Juanma Moreno se queda a tres escaños de conseguir la mayoría absoluta. Pierde el “tesoro” en vías de extinción, pero sigue manteniendo en su saca varios galones: Es el primer presidente no socialista de la Junta de Andalucía y el primero que consigue la mayoría absoluta para el PP en el sur, en 2022. Todo ello le valió para ganarse el respeto de los suyos y también de sus rivales.
Pero no todo han sido claros en la historia de Moreno. Aunque parezcan un espejismo, tuvo momentos “muy difíciles”. Un camino pedregoso que recorrió casi en solitario. Tras la era de Javier Arenas en el PP andaluz, se encuentra con un partido ya dividido. Contaba con el aval de Soraya Sáenz de Santamaría, pero no con el de María Dolores de Cospedal, que apoyaba junto a Juan Ignacio Zoido a José Luis Sanz. Pero Mariano Rajoy, finalmente, escuchó los consejos de Arenas. “Eso nunca lo olvidará”, explican quienes le conocen.

Moreno se curtió en el “desprecio y en el desdén” de una parte de su partido y de los medios de comunicación. “Aquello era un régimen de 37 años en los que no había otra cosa que PSOE, en los medios, en el tejido empresarial, en todo. La gente no veía más”, se recuerda, sobre el reto de enfrentarse a un consolidado PSOE andaluz.
A esa dificultad se le suma el coste personal. Cuando toma la decisión de trasladarse a Sevilla en 2014, Moreno disfrutaba de una vida cómoda en Madrid. “Lo tenía todo, podía haber llegado a ministro”, aseguran quienes le conocen. En esa época, Moreno ya había pasado por el Congreso como diputado, por el Senado como senador y también por el Gobierno de Maríano Rajoy como secretario del Ministerio de Sanidad. También lideró Nuevas Generaciones del PP de Málaga, de Andalucía y nacional. También ocupó cargos de responsabilidad en Génova. “Dejó todo el confort y se vino para acá, con todo lo que supuso. Su mujer trabajaba en Madrid y se trasladó ya embarazada”, recuerdan.
Pese a ese largo recorrido profesional, en Andalucía era un gran desconocido por aquel entonces -es catalán de cuna- y tenía la gran tarea de ganar a una entonces todopoderosa Susana Díaz.

Las elecciones de 2015 son su primer reto. Un desafío no superado. Susana Díaz continuó al frente de la Junta y Moreno se dejó 17 escaños respecto a 2012. Ese tiempo en la oposición también fue duro por varios motivos: no termina de entrar por los ojos a los suyos y sus rivales lo utilizan. “Se le veía como un diputado demasiado correcto, sin colmillo”. “Un señorito”, le apodaban en el PSOE.
“Se hace fuerte en las adversidades”, aseguran los que entonces estaban con él. En ese tiempo iba presentándose a los ciudadanos en campaña, haciéndose kilómetros en su furgoneta junto a Elías Bendodo. “La gente no sabía quien era”. “Llegábamos a los pueblos y parecíamos testigos de Jehová, la gente pensaba que predicábamos en el desierto”. “Ha sido muy muy complicado”, recuerdan quienes le conocen.

Con gracia se recuerda hoy que, en 2018, el grado de conocimiento sobre el político tampoco era mayor, y en campaña electoral se hizo viral un vídeo suyo preguntándole a la vaca “Fadie” si le iba a votar. “Di que sí, hombre”. Es ya una tradición. Este jueves, visitó a la nieta de la “vaca talismán”, Blanca. “El año 2018, Fadie fue el que me impulsó hacia el gobierno; en el 2022 hacia esa mayoría suficiente y espero que su nieta, que tiene sus genes, también impulse en este gran objetivo que tenemos de mayoría social”, afirmó.
Con ayuda de la vaca talismán o no, lo cierto es que en 2018 llegó a la presidencia de la Junta de Andalucía de la mano de Ciudadanos y de Vox. El pacto se lo selló Teodoro García Egea, el secretario general de Pablo Casado.

A pesar de que fue el peor resultado del PP, logró acabar con 37 años de gobierno socialistas. En esa campaña, rememoran ahora, contó con el apoyo explícito de un Alberto Núñez Feijóo, por aquel entonces ya presidente de la Xunta de Galicia. “Venías aunque fuese diez minutos a hacer campaña conmigo y eso no lo voy a olvidar nunca”, recuerda en los mitines el propio Moreno. “Sabe quién estuvo con él y quien no”, se incide.
Fue en 2022 cuando Moreno consigue la fórmula mágica. Los 58 escaños que le dan la primera mayoría absoluta del PP en Andalucía y que le consolidan como barón del PP. “Hasta ese momento se seguía dudando de él”.

Es, además, la primera “alegría” que Feijóo recibe tras llegar a Madrid. Es el “califa”, como lo bautizó tras amarrar la victoria. Es en ese momento, cuando reúne a los suyos, pide “que no se les vaya la cabeza”. “Moderación”, receta. Una vía andaluza, hoy vigente, que ha vuelto a ser la fórmula para una nueva absoluta. Para él, significa que “Andalucía ha despertado”.
Su perfil moderado, templado y de éxito también ha causado algunos recelos. De cara a su futuro. Se le sitúa en una eterna disputa con Isabel Díaz Ayuso por el futuro poder orgánico del PP tras la era Feijóo. Él hace oídos sordos y siempre pone en valor su “amistad verdadera” con el dirigente gallego. Veremos, sugieren internamente. La partida más inmediata es la de si se ve o no como ministro de un futuro gobierno de Feijóo. Su nombre suena en todos los mentideros madrileños. “Él ya sabe lo que es estar en Madrid”, aplacan en su entorno.
