Pedro Sánchez camina solo, aunque no en soledad, hacia la campaña de 2027. Lo hace con el respaldo casi unánime de las federaciones, pero con su propio guión, el mismo que exhibió con determinación en el Comité Federal contra propios y ajenos. Con los apoyos y sin debate —la crítica se entiende como disidencia y las responsabilidades, como cesiones a la oposición—, los cerca de 300 miembros volvieron el pasado sábado a sus territorios con el calendario de las primarias cerrado para julio y con Sánchez, cada vez más aislado en el Congreso, como el primer y último responsable de la legislatura.
Este ha podido ser el último Comité Federal de Sánchez como presidente del Gobierno y, paradójicamente, el que menos tensión ha tenido. Se daban por hechos los apoyos de ministros y ministras, de Salvador Illa como gran valedor o de las exescuderas Pilar Alegría y María Jesús Montero, relegadas a la oposición en sus comunidades autónomas. La sorpresa fue la generosidad del apoyo de Carlos Martínez, el castellanoleonés que perdió las elecciones, pero subió en escaños: «Se ha ganado el derecho a convocar cuando crea conveniente», y relativizó el viento en contra de las municipales: «La marca a veces te da y a veces te quita». Le siguió Adriana Lastra, víctima de Santos Cerdán, clave en la primera legislatura y muy dura en el último Comité a cuenta de Salazar: «Todo en esta vida es una cuestión de confianza. Yo quiero dejar muy claro que los socialistas asturianos confiamos en el presidente».
Sánchez, único candidato
Después de Sánchez vendrá el postsanchismo, pero eso no tocaba ni tocará hasta el día después. Con el «tengo ganas de ganar en 2027» quedó zanjado. El Comité Federal de hace un año estuvo marcado por el caso Santos Cerdán y el debate quedó sepultado por el segundo escándalo de Paco Salazar. Este Comité ha sido el de la exhibición de unidad, salvo la excepción García-Page. Sánchez es el mejor activo electoral, también para sus secretarios generales, y el «pistoletazo de salida» a esa contienda —como lo califican en el Gobierno—, sin superdomingo ni compromiso respecto a las municipales, lo dio en el Comité Federal. Así lo entendieron los suyos.
Si el adelanto electoral del 23-J fue un movimiento abrupto y de alto riesgo, La Moncloa está ahora en lo contrario: alejar la convocatoria electoral tanto como sea posible. La duración de esa travesía depende del presidente, de la resistencia de sus socios y del recorrido de la vía judicial. Si esta discurre por un carril distinto al de la política -algo difícil-, puede alargarse y tendrá margen para llegar al otoño; si acaba con Sánchez en la diana, la presión será difícilmente sostenible. De momento, en La Moncloa han optado por actuar como si ese escenario no condicionara sus movimientos.
La “causa contra el PSOE”
Con la entrada de julio llega la cuenta atrás y la operación resistir al verano. Fuentes del Ejecutivo no reconocen en público la presión judicial, pero la dan por hecha durante las próximas semanas. Al mismo tiempo, hay cierto cansancio por lo que entienden como una «coordinación» de los juzgados para influir en la agenda política. No llegan a hablar de «una causa general contra el PSOE», como dijo Montero, pero empiezan a expresar en público la connivencia de Feijóo con ese timing. «Como no puede presentar la moción de censura, decide externalizar la oposición», apuntan fuentes del Ejecutivo. Y ponen ejemplos del malestar: «Comparece el presidente y la UDEF envía el informe de la nueva pieza separada de Zapatero; o Peinado cita a Begoña Gómez para la entrega del pasaporte. O los excesos intencionados, como el volcado íntegro de la agenda de Gertrudis Alcázar con Zapatero».
Julio, mes a vida o muerte
El Gobierno empieza la semana con la resaca de la anterior (sentencia de Ábalos, caso Zapatero…) y centrado en dos hitos. El Consejo de Ministros de hoy aprobará un Real Decreto Ley con la prórroga trimestral de gran parte de las medidas de apoyo por la guerra de Irán, el llamado escudo social, y el martes, previsiblemente, se dará el balance de la regularización extraordinaria de migrantes, tanto las cifras como el modo en que se está desarrollando. Queda mucho trabajo, aseguran, porque en julio se acumula el trabajo de los ministerios que hay que dejar cerrado, además de los primeros pasos de los Presupuestos o la preparación de la cumbre de la OTAN en Turquía la próxima semana.
Oficialmente, la agenda ejecutiva está llena, apuntan, pero la fecha más importante es el 1 de julio, el arranque de un mes en el que el entorno de Pedro Sánchez sabe que, en cuatro semanas, se decide la legislatura. Superarlas es vital. Y la partida sigue abierta.

