Opinión

Que voten lo que les dé la gana

Tradwife.
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Cristina López Barrios
Actualizado: h

Leo en una cuenta de Instagram que Erika Kirk, viuda de Charlie Kirk y actual directora de Turning Point USA, defiende la idea de un voto por unidad familiar. ¿Cómo es posible?, me pregunto. El voto es un derecho individual e intransferible. Busco más información sobre la noticia porque me ha saltado, confieso, más de una alarma interior. No es exactamente así. Por lo visto, Kirk dirige la organización que en junio celebró en San Antonio su Women `s Leadership Summit, sonde Savanna Faith Stone, una joven influencer que se ha casado con dieciocho años, defendía un voto por hogar. Y en caso de discrepancia entre marido y mujer, es él, como cabeza de familia, el que tendría la última palabra.

Enseguida me viene a la cabeza un buen amigo al que su abuela le daba 5.000 pesetas de las de los ochenta si votaba al partido que ella quería. Iban juntos a las urnas y después de asegurarse de que el nieto cumplía, le pagaba y le invitaba a merendar en Vips. Con dieciocho o diecinueve años y sin un duro, esa cantidad era muy tentadora.

El voto ha sido moneda de cambio desde que existe. Y si, precisamente, entra dentro de ese mercado “negro” se debe, sin duda, a su valor tan preciado. A lo largo de la historia ha sido una herramienta para controlar el poder y termómetro de las libertades de una sociedad. No hay más que recordar la exclusión histórica de las mujeres al sufragio.

Pero sigamos con la tesis de la influencer norteamericana que se fragua, por suerte, en sectores minoritarios. Lo primero que me sorprende es la supuesta unidad de pensamiento que debe haber en una familia. Nada más lejos de la realidad en multitud de ocasiones. ¿De verdad dos personas que se quieren deben pensar lo mismo? ¿Y qué ocurre con las mujeres solteras, divorciadas, viudas, o matrimonios del mismo sexo? La defensa de esta idea vuelve a enfrentar valores: la autonomía individual con la pertenencia a una comunidad, en este caso la familia. Libertad versus seguridad. Un tema que nos ha tocado muy de cerca a las mujeres a lo largo de la historia. La protección que ejerce la unidad familiar entiendo que se presenta como la mayor de las ventajas.

Esta idea enfrenta de nuevo a las mujeres, inevitablemente. Feministas contra ultraconservadoras. ¿Pero dónde están los hombres en esta posible batalla? ¿Tienen algo que decir al respecto sobre la renuncia de sus mujeres al voto, si llegara el caso? Y lo que me interesa todavía más: Savanna puede defender públicamente que una mujer renuncie a su voto porque ella es una mujer libre, con voz propia, que habla desde espacios públicos. Recordemos que hubo mujeres anti sufragistas y muchas de ellas intelectuales como Gertrudis Bell. Escritora, arqueóloga y graduada en Oxford con poder en espacios públicos solo reservados a los hombres.

En la España de 1931, Victoria kent pidió que se aplazara el sufragio femenino porque las mujeres iban a votar condicionadas por su confesor o su marido, y aquel voto perjudicaría a la República. Frente a ella estaba Clara Campoamor. Un derecho, decía, no puede depender de que lo utilicemos como los demás consideren conveniente. Que voten lo que les dé la gana. Esa es la verdadera libertad.

Llegados a este punto y con el cerebro un tanto derretido por esta última ola de calor de agosto, me hago otra pregunta: ¿por qué nos alarman tanto estas ideas? ¿Tememos que los derechos civiles que tanto ha costado conquistar, sobre todo a las mujeres, sean menos sólidos de lo que creemos? ¿No son lo suficientemente fuertes y maduros nuestros Estados de Derecho para soportar incluso a quienes los cuestionan? Ahí están las distopías como la de El Cuento de la criada de Margaret Atwood para hacernos temblar. Tal vez por eso nos resulta tan perturbador escuchar estas ideas viniendo de mujeres. De momento, la Decimonovena Enmienda de la Constitución estadounidense impide hoy negar el voto por razón de sexo.

Viendo los vídeos de Savanna en Instagram me hago una pregunta quizá frívola. ¿Qué ocurría si mañana su marido decidiera que debe dejar de grabarlos? ¿Aceptaría de buen grado su decisión, igual que acepta que él decidiera, en última instancia, su voto? Puede que sí. Y tendría derecho a hacerlo. Lo que no tendría derecho es a decidir que las demás debemos hacer lo mismo. Clara Campoamor dijo hace un siglo: Me siento ciudadana antes que mujer.