Hay en España una especie que merece figurar en los manuales de Historia Natural junto al lince ibérico y al quebrantahuesos. Es el cónyuge inocente, una criatura que comparte techo, mesa, colchón, vacaciones y hasta la cuenta corriente, pero a la que la Divina Providencia concede el raro privilegio de ignorar de dónde procede tanto bienestar. Sonsoles Espinosa se permitió una serenidad casi monástica. Por delicadeza o tal vez embelesada con su música, nunca preguntó ni pareció interesarse por asuntos tan banales como el origen del dinero. Fue una esposa presidencial poco común. No concedió entrevistas ni tuvo la tentación de asomarse al balcón del poder. Su empeño era seguir siendo simplemente profesora de música, soprano y madre de familia.

Sin embargo, el nombre de esta segunda dama que nunca quiso serlo aparece ahora cada vez que se habla de caja fuerte, joyas, investigación judicial, registros, sociedades mercantiles e imputaciones. No existe una conclusión sobre su responsabilidad. La causa continúa abierta y serán los tribunales quienes determinen los hechos, pero la figura discreta que España conoció hace veinte años se ha resquebrajado en solo unas semanas.
Las almendras fritas, el mayor lujo (aparentemente)
Es interesante volver la vista a aquella etapa en Moncloa. Mientras la política española discutía reformas, estatutos o crisis económicas, ella libraba batallas de tipo doméstico. Exigía verduras todos los días para cenar. Ni fritos, ni nata, ni dulces. El histórico jefe de cocina del Palacio recordaría después que sus instrucciones acabaron convirtiéndose en una rutina inamovible. El gran lujo gastronómico del matrimonio no era el caviar ni las ostras, sino las almendras fritas de Zapatero que preparaba para él el personal de cocina.
Sonsoles cuidaba la voz y evitaba el aire acondicionado porque temía que pudiera afectar a sus cuerdas vocales. Durante el Gobierno de Zapatero, siguió cantando en el coro y ensayando. Se resistió a cambiar su profesión por una agenda institucional propia. Tan reservada era que incluso ordenó mantener cerrada la puerta que comunicaba la vivienda familiar de La Moncloa con la zona de trabajo de Comunicación, una decisión con la que conseguía separar el hogar del poder.
Su mayor obsesión era proteger a Laura y Alba. Pocas familias presidenciales blindaron tanto la intimidad de sus hijos como los Rodríguez Espinosa. El episodio que rompió el anonimato fue la famosa fotografía junto a Barack y Michelle Obama durante un viaje oficial a Nueva York. Aquella imagen convirtió a dos adolescentes en objeto de burla por su estética. Desde entonces fueron las hijas góticas de Zapatero. Después, sus padres volvieron a levantar un muro hoy hecho trizas por su condición de imputadas en el procedimiento relacionado con el caso Plus Ultra. La investigación deberá aclarar el alcance de su participación como administradoras de la sociedad What The Fav, y las responsabilidades que, en su caso, puedan derivarse.

Si alguien hubiera preguntado hace apenas unos meses cuál era el objeto menos afín a la imagen de Sonsoles, probablemente la respuesta habría sido un joyero de alta gama. Las fotografías de archivo la muestran siempre con pendientes discretos, alguna perla, un reloj sobrio y poco más. Esa austeridad se repetía en su vestimenta. Por eso el hallazgo de una caja fuerte con más de un centenar de piezas de joyería sorprende todavía más. Serán los tribunales los que determinen si responden a una conducta delictiva, pero de momento rompen de manera brusca esa idea de frugalidad.
Resulta inevitable acordarse estos días de Miguel Sebastián. El entonces ministro de Industria también recibió un joyero de Arabia Saudí durante un viaje oficial. No era precisamente una cajita de bisutería. Incluía reloj, anillo, pulsera y pendientes con piedras preciosas. Nadie sabía muy bien qué hacer con semejante obsequio hasta que consultó con el Ministerio y decidió depositarlo en una vitrina oficial. Allí asegura que continúa.
En el caso de Zapatero, la versión trasladada por su entorno defiende que esas piezas pertenecían a Sonsoles y procedían de herencias familiares y de regalos recibidos en distintos viajes oficiales. Precisamente ese origen y el tratamiento que recibieron forman parte ahora de las cuestiones que la investigación deberá esclarecer.

La causa ha seguido avanzando por otros caminos. La investigación analiza también distintos movimientos patrimoniales. Entre ellos figura la cancelación anticipada de una hipoteca por importe cercano al medio millón de euros, una operación en la que aparece el nombre de Sonsoles y cuyo alcance jurídico forma parte de las diligencias. Algunos analistas han apuntado incluso la posibilidad de que pudiera discutirse su condición de partícipe a título lucrativo, una hipótesis que, en todo caso, deberá ser valorada exclusivamente por los tribunales si llegara a plantearse.
Desde el entorno del expresidente, describen a una mujer muy afectada. No resulta difícil imaginarlo. La política enseña a soportar la crítica, las caricaturas y las derrotas electorales, pero en la justicia las convicciones personales pesan muy poco frente las pruebas. Hay asuntos que admiten poca broma, pero cuesta resistirse a la imagen de Sonsoles cenando unas acelgas mientras, en algún cajón o una caja fuerte, dormía un tesoro digno de un joyero de la Quinta Avenida.

