Opinión

Zapatero ante Calama: la coartada imposible

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero participa en la presentación del libro 'La democracia y sus derechos' del que ha sido coordinador, este martes en el Ateneo de Madrid.
EFE/ Zipi
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El 2 de junio, el expresidente tendrá ocasión de explicarle cara a cara al magistrado José Luis Calama —de José Luis a José Luis— que los 85 folios en los que se fundamenta su imputación por graves delitos están equivocados. Punto por punto.

Tras observar cómo se le han ido cerrando las salidas, Zapatero tiene esencialmente dos opciones.

La primera, la más inverosímil aunque no imposible, sería colaborar con la justicia: explicar cómo operaba la supuesta trama internacional de blanqueo de capitales y hasta dónde se extendían sus ramificaciones, incluida la participación de sus propias hijas. El problema es que colaborar implica involucrar al PSOE, lo que convierte esta vía en un callejón sin salida político.

La segunda opción —y la que hoy tiene más recorrido— pasa por convencer al juez Calama de que Zapatero no es el vértice de ninguna trama, sino su víctima. Se trata de establecer el relato alternativo de la traición personal. Según esta versión su amigo, “Julito” Martínez, se habría valido de su prestigio y de su condición de expresidente para, sin su conocimiento ni consentimiento, planificar unilateralmente un esquema fraudulento de tráfico de influencias y blanqueo de dinero a escala internacional.

El reto es tan monumental como tener que explicar que tu nombre está en cada paso de una trama sin haber participado en ninguno.

‘La tecla que había que tocar‘

Zapatero tendría que convencer al magistrado de que el rescate de Plus Ultra fue fortuito, a pesar de que —según las conversaciones intervenidas por la UDEF que recoge el auto— se hablaba del “pana” Zapatero como “la tecla que había que tocar” para conseguir que la SEPI desembolsara 53 millones de euros. Y que fueron pura casualidad sus reuniones y comunicaciones con los responsables de la aerolínea en el momento exacto en que se negociaba ese préstamo público.

Tendría que explicar que la creación de la sociedad Análisis Relevante coincidió con el rescate por puro azar, y que fue otra carambola del destino que, de acuerdo con la documentación obrante en el sumario, los pagos de Plus Ultra a esa consultora acabaran derivándose sistemáticamente hacia él y hacia What The Fav, la empresa de sus hijas.

Tendría que hacer creer al juez que las comunicaciones intervenidas —en las que consta, según la instrucción, que Julio Martínez habló con “ZP” durante once minutos y “le explicó todo” sobre las gestiones para el rescate— no implican participación ni dirección de ningún tipo. Y lo mismo con el mensaje de Rodolfo Reyes: “Nuestro pana Zapatero detrás“, o con aquel otro en el que el propio Reyes ordenaba a Martínez: “hable con la SEPI, él o Zapatero, y saquen aunque sea de palabra que nos conceden la ayuda con un 100% de seguridad”.

Tendría que acreditar que la carta dirigida al Banco Santander —en la que se indicaba, según recoge el auto judicial, que por instrucciones de José Luis Rodríguez Zapatero, Plus Ultra solicitaba ayuda para obtener un crédito ICO— fue enviada a sus espaldas, y que cuando el banco respondió negativamente tampoco nadie se lo comunicó.

Un rastro de 2,6 millones que señala siempre en la misma dirección

Tendría que justificar que Inteligencia Prospectiva, sociedad con ingresos testimoniales antes de 2020, facturó —de acuerdo con los datos del sumario— 2,6 millones de euros entre ese año y 2025 tras la irrupción del ex presidente en escena; y que fue otra feliz coincidencia que remitiera 368.000 euros a Análisis Relevante, 561.440 a What The Fav y 266.200 al Gate Center, organización de la que el propio expresidente es presidente del Consejo Asesor.

Tendría que presentar como percepciones legítimas y desvinculadas de cualquier ejercicio de influencia los 681.318 euros que el grupo Thinking Heads —ligado a Daniel Romero-Abreu Kaup, también al frente del Gate Center— transfirió, según la instrucción, a su cuenta personal, más los 352.980 que el Gate Center le remitió directamente.

Tendría que convencer, además, de que fue un simple golpe de suerte encontrar en febrero de 2024 un chalé en Puerta de Hierro por 580.000 euros, pedir al Santander medio millón de préstamo y cancelarlo once meses después de un plumazo, mediante una transferencia de 498.000 euros.

Y tendría que desvincularse de Landside Dubai FZCO, la sociedad constituida en los Emiratos Árabes, participada al cien por cien por Idella —la firma de Julio Martínez que suscribió el contrato del uno por ciento con Plus Ultra—, cuya puesta en marcha se inició, según el auto, apenas siete días después de firmado ese contrato y cuyo plan de negocio contemplaba ingresos de tres millones de dólares en cinco años.

La conclusión se impone sola: resulta inverosímil que Julio Martínez y su secretaria Gertrudis Alcázar se confabularan para engañar a Zapatero, lograran influir en el Consejo de Ministros para obtener el rescate y, acto seguido, derivaran todos los pagos al expresidente sin que este tuviera arte ni parte. Eso es, al menos, lo que sostiene el instructor del caso.

En definitiva, Zapatero afronta la ingente tarea de convencer al juez Calama de que es el único hombre en España capaz de aparecer en cada eslabón de una trama criminal internacional —desde las primeras instrucciones a Julito Martínez hasta el último movimiento bancario hacia las cuentas de sus hijas— sin haber participado en ninguno de ellos. Un extremo que, a la vista del auto de imputación, el magistrado considera, hoy por hoy, totalmente inverosímil.

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