Pedro Sánchez ha puesto sobre la mesa uno de los cambios más profundos en el encaje de Ceuta dentro de la Unión Europea desde la incorporación de España al proyecto comunitario. Durante su comparecencia en el Congreso por la crisis de la ciudad autónoma, el presidente del Gobierno ha anunciado que España propondrá su integración en la Unión Aduanera y la obtención del estatus de región ultraperiférica.
Son dos conceptos aparentemente técnicos, pero detrás de ellos existe una transformación económica, fiscal y política de enorme importancia para Ceuta. La ciudad forma parte de España y de la Unión Europea, pero mantiene desde la adhesión española a las Comunidades Europeas un régimen singular que la deja fuera del territorio aduanero comunitario.
Eso significa que, aunque Ceuta pertenece políticamente a la UE, las reglas aduaneras europeas no se aplican allí de la misma manera que en la Península. La Comisión Europea especifica que tanto Ceuta como Melilla se encuentran fuera del territorio aduanero de la Unión, una excepción recogida desde 1985 en el Acta de Adhesión de España.
Qué supondría que Ceuta entrara en la Unión Aduanera
La Unión Aduanera es uno de los pilares sobre los que se construyó el mercado europeo. Los países que forman parte de ella aplican unas reglas aduaneras comunes y permiten la libre circulación de mercancías dentro de ese territorio, además de mantener un arancel exterior común frente a productos procedentes de terceros países.
Ceuta permanece actualmente fuera de ese espacio. Por eso, los movimientos comerciales entre la ciudad y el territorio aduanero europeo están sometidos a formalidades específicas, aunque existen mecanismos preferenciales que permiten que determinados productos originarios de Ceuta o de la propia Unión disfruten de exenciones de derechos de aduana.
La integración que propone Sánchez cambiaría ese modelo. Ceuta pasaría a formar parte del territorio aduanero europeo y quedaría incorporada de manera mucho más profunda al mercado comunitario. Para las empresas podría traducirse en una simplificación del comercio con la Península y otros países europeos, mientras que la frontera exterior cobraría todavía mayor importancia desde el punto de vista comercial.
No es, además, una posibilidad improvisada. El propio Acta de Adhesión de España contempla que, a petición del Gobierno español, el Consejo pueda decidir incluir a Ceuta y Melilla en el territorio aduanero comunitario. Sin embargo, la medida no depende únicamente de Madrid: requiere una propuesta de la Comisión y el acuerdo unánime del Consejo.
Entrar en la Unión Aduanera no significa necesariamente tener IVA

Una de las principales dudas afecta al régimen fiscal especial ceutí. Actualmente, Ceuta no aplica el IVA peninsular, sino el Impuesto sobre la Producción, los Servicios y la Importación (IPSI), un tributo indirecto propio de Ceuta y Melilla.
La entrada en la Unión Aduanera no supone por sí misma que este sistema tenga que desaparecer. El ejemplo más cercano está en Canarias. El archipiélago pertenece al territorio aduanero de la Unión Europea pero está fuera del ámbito del IVA comunitario y conserva un impuesto indirecto propio, el IGIC.
Por tanto, una eventual incorporación de Ceuta exigiría negociar las condiciones concretas y las excepciones aplicables. La pertenencia al territorio aduanero y la pertenencia al territorio fiscal del IVA son cuestiones distintas, algo especialmente relevante ante cualquier modificación del actual régimen económico y fiscal de la ciudad.
Qué significa convertirse en región ultraperiférica
La segunda propuesta de Sánchez tiene un alcance todavía mayor. Una región ultraperiférica es un territorio plenamente integrado en la Unión Europea al que los tratados reconocen unas circunstancias estructurales especiales que dificultan su desarrollo económico y social.
Actualmente existen nueve regiones ultraperiféricas en la UE: Canarias en España; Madeira y Azores en Portugal; y Guadalupe, Guayana Francesa, Martinica, Mayotte, Reunión y San Martín en Francia. Ceuta no forma parte actualmente de este grupo.
El artículo 349 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea permite establecer medidas específicas para estas regiones debido a factores como su lejanía, reducido tamaño, insularidad o dificultades económicas estructurales. Esas medidas pueden afectar a ámbitos tan relevantes como la fiscalidad, las aduanas, las ayudas de Estado, las zonas francas, el abastecimiento, la agricultura, la pesca o el acceso a determinados fondos y programas europeos.
Convertirse en región ultraperiférica ofrecería así a Ceuta una base jurídica mucho más sólida para defender excepciones y políticas adaptadas a sus características particulares. Su reducido territorio, su separación de la Península y, especialmente, su condición de frontera terrestre de la Unión Europea con Marruecos configuran una situación prácticamente única dentro del espacio comunitario.
Eso no significa que las ayudas o ventajas fueran automáticas. Bruselas tendría que determinar posteriormente qué medidas específicas se aplicarían y cómo se adaptarían las políticas europeas a las circunstancias ceutíes.
Un cambio mucho más complejo de lo que parece

El anuncio de Sánchez debe entenderse, por tanto, como el comienzo de un proceso político y europeo, no como una transformación inmediata. Ceuta no se ha convertido este jueves en región ultraperiférica ni ha entrado todavía en la Unión Aduanera.
Además, conseguir ambos objetivos presenta dificultades diferentes. La incorporación aduanera ya dispone de una vía recogida expresamente en el Acta de Adhesión española. El reconocimiento como región ultraperiférica resulta jurídicamente más complejo porque Ceuta no aparece entre los territorios enumerados en el artículo 349 del Tratado europeo, por lo que sería necesario modificar su actual encaje comunitario.
La combinación de ambas propuestas dibuja, en cualquier caso, una estrategia clara: integrar mucho más profundamente a Ceuta en Europa sin renunciar necesariamente a sus singularidades. La Unión Aduanera acercaría económicamente la ciudad al mercado europeo; el estatus especial permitiría, al mismo tiempo, reclamar medidas adaptadas a una realidad territorial excepcional.
En plena crisis de Ceuta, Sánchez ha llevado así el debate mucho más allá de la inmigración y la seguridad fronteriza. Si la propuesta prospera en Bruselas, lo que estaría en juego sería una redefinición del modelo económico y europeo de la ciudad autónoma para las próximas décadas.

