El entorno de la verja, ya inexistente, entre Gibraltar y España, está atestado de gente que quiere presenciar el momento histórico. Inma y Adelaida esperan para comprar en el mercado provisional, al lado de la frontera, comentando cómo sus padres tuvieron que emigrar en 1969 para ganarse la vida fuera de La Línea por el cierre fronterizo. Hoy el ambiente es el opuesto. Los vecinos de ambos lados se abrazan para celebrar que se acaban, por fin, los controles policiales.
El hijo de Inma trabaja y vive en Gibraltar. Su padre, antes del cierre de 1969, fue despedido. Había trabajado en Gibraltar desde los 25 años. “Nosotros hemos vivido bien y hemos tenido de todo gracias a Gibraltar, porque en España eran otros tiempos. Ahora tengo a mi hijo trabajando allí”, afirma Inma a Artículo14.

“Yo me he acordado de mi padre, que se tuvo que ir al Puerto de Santa María cuando cerró la frontera. Le dieron un trabajo, pero tuvimos que emigrar”, asegura Adelaida.
Sin controles
Las cabinas de Policía Nacional y Guardia Civil, ya vacías, dan testimonio de un tiempo ya pasado que nadie olvida. Diego y Márquez, dos linenses, uno de ellos residente en Gibraltar, se abrazan. Ambos pertenecen a Ascteg, la Asociación de Trabajadores Españoles en Gibraltar. La familia de Márquez vivió momentos duros con el cierre fronterizo y por eso hoy está emocionado. “Esto es una alegría impresionante”, dice.

El portavoz de Ascteg, Juan José Uceda, reconoce su alegría porque “ha sido tan injusto, ha sido esa frontera tan inhumana, ha causado tanto daño a tantísimas personas día y noche, por motivos también políticos, que llegado a este momento no tenemos más que relajarnos, alegrarnos y decir que de los acuerdos, aunque este fuera el único punto que llegase a funcionar, ya sería el inicio para conseguir otras cosas”.
Antonio Cañete está frente al Peñón, con los ojos llorosos. “Mi padre no emigró porque creó una empresa en Sotogrande, pero miles de linenses se tuvieron que ir a Barcelona, Zaragoza, Bilbao… Yo siempre soñé con este momento”, se emociona Cañete.

“Tenemos que respetar al pueblo de Gibraltar, y también los gobiernos tienen que respetar al pueblo de La Línea, que siempre ha estado abandonado. Aunque La Línea y Gibraltar somos hermanos, había una distancia entre nosotros. Ahora esto va a ser bueno para nuestros hijos. Va a ser el futuro”, augura.
