Más allá de los Javis

Clara Roquet, la cineasta que mira la desigualdad a los ojos

Guionista de algunas de las mejores películas españolas de la última década y directora premiada con el Goya por 'Libertad', la catalana ha hecho de la clase social, el privilegio y la amistad entre mujeres el corazón de un cine tan delicado como político

Clara Roquet, la cineasta que mira la desigualdad a los ojos
Clara Roquet, la cineasta que mira la desigualdad a los ojos
Montaje: kiloycuarto

Hubo un tiempo en que el nombre de Clara Roquet (Malla, Barcelona, 1988) aparecía en los créditos, pero no en los carteles. Antes de dirigir, fue —y sigue siendo— una de las guionistas más finas del cine español. Su debut en la escritura fue 10.000 km (2014), la ópera prima de Carlos Marqués-Marcet sobre una pareja a distancia, que coescribió con el director y que arrasó en los Goya a mejor dirección novel de aquel año. Después vinieron Petra, de Jaime Rosales, y Los días que vendrán, de nuevo con Marqués-Marcet. Formada en la Universidad Pompeu Fabra y con un máster de guion en la prestigiosa Universidad de Columbia, en Nueva York, Roquet aprendió el oficio desde la palabra antes de atreverse con la imagen.

Ese recorrido explica buena parte de su cine: es una directora que viene de la escritura, y se le nota en la precisión de sus personajes y en la ausencia total de subrayados. Nada en sus películas grita; todo es sugerencia.

Libertad: el verano en que se cae la venda

En 2021 dio el salto a la dirección con Libertad, estrenada en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes. Es una película de iniciación adolescente, sí, pero también una radiografía afiladísima de la clase social. Cuenta el verano en que Nora, una niña de familia acomodada, entabla amistad con Libertad, la hija de la mujer colombiana que cuida a su abuela. Dos chicas de la misma edad y de mundos opuestos, unidas por una amistad que la desigualdad acaba tensando hasta romper.

La película 'Libertad', dirigida por Clara Roquet
La película ‘Libertad’, dirigida por Clara Roquet

El tema no era ajeno a la propia directora, que nunca ha ocultado desde qué lugar filma. Al recoger el Goya a mejor dirección novel en 2022, Roquet fue explícita: “He podido hacer esta película porque he gozado de ciertos privilegios”. Esa conciencia atraviesa toda la obra. Para ella, la clase no es un destino inamovible, sino algo que se aprende y se hereda casi sin darse cuenta: “La identidad de clase es adquirida”, ha explicado, señalando cómo los privilegios se transmiten de forma tan invisible que quien los disfruta ni siquiera los percibe. Libertad, decía en su estreno, es ante todo “una historia sobre la diferencia de privilegios”.

Lo valiente de la película es que Roquet no se coloca del lado cómodo. En lugar de idealizar a la criada o de condenar a la familia rica, mira la incomodidad de frente: el modo en que el afecto convive con la explotación, en que se puede querer a alguien y, a la vez, mantenerlo en su sitio. La película recibió seis nominaciones a los Goya, incluida mejor película, y confirmó a Roquet como una de las voces más necesarias de su generación.

Los cuidados, la amistad y las mujeres

Si hay un territorio que Roquet ha hecho suyo, es el de las relaciones entre mujeres y el trabajo invisible de los cuidados. Sus historias suelen girar en torno a vínculos femeninos —madres e hijas, amigas, cuidadoras y cuidadas— y a esa economía afectiva que sostiene el mundo sin figurar en ninguna parte. No es casualidad que coescribiera Creatura junto a Elena Martín, ni que ambas formen parte de ese ecosistema de cineastas catalanas —con Carla Simón— que comparten guiones, productoras y una misma voluntad de contar la intimidad femenina sin concesiones.

Roquet defiende, además, una manera de trabajar que va contra el mito del artista atormentado. “La gente buena crea mejor”, afirmó en una entrevista, reivindicando el buen trato, la colaboración y el cuidado también dentro del set de rodaje. En un sector marcado durante décadas por el ego y la tiranía del director-genio, la suya es una declaración casi programática: se puede hacer buen cine sin hacer daño, y quizá se hace mejor.

Fotograma de 'Libertad', de Clara Roquet
Fotograma de ‘Libertad’, de Clara Roquet

Una mirada que incomoda sin gritar

Lo que distingue a Clara Roquet es esa combinación rara de delicadeza formal y contundencia política. Sus películas parecen pequeñas —un verano, una amistad, una casa—, pero debajo laten las grandes preguntas: quién sirve a quién, quién tiene derecho a qué, cómo se hereda el privilegio y cómo se paga la desigualdad. Filma la clase social no como una tesis, sino como una textura: en los gestos, en los silencios, en quién friega y quién descansa.

En apenas una película como directora y una decena como guionista, Roquet ha demostrado que se puede hacer un cine amable en las formas y feroz en el fondo. Su próxima obra como realizadora es una de las más esperadas del cine español, precisamente porque ha convertido la mirada atenta —esa que ve lo que otros prefieren no ver— en su gran herramienta. Y porque, en sus manos, mirar la desigualdad a los ojos nunca es un gesto cómodo, sino un acto de honestidad.

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