Las agendas de Zapatero han situado de nuevo al expresidente del Gobierno en el centro de una operación empresarial frustrada. Según las informaciones publicadas a partir de esos documentos, José Luis Rodríguez Zapatero habría mantenido varios encuentros en octubre de 2024 con Marc Murtra, entonces presidente de Indra, y con Javier de Paz, alto ejecutivo de Telefónica y persona de máxima confianza del exlíder socialista.
El objetivo de aquellas conversaciones habría sido explorar la incorporación de Zapatero a Indra como asesor sénior o asesor estratégico internacional, con especial atención a Iberoamérica. El contrato, según fuentes próximas al consejo citadas por las informaciones publicadas, podía situarse en el entorno de los 100.000 euros anuales.
La operación no llegó a cerrarse. Pero su sola existencia abrió un debate interno en Indra por el encaje reputacional, político y de gobierno corporativo que suponía incorporar a un expresidente socialista a una compañía en la que el Estado mantiene un peso decisivo a través de la SEPI.
Dos reuniones con Murtra y una comida con Javier de Paz
Las anotaciones conocidas sitúan una reunión entre Zapatero y Marc Murtra el 24 de octubre de 2024. Cinco días después, el 29 de octubre, ambos habrían vuelto a coincidir en una comida en el restaurante Olmo, situado junto a la calle Ferraz, con la presencia añadida de Javier de Paz.
En aquel momento, Murtra presidía Indra. De Paz, por su parte, continuaba vinculado a Telefónica y era uno de los nombres más próximos al expresidente dentro del ámbito empresarial. La secuencia resulta relevante porque se produce antes de movimientos posteriores en grandes compañías participadas o influidas por el sector público.
La clave no está únicamente en las reuniones, sino en el propósito que se les atribuye. Según esas informaciones, Zapatero buscaba incorporarse como asesor internacional de Indra, una compañía estratégica en tecnología, defensa y digitalización.
El perfil que se habría planteado encajaba con una figura de relación institucional y apertura de puertas en Hispanoamérica, una región en la que el expresidente conserva contactos políticos y empresariales acumulados durante años.
Un contrato sensible para una empresa participada por el Estado

Indra no es una compañía cualquiera dentro del Ibex. Su actividad en defensa, ciberseguridad, transporte, procesos electorales y tecnología crítica la convierte en un grupo estratégico para el Estado. Además, la SEPI mantiene una participación cercana al 28%, lo que otorga al Gobierno una influencia relevante en su accionariado.
Por eso el posible fichaje de Zapatero debía pasar por filtros internos. La incorporación de un expresidente del Gobierno como asesor de una empresa con fuerte presencia pública podía generar dudas de conflicto de interés, impacto reputacional y percepción de politización.
La propuesta habría sido analizada por órganos vinculados al cumplimiento normativo y al gobierno corporativo. Varias consejeras independientes habrían mostrado reservas ante una operación que podía reforzar la imagen de Indra como una compañía demasiado expuesta a intereses políticos.
El problema no era solo cuánto podía cobrar Zapatero, sino qué mensaje transmitía su contratación. Un expresidente socialista, utilizado por Pedro Sánchez como activo político en actos de campaña, podía convertirse en asesor de una empresa donde el Estado tiene un papel central.
Miguel Sebastián defendió el valor internacional de Zapatero
Dentro del consejo, Zapatero habría encontrado un apoyo especialmente claro en Miguel Sebastián. El exministro de Industria fue director de la Oficina Económica de Presidencia durante el Gobierno de Zapatero y posteriormente ocupó un asiento en Indra como consejero dominical vinculado a la SEPI.
Según las fuentes citadas en las informaciones publicadas, Sebastián defendió la honorabilidad del expresidente y el valor de su agenda internacional. Su argumento era que Zapatero podía resultar útil para abrir contactos con gobiernos latinoamericanos, especialmente en países donde sus relaciones políticas seguían siendo relevantes.
La defensa chocó con la inquietud de varios consejeros independientes. Para quienes veían riesgos en la operación, el fichaje no podía separarse del contexto político español ni de la sensibilidad de una empresa que ya había vivido debates sobre puertas giratorias y nombramientos con fuerte carga institucional.
La discusión revela una tensión recurrente en las grandes compañías participadas por el Estado: dónde termina la experiencia institucional y dónde empieza el riesgo de convertir una red política en un activo remunerado.
El precedente de otros expresidentes y el temor reputacional

Indra ya había sido observada en el pasado por la presencia remunerada de antiguos dirigentes y figuras políticas en su entorno. Precisamente por eso, cualquier contratación de un perfil como el de Zapatero debía estudiarse con especial cuidado.
El antecedente de Felipe González, José María Aznar o Javier Solana en el ecosistema de asesoramiento de grandes empresas convirtió este tipo de incorporaciones en un asunto especialmente delicado. No se trata solo de si el contrato es legal, sino de si resulta defendible ante accionistas, empleados, clientes públicos y opinión pública.
En el caso de Zapatero, la sensibilidad era aún mayor por su papel reciente en la política nacional. Durante la campaña de 2023, el expresidente participó en numerosos actos del PSOE y fue presentado por Ferraz como un activo de enorme valor para movilizar al electorado socialista.
Esa proximidad política hacía más difícil justificar su entrada en una empresa estratégica controlada parcialmente desde el sector público, aunque el puesto se presentara como asesoría internacional y no como cargo ejecutivo.
Una operación que no se cerró, pero deja preguntas abiertas
No consta que el contrato de Zapatero con Indra llegara a formalizarse. Tampoco hay una comunicación oficial de la compañía que confirme aquel nombramiento, ni una retribución aprobada públicamente en esos términos.
Lo que sí deja el episodio es una fotografía incómoda: reuniones discretas, agendas intervenidas, una posible contratación de alto valor económico y un debate interno sobre reputación en una empresa estratégica.
El caso aparece además después de que Zapatero defendiera públicamente que no había mantenido relación contractual con empresas del Ibex. Ese punto será clave si se confirma que existieron propuestas, negociaciones o intentos de incorporación, aunque finalmente no cristalizaran en un contrato.
La operación frustrada en Indra muestra hasta qué punto las fronteras entre política, empresa pública, grandes cotizadas y redes de influencia siguen siendo uno de los asuntos más sensibles de la vida económica española. Zapatero no llegó a convertirse en asesor de Indra, pero el intento atribuido a su entorno basta para reabrir el debate sobre puertas giratorias y poder institucional.

