negacionismo y la imitación”. A ellos, en esta ocasión, se suma un quinto: la celebración deportiva.
“No es por eso, pero influye”, explica sobre la final del Mundial de fútbol masculino. “Hay estudios que se han hecho en Reino Unido y Estados Unidos que alrededor de las celebraciones deportivas muestran un incremento del maltrato, no de los homicidios, que no lo han estudiado, pero sí del maltrato.”
Ese aumento, explica, se produce en relaciones donde la violencia ya existía. El consumo de alcohol, las apuestas, la intensidad emocional del partido o una determinada identificación con una masculinidad “hegemónica, viril, por encima de todo” pueden favorecer una escalada. La combinación de todos ellos puede generar una situación de especial riesgo.
La pregunta equivocada
El caso de Antequera vuelve a aparecer en la conversación por otro motivo. Al parecer, María, la víctima, había solicitado junto a su expareja retirar las medidas de alejamiento que existían contra él y el sistema aceptó esa petición.
Para Lorente, ese episodio muestra otro problema: cómo se analiza la violencia cuando la mirada se coloca sobre la decisión de la víctima y no sobre la conducta del agresor.
“El sistema tiene la obligación de velar por los delitos públicos. La violencia es un delito público. El sistema no pide consentimiento a la víctima para denunciar o para mandar a la cárcel al agresor, en ningún caso. Lo tiene que cumplir el juez.”
El médico forense explica que una decisión de este tipo no puede entenderse al margen del impacto que tiene la propia violencia sobre quien la sufre.

“Porque la víctima diga: ‘Retire usted la orden de alejamiento porque es más follón, porque si no los niños le echan mucho de menos’, se acepta. Sin tener en cuenta la presión que pueda tener esa mujer en su entorno, incluso la amenaza que pueda tener y directamente la distorsión cognitiva de la realidad y cómo la mujer minimiza, justifica e integra la violencia como parte de la dinámica.”
Esa reflexión le lleva a plantear otra cuestión: qué ocurre con la salud de las mujeres que sufren violencia. “Si sabemos que la violencia produce un impacto en la salud, la pregunta es qué medidas han adoptado para que parte de la salud se haya corregido.”
La comparación que utiliza es directa: “Con una puñalada lo llevan rápidamente a Urgencias porque tienen que tratar el problema de salud que ha producido la puñalada. Pero ¿por qué no hay una atención sistemática y directa para las mujeres que reciben violencia?”
Cambiar la pregunta
La última idea de Lorente cambia el foco del debate. La cuestión no es solo cuándo deja una mujer de estar en riesgo, sino qué ha ocurrido con quien ejerció la violencia. “La violencia ni cesa ni desaparece. Es una manera de entender la relación del agresor.”
Por eso plantea una pregunta distinta: “¿Qué se ha hecho para que ese agresor no vuelva a agredir?” “No es que tuvo una crisis en 2008 y ahora tiene otra crisis. El agresor maltrata y mata porque quiere.”
La respuesta frente a la violencia machista, concluye, no puede limitarse a recoger denuncias. También debe analizar qué se hace con quienes ejercen la violencia y qué mecanismos existen para impedir que vuelvan a agredir.
Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.
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