El intento de entrada registrado hace dos semanas en Melilla se contuvo con rapidez gracias a un recurso que los agentes consideran decisivo: los botes de humo. Fuentes policiales consultadas por Artículo14 confirman que Delegación del Gobierno autorizó su uso en cuestión de minutos, lo que permitió frenar el avance. En Ceuta, sin embargo, no se permitió emplearlos durante la llegada masiva del 30 de julio, pese a que en la crisis de 2021 -cuando más de 10.000 personas cruzaron la frontera- su despliegue contribuyó a detener la avalancha. “Esto es peor que lo que ocurrió en 2021”, reconocen ahora agentes destinados en la ciudad autónoma.

Los botes de humo forman parte del protocolo de actuación de la Guardia Civil en frontera y se utilizan para crear una cortina visual que dificulta el avance de grupos numerosos sin recurrir a otros elementos. En Melilla, según las fuentes consultadas, su despliegue fue inmediato y resultó determinante para frenar el intento de entrada. “En Melilla se autorizó en minutos. Aquí no sabemos por qué no”, señalan los agentes e insisten en que no reclaman material antidisturbios tradicional. “Con que nos doten de los recursos necesarios y nos dejen trabajar sería suficiente”, resumen.

“Desbordados”
La comparación con mayo de 2021 es inevitable. Aquel episodio, en el que más de 10.000 personas cruzaron la frontera en apenas 48 horas, está documentado en informes de la Secretaría de Estado de Seguridad y en las comparecencias posteriores en el Congreso. Entonces, los botes de humo también se emplearon, pero la autorización llegó 24 horas después del inicio de la crisis. Su despliegue contribuyó a frenar la entrada en la segunda jornada, según las fuentes oficiales. Es ese precedente el que ahora recuerdan los agentes, que reconocen que la situación actual es incluso más compleja. “Estamos desbordados”, admiten.

La presión sobre Ceuta no solo se percibe en el perímetro. Vecinos consultados explican que la ciudad ha pasado “del miedo a la indignación” ante la sensación de que los recursos policiales no alcanzan para gestionar episodios de entrada masiva que se repiten desde hace años. “Aquí siempre hemos visto a Policía y Guardia Civil por las calles. Ahora no dan abasto”, describe una vecino del centro. La diferencia entre Ceuta y Melilla -dos ciudades con realidades migratorias similares pero decisiones operativas distintas- vuelve a abrir el debate sobre qué medios deben emplearse y quién decide cuándo. “No queremos que les pasen cosas malas, pero en Ceuta no se cabe”, apunta otra mujer que lamenta cómo están los migrantes tirados por la calle.

Delegación del Gobierno no ha explicado públicamente por qué no se autorizó el uso de botes de humo en Ceuta el 30 de julio. En las comparecencias de 2021, Interior defendió que el empleo de medios de disuasión debe ser “proporcional, gradual y autorizado caso por caso”. Sin embargo, los agentes insisten en que la diferencia de criterio entre ambas ciudades es difícil de justificar, especialmente cuando la experiencia demuestra que estos recursos pueden ser decisivos para frenar avances masivos sin causar lesiones.
La preocupación en Ceuta es ahora mayor porque el perímetro ha quedado más expuesto tras la retirada de las concertinas en la zona de Benzú, un punto especialmente sensible por su orografía y por la facilidad de acceso desde el lado marroquí. En los últimos días ha circulado entre los agentes la posibilidad de que se produzca un nuevo intento de entrada el 15 de agosto, coincidiendo con el aumento de presencia de grupos en el entorno fronterizo. “Si vuelve a ocurrir y seguimos sin autorización para usar medios de disuasión, estaremos igual de desbordados”, advierten. Y recuerdan que no todas las entradas a la ciudad autónoma se hicieron ese día a través del mar por lo que consideran que sí podrían haber hecho uso de medidas de disuasión en la frontera.

