Astrónomos identifican estrellas verdes y rosas y explican por qué cambia su color

Un estudio demuestra que la composición de sus atmósferas puede hacer que algunas parezcan verdes, rosas o amarillas

Estrellas enanas blancas - Sociedad
Ilustración que muestra una enana blanca.
NASA, ESA, JOSEPH OLMSTED (STSCI)

Las estrellas enanas blancas no siempre son tan blancas como indica su nombre. Una nueva investigación de la Universidad de Warwick ha demostrado que algunos de estos densos restos estelares podrían parecer verdes, rosas, amarillos, cian o incluso púrpura si fuera posible contemplarlos de cerca con nuestros propios ojos.

El estudio, publicado en la revista científica RAS Techniques and Instruments, ha analizado cómo percibiría la visión humana la luz emitida por diferentes estrellas enanas blancas. El resultado rompe con la imagen tradicional que las presenta fundamentalmente en tonos blancos o azulados y revela que su composición atmosférica puede alterar profundamente su apariencia.

El caso más llamativo es WD J1330+6435, una enana blanca cuya luz tendría un tono verde chartreuse. Los investigadores consideran que representa una de las primeras evidencias sólidas de que una estrella puede adquirir realmente una tonalidad verde perceptible.

Por qué algunas estrellas enanas blancas cambian de color

En la mayoría de las estrellas, el color está relacionado principalmente con la temperatura. Las más frías tienden hacia tonos anaranjados, mientras que estrellas como el Sol parecen blancas y las más calientes adquieren una tonalidad azulada. Durante mucho tiempo se asumió que las estrellas enanas blancas obedecían básicamente a la misma regla.

La nueva investigación muestra que la realidad puede ser bastante más compleja. Las atmósferas de las enanas blancas más frías pueden alcanzar densidades cercanas a un gramo por centímetro cúbico, aproximadamente la densidad del agua y millones de veces por encima de la fotosfera solar.

En esas condiciones extremas, elementos como el carbono, el calcio o el sodio interactúan con el plasma de helio y pueden absorber franjas muy amplias del espectro visible. El resultado es que desaparece una parte de la luz que normalmente recibirían nuestros ojos y el color aparente de la estrella cambia.

«La mayoría de las estrellas, incluidas la mayoría de las enanas blancas, se comportan como “radiadores perfectos”, por lo que su color está determinado casi exclusivamente por la temperatura», explica Mark Hollands, investigador de la Universidad de Warwick y responsable principal del trabajo.

Una estrella verde provocada por restos de su antiguo sistema planetario

WD J1330+6435 ofrece el ejemplo más extraordinario encontrado por el equipo. Esta enana blanca tiene una temperatura efectiva de unos 4.240 Kelvin, equivalente aproximadamente a 4.000 grados Celsius, y su atmósfera contiene calcio, litio y sodio procedentes de material rocoso que habría pertenecido a su antiguo sistema planetario.

Precisamente el sodio es responsable de su apariencia. Este elemento absorbe una gran cantidad de luz en las regiones amarillas, naranjas y rojas del espectro. Al desaparecer buena parte de esas longitudes de onda, la luz restante de esta enana blanca se percibiría como un verde fantasmal.

«Los restos de sodio en la atmósfera de esta enana blanca absorben la parte naranja del espectro, dejando tras de sí un resplandor verde fantasmal. Imagínense estar en un planeta mirando una estrella verde. Parece sacado de una película de ciencia ficción», señala Hollands.

El estudio identifica además otras estrellas enanas blancas con tonos verdes más suaves, lo que refuerza la idea de que este color no es simplemente una anomalía del modelo aplicado a WD J1330+6435.

Enanas blancas rosas, amarillas y de color salmón

El verde no es la única sorpresa. Las estrellas enanas blancas ricas en carbono pueden adquirir colores rosas o púrpuras, mientras que aquellas cuyas atmósferas han quedado contaminadas por los restos de asteroides, cometas o antiguos planetas tienden en algunos casos hacia tonalidades amarillas.

Uno de los objetos más extremos es WD J1011+2845, situado a apenas 48 años luz de la Tierra. En este caso, una zona de convección ha transportado carbono desde las capas interiores hacia la superficie. Las moléculas resultantes absorben gran parte de la luz por debajo de los 600 nanómetros y dejan un intenso tono rosa salmón.

Los científicos consideran que podría tratarse de una de las estrellas más rojas conocidas desde el punto de vista de cómo percibiría su luz el ojo humano.

Una de cada 30 podría tener un color inesperado

Para determinar hasta qué punto son frecuentes estas peculiaridades, los investigadores estudiaron las 152 estrellas enanas blancas conocidas dentro de un radio de 20 pársecs, aproximadamente 65 años luz, alrededor del Sistema Solar.

Cinco mostraron colores significativamente diferentes de los que corresponderían a una estrella que emitiera únicamente en función de su temperatura. La estimación resultante indica que alrededor del 3,4% de las enanas blancas, aproximadamente una de cada 30, podría presentar tonalidades especialmente inusuales.

La investigación también desmonta otra imagen habitual. La temperatura de color mediana de la muestra se sitúa en unos 6.768 Kelvin, muy próxima al blanco que percibe el ojo humano. Las estrellas enanas blancas azules aparecen sobrerrepresentadas en numerosos estudios simplemente porque las más calientes son también más luminosas y pueden observarse desde distancias mayores.

La paradoja final es que el nombre continúa siendo bastante acertado. Hay enanas blancas verdes, rosas, amarillas o cian, pero cuando se estudia una población representativa, la enana blanca promedio es, efectivamente, blanca.

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