No había moral de victoria en la sede central del PSOE, y conforme avanzó el escrutinio se confirmó la peor pesadilla de la candidata María Jesús Montero. Con cerca del 90% del voto escrutado, la exvicepresidenta primera del Gobierno ha perforado su suelo electoral, que en 2022 se situó en 30 escaños.
No ha sido capaz de movilizar a sus potenciales votantes, y apenas ha cosechado 28 escaños. Aunque no sea una sorpresa -confirma las tendencias a las que apuntaban las últimas encuestas-, es un muy mal resultado para un partido que logró contar con 66 actas -en 1982-. Que gobernó Andalucía durante casi 37 años.
Hubo algo de esperanza a primera hora de la noche: la opción de mejorar los resultados de Juan Espadas en 2022 no estaba sobre la mesa, pero sí albergaban el deseo de que el aumento en la participación amortiguara su caída.
En 2022 la participación fue del 56,13%, pero este domingo superó el 64,5%. La campaña de Montero, centrada en los servicios públicos y en particular en la sanidad, partía de la premisa de que lograrían suavizar el impacto en las urnas si lograban fomentar que un mayor número de andaluces acudieran a votar.
De hecho, la participación era la principal variable que copaba la atención de dirigentes andaluces a primera hora de la noche. En Ferraz se mantenían en silencio, y se remitían a la comparecencia de su secretaria de Organización, Rebeca Torró, esta misma noche, para realizar una valoración inicial.
El premio de consolación para los socialistas y para Pedro Sánchez llegaba de manos del PP de Juanma Moreno, que veía extinguirse su mayoría absoluta y se quedaba con 53 escaños, dos por debajo del umbral que le permitiría volver a gobernar sin Vox. Fue la única buena noticia que hallaron en las urnas.
