Es extraño pensar que solo puedo hablarte ya desde un teclado, Luis. Porque aunque hubo tiempo para decirte lo mucho que te quería, no lo hubo para despedirnos. Aquella comida navideña de diciembre, cuando fuimos a verte, me dejó un sabor amargo y mucha incertidumbre.
Por aquellos días me llegaron otras dificultades familiares que, desgraciadamente, han tenido el mismo final, con solo con unas horas de diferencia de tu partida.
Tantas cosas bonitas dichas, lloradas y leídas estos días no apagan mi cabreo. Estoy muy enfadada. No alcanzo a comprender tanta crueldad con una persona esencialmente buena como has sido tú.
Cuando repaso los 29 años en los que hemos convivido en la redacción solo encuentro felicidad y miles de vivencias compartidas. Reportajes, emociones, ideas, vidas. Te empapabas del personaje al que ibas a desnudar en tus reportajes como cuando un actor prepara un papel, hasta el agotamiento. Luego al acabar lo soltabas y te vestías de otro. Nacían y morían en ti.
Cuántas veces habremos hablado de lo bien que despedimos a los muertos en España y lo poco que reconocemos en vida. Me acuerdo de cómo atravesamos la tristeza de despedir a Michael y tu entereza para hacerle el mejor homenaje posible en su Informe póstumo, “Good, better, best”, una obra maestra.
Lo mejor de ti era cómo eras capaz de salvar, con tu célebre humor negro, cualquier momento difícil, como hacías tantas veces en el comedor de la tele, ajenos todos a lo que iba a venir. Porque cuando tú bajabas a comer eras como un imán, tratábamos de coincidir contigo sabiendo que habría risas y formas de afrontar cualquier agobio laboral o personal de la mejor manera posible.
En estos días en Movistar + hemos presumido de ti, de tu obra, de tus vídeos, de tu talento, de tu dirección clave en el éxito de Informe Robinson y después de Informe Plus. En tus años como redactor de “El Día Después”. O cuando hiciste dúo con Jose Larraza dirigiendo el informativo “Minuto 0”. Todo eso es parte de tu legado, de una obra espléndida que nos ha hecho sonreír, reír a carcajadas, o emocionarnos hasta las lágrimas, interpretar el deporte desde el respeto a las historias que grababas, guionizabas y editabas de esa forma tan elegante y con ese sello tan “plus” que nos ha enorgullecido durante décadas.
Hay mil ejemplos que se pueden disfrutar en el amplio repertorio de casi dos décadas, pero me acuerdo ahora del que dedicaste al equipo Movistar durante el Giro de Italia de 2011 y cómo te encontraste de frente con la pérdida de uno de sus corredores, Xavi Tondo, en pleno rodaje del documental.
Lo que la gente que solo conocía tu voz no sabe, pero ha podido comprobar estos días, es la talla de persona que había detrás. El mejor compañero que hemos podido tener todos los que hemos compartido redacción contigo.Y también el que defendía a los suyos y una forma de hacer las cosas contra viento y marea. Ese eras tú.
Me brotan las lágrimas recordando tu último trabajo allí. Era marzo de 2025 y yo tenía que hacer en muy poco tiempo un Informe+ sobre la carrera de Pepe Reina. Con la Champions a tope y unas 12 o 14 entrevistas que hacer casi todas fuera de Madrid. Ahí estabas tú para levantar la mano y ponerte a trabajar conmigo como una máquina para hacer posible lo imposible. Villarreal, Como y Liverpool. Ahí saltaron las alarmas. Ya no pudiste estar en la presentación de “Pepe Reina, la última parada”.Qué ironía del destino, la última parada de Pepe iba a ser también la tuya.
Ahora te imagino partiéndote de risa al ver que has salido hasta en el “Hola”, pero sobre todo en paz. Enamorado hasta las trancas de tu Bea -menuda mujer- y orgulloso de Javi y Lucas, a quienes guiarás desde donde estés, de eso estoy segura.
Al resto nos va a ayudar tu memoria y tu sonrisa.Porque si te vas, no me quedo en esta calle sin salida ,como cantaba Robe.
La mejor manera de honrarte y recordarte será a golpe de humor negro, y pienso seguir en ello, querido Luis, junto a todos los que te queremos. Aunque este bar esté cansado ya de despedidas.

