Las primeras horas tras el intento de desalojo de la playa del Trampolín han dejado un escenario de improvisación en Ceuta. Mientras los campamentos de Loma Colmenar y Loma Margarita se saturan, agentes destinados en la zona aseguran que Interior no ha emitido “órdenes operativas” respecto a los migrantes y que la instrucción verbal recibida ha sido “dejadlos deambular”. Cientos de migrantes han vuelto a ocupar playas, calles y accesos ante la falta de directrices claras.
Campamentos al límite
Los recursos temporales habilitados por el Gobierno -el embolsamiento de Loma Colmenar, con capacidad para 1.500 personas, y Loma Margarita, con 400 plazas en instalaciones militares– han seguido recibiendo migrantes desde primera hora de la mañana. Más de 300 jóvenes han accedido en las últimas horas a las carpas de Colmenar, donde se han instalado literas tipo hamaca, baños y puntos de comida gestionados por entidades del tercer sector como Engloba y ACCEM.

Los agentes desplegados aseguran que se trata de un “ambiente controlado”. Según destacan a Artículo 14 “se están comportando bien y las instalaciones no están mal”, explican. A los recién llegados se les ha informado de que el recurso no es un centro de retención: pueden salir entre 10:00 y 22:00 horas, pero fuera de ese horario no se permiten entradas ni salidas. Los menores no pueden acceder y se busca un espacio alternativo para ellos.
Las protestas de los vecinos se han vuelto a hacer presentes de hecho, según ha podido confirmar Artículo 14 varios migrantes que deambulaban por la barriada y que habían generado tensiones en los últimos días han sido conducidos al campamento.

La entrada al campamento es “voluntaria” aunque cuenta con unas mejores condiciones que estar a la intemperie de la playa de El Trampolín. Había nervios por parte de los migrantes que se agolpaban a la entrada y muchos terminaron invadiendo la carretera desoyendo las indicaciones que les daban los policías.
En Loma Margarita, las instalaciones militares en obras, permanecen los que aceptaron voluntariamente dejar la playa. Allí hay 400 plazas, y se espera que otros puedan pasar al CETI o a la Hípica cuando se habiliten nuevas carpas.
“Improvisación”
Fuentes policiales consultadas aseguran que Interior por un lado no les había emitido ninguna orden operativa clara. “Es un caos. Estamos jugando al gato y al ratón, no tenemos nada en claro de qué hay que hacer”.

Por un lado se les había indicado que concentraran en un punto de la playa de El Trampolín a los migrantes que habían ocupado de nuevo este espacio público y, después “que deambulen sin más, libres. No hay instrucciones claras, explican agentes destinados en la zona.
Esa ausencia de directrices ha provocado que decenas de migrantes ya estén de nuevo asentados en la playa después de intentar, sin éxito reanudar la limpieza. Otros han bajado del monte y se han instalado también en la arena donde después de que los operarios hayan limpiado la zona han vuelto a extender sus campamentos. “Hay quien teme que ir a los espacios que se están habilitando suponga su expulsión”, advierten fuentes sobre el terreno.

Las primeras horas del movimiento de migrantes han evidenciado que, pese a las 1.800 plazas anunciadas por la ministra Elma Saiz, la ciudad sigue sin capacidad real para contener los desplazamientos. Los campamentos no absorben a todos los que permanecen en situación de calle y solo “están recolocando personas”.
La Policía mantiene presencia en los accesos y en las playas, pero admite que no puede impedir que quienes quedan fuera vuelvan a ocupar arenales, calles o zonas de monte.
“Sin órdenes operativas, solo podemos vigilar”, resumen los agentes.

