Patricia Rodríguez (49 años) es diputada por Ávila en el Congreso de los Diputados. Fue jugadora profesional de voleibol entre los 18 y los 28 años, capitana del equipo de su ciudad en Superliga y competición europea, y de ahí pasó a una lista municipal casi por casualidad. Hoy es portavoz de la Comisión de Igualdad en el Congreso y candidata a la alcaldía de Ávila.
“Yo empecé en la política de una manera un tanto diferente a los demás”, reconoce. En su familia y entorno no había nadie dedicado a la actividad pública ni vínculo alguno con ella. El detonante fue un amigo al que recuerda con afecto, Alberto Pindado, fallecido muy joven en un accidente, que la llamó para afiliarse a Nuevas Generaciones. “Yo acepté porque en la familia sí que teníamos claro cuál era nuestra ideología, él me pidió ayuda y yo acepté”.
En 2003, el entonces candidato a la alcaldía de Ávila, Miguel Ángel García Nieto, la llamó para acompañarle en las listas. Empezó como concejala de Deportes, un arranque que describe como “lo más bonito que le puede pasar a una persona”.

La realidad política, sin embargo, no se pareció a lo que imaginaba. “Hasta que no entras de concejal no tienes un conocimiento verdadero de la cantidad de cosas que hay en tu ciudad”, señala. Clubes, asociaciones, tejido asociativo, gente que hace cosas por los demás. Esa perspectiva, sostiene, difícilmente se alcanza por otra vía que no sea la política municipal.
Pasó dieciséis años en el Ayuntamiento: primero como concejala de Deportes y Juventud, después de Deportes y Participación, y los últimos ocho como teniente de alcalde de Servicios Sociales e Igualdad. Diplomada en Relaciones Laborales y con un máster en Prevención de Riesgos Laborales, adquirió la condición plena de diputada en agosto de 2023.
La actividad en el Congreso
El salto a la política nacional supuso mucho para ella. “El trabajo del Congreso es 24/7”, resume. Patricia está centrada en la Igualdad, una materia que describe como “tremendamente transversal” porque afecta a muchísimas comisiones. A eso se suman las iniciativas, la labor de control y una tarea legislativa intensa. Le preguntamos por los plenos: “Son broncos”, admite. Pero cree que “deben serlos” porque porque cada grupo defiende su postura.
Pero no todo el trabajo es a cara de perro, admite. Pone como ejemplo su participación en la renovación del Pacto de Estado contra la Violencia de Género, donde el consenso resultó posible pese a que todos tuvieron que ceder: “El bien superior hace que seamos capaces de llegar a consensos”. Es, dice, “esa labor más callada, menos mediática”.
Como portavoz en la Comisión de Igualdad, se pregunta: “¿Existe desigualdad? Yo creo que sí”. Aunque considera que la sociedad está haciendo “un gran esfuerzo” y que las mujeres “ya tienen igualdad de oportunidades en muchos aspectos”. El déficit persiste en la conciliación, según su diagnóstico: “Las tareas del hogar y los cuidados de menores y mayores siguen recayendo mayoritariamente en ellas, y en el momento de la maternidad muchas deben elegir entre su carrera y los cuidados”. Hasta 70% de quienes piden la excedencia por cuidados son mujeres, destaca. No es su caso porque siempre ha contado con una persona corresponsable.
Conciliar siendo diputada le parece “muy complicado”. Las jornadas en las Cortes van desde primera hora de la mañana hasta última hora de la tarde, y obligan a dormir fuera de casa un mínimo de tres o cuatro días. Ella es de Ávila, apunta, y prefiere no imaginar a las compañeras que vienen de más lejos. El tiempo que queda, dice, hay que compensarlo con horas de calidad.
Sobre la paridad, se muestra abiertamente escéptica. Defiende el espíritu de la directiva europea de representación equilibrada, pero critica que el Gobierno haya optado por las listas cremallera: “A mí no me parece que esto vaya precisamente a beneficiar la participación de las mujeres”.
Patricia lo aplica a su propio caso: como candidata a la alcaldía de Ávila, no puede plantear que la número dos de su lista sea también una mujer. Reivindica en cambio el historial de su partido con presidentas en Extremadura y Cantabria y “grandes alcaldesas”.
Fuera del Congreso, vuelve a hablar de ese deporte que tanto le gusta. Le gusta el deporte colectivo, el pádel cuando surge y caminar. También le encanta leer. Este verano devoró novela negra “La chica del lago” de Mikel Santiago, entre otras. ¿Otra de sus pasiones? Acompañar a su hijo a sus partidos de fútbol.
Le preguntamos para qué sirve la política. “Para transformar y mejorar la vida de los ciudadanos”, contesta segura. Cierra la conversación con Artículo14 citando a la Madre Teresa de Calcuta: “Quien no sirve para servir, no sirve para vivir”.

