A pesar de su reducida superficie (6,8 km²) y población (30 000 habitantes), la ubicación geográfica del Peñón le otorga un indudable interés geopolítico para Londres.
Cabe recordar que este territorio constituye la puerta de entrada al Mediterráneo desde el lado atlántico, que solo unos pocos kilómetros lo separan de Marruecos y que se encuentra en la ruta hacia Oriente Medio y el océano Índico, conectados por el canal de Suez en el extremo oriental del Mediterráneo.
Durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, Gibraltar desempeñó un papel importante. El Peñón alberga una base aérea militar y una base naval utilizada para escalas, reabastecimiento y reparación de submarinos nucleares, en particular británicos y estadounidenses, desplegados en el Mediterráneo. Se trata de una función que Gibraltar sigue manteniendo en la actualidad.
Además, desde 1982, el estatuto internacional del estrecho de Gibraltar autoriza a cualquier Estado a sobrevolar y navegar por la zona sin necesidad de informar por ello a España o a Marruecos. Para Gran Bretaña, este puesto de avanzada en el Mediterráneo es esencial, especialmente ante la inestabilidad en el Sahel y las amenazas actuales como el islamismo y los tráficos de todo tipo, pero también para sus operaciones militares en el Golfo.

A esto se suma la importancia del Mediterráneo para el tránsito de una gran parte del petróleo y del gas natural necesarios para Europa occidental, y en particular para Gran Bretaña. Por lo tanto, huelga decir que Londres está profundamente vinculada a su total soberanía sobre el territorio.
Símbolo histórico y puesto fronterizo que separa el enclave británico de Gibraltar de la ciudad española de La Línea de la Concepción, la verja de Gibraltar se ha ido oxidando con el tiempo.
El tiempo de un viejo tratado, el de Utrecht en 1713, que cedió formalmente Gibraltar a la Corona británica tras la guerra de Sucesión española. Se instauró entonces una zona neutra entre ambos territorios. En 1909, para consolidar su posición, el ejército británico levantó una verja en medio de dicha zona neutra.

El tiempo de un régimen, el de Franco, que impuso un bloqueo en 1969 contra la colonia británica, aislándola mediante el cierre total de la frontera. Cuestionando la soberanía británica, el «generalísimo» ordenó el cierre hermético total de la verja. Se cortaron las comunicaciones telefónicas, se cerró la frontera y los trabajadores españoles tuvieron que elegir entre permanecer en España y perder su empleo, o instalarse en el Peñón. La verja permaneció cerrada hasta 1985, un año antes de la adhesión de España a la Unión Europea.
El tiempo de la Unión Europea. Tras la apertura de la frontera, diversos acuerdos flexibilizaron el paso, permitiendo cruzar diariamente a miles de trabajadores transfronterizos. Gibraltar entró en la Comunidad Europea al mismo tiempo que el Reino Unido, en 1973. Sin embargo, se trataba de una región específica dentro de la Unión, en la medida en que no se aplicaba la totalidad del derecho comunitario. Gibraltar estaba excluido, en particular, de la Unión Aduanera, de la obligación de facturar el impuesto sobre el valor añadido (IVA), de la política comercial común, de la política agrícola común y de la política pesquera común. Este estatuto jurídico particular planteó importantes problemas de índole fiscal, de transparencia de los mercados financieros y de contrabando. Al ser un territorio británico, tampoco pertenecía al espacio Schengen. En cambio, Gibraltar debía participar, entre otras, en la política medioambiental común y en la política de transportes. Además, desde 1999, los gibraltareños disponen del derecho de voto en las elecciones europeas. Desde la adhesión española a la Unión, las tensiones entre Madrid y Londres a propósito de Gibraltar se habían suavizado. No obstante, el conflicto del verano de 2013 relativo a las aguas territoriales de Gibraltar demostró que siguen existiendo fricciones entre ambos países.

El tiempo del Brexit y de las complicaciones que generó para las relaciones comerciales y el movimiento de personas, especialmente en el marco del espacio Schengen. El 23 de junio de 2016, mientras casi el 52% de los británicos decidía salir de la Unión Europea, los gibraltareños votaron en un 96% a favor del «Remain» (permanecer). El Brexit abrió un nuevo debate sobre el futuro de Gibraltar y su relación con Europa.
El tiempo de la era pos-Brexit, que se materializó tras numerosos años de negociaciones concluidas en un tratado histórico que ha suprimido las barreras físicas para garantizar la libre circulación de los cerca de 15 000 trabajadores fronterizos. De hecho, cinco años después del Brexit, el Reino Unido y la Unión Europea dieron un paso simbólico al reanudar oficialmente el diálogo en una cumbre bilateral organizada en Londres el 19 de mayo de 2025. Bajo el impulso del primer ministro laborista Keir Starmer, este primer encuentro de alto nivel desde la salida del Reino Unido de la UE marcó el inicio de una fase de acercamiento pragmático, sin poner en entredicho las líneas rojas del Brexit.
El tiempo, finalmente, del desmantelamiento de la verja, cuya demolición pone fin a la separación terrestre. El desmantelamiento supone la desaparición del último muro en la Europa continental. Las mercancías y las personas circulan libremente entre el enclave británico y España, integrando de facto a Gibraltar en la dinámica de libre circulación europea. El mecanismo de control más allá de la tierra: aunque Gibraltar no se adhiera oficialmente al espacio Schengen, se han implantado medidas específicas para garantizar la seguridad de las fronteras exteriores de Europa.

