En el Colegio Salesianos de Atocha, en Madrid, las clases llevan días cediendo su espacio a algo distinto. Los pupitres han desaparecido, los pasillos se han llenado de sacos de dormir y carteles de bienvenida, y en los campos de fútbol sala —calculados al milímetro, unos 360 personas por campo— se espera a cientos de jóvenes llegados de toda España. “El esfuerzo más grande ha sido pensar cómo lo hacemos”, resume Lauro Martín, director del Centro Juvenil y responsable de la acogida en el centro. “Luego, en realidad, es coger a la gente, despejar las clases y gestionar la basura, ¡y listo!”.
El colegio se ha convertido en uno de los cuarteles generales del Movimiento Juvenil Salesiano para estos días. En total, el centro acogerá a unas 1.800 personas entre las noches del viernes y el sábado: 800 en el interior de los edificios —repartidos entre el ala de secundaria y la de bachillerato, con capacidad para 500 y 300 personas respectivamente— y el resto al raso, en los campos de deportes. “Unos vienen de Huesca, otros de Córdoba, del colegio de Triana, de Puertollano, de Guadalajara, de Coruña, de Santiago…”, enumera Martín. A ellos se suman grupos de las diócesis de Logroño, Málaga, Granada y Burgos, entre otras. «¡Nos ha tocado gente de toda España!”, dice.

La logística es milimétrica. La diócesis ha instalado baños químicos en el exterior. El colegio ha habilitado 250 puntos de carga para móviles —”para 1.800 no sé lo que va a ser eso, pero algo hará”, admite Martín con humor— y un servicio de desayunos y comidas para la mañana del sábado, cuando todos los grupos confluirán en el centro antes de dirigirse juntos a los actos del Papa. La basílica del colegio, abierta hasta las tres de la madrugada, ofrecerá confesión y adoración al Santísimo para quien quiera. “El que quiera estar durmiendo, que esté durmiendo. El que quiera estar rezando, que esté rezando”, dice Martín. Sin imposiciones y sin protocolo.
La escena se repite, con variaciones, en decenas de parroquias, colegios e instituciones de las tres sedes de la visita: Madrid, Barcelona y Canarias. En total, más de 21.700 personas se han inscrito como voluntarias para hacer posible un acontecimiento que moverá a cientos de miles. Solo en Madrid la cifra ronda los 18.000, y la gestión de las solicitudes ha sido, según Jesús Pascual, responsable de Comunicación del voluntariado en la capital, “intensa y complicada”, porque la respuesta ha superado “todas las expectativas”. El perfil es transversal: de 16 a 80 años, con un “grupo muy grueso de jóvenes y una mayoría femenina que supone el 60% de los inscritos”.
Entre quienes han dado un paso más allá está Luis, un jubilado de casi 75 años vinculado durante más de tres décadas a la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe. Al verse “un poco mayor” para los servicios de orden o de acompañamiento en los eventos multitudinarios, optó por ofrecer lo que sí podía dar: su casa. “Todos somos Iglesia y todos somos peregrinos en esta vida”, explica, él que ya ha peregrinado al Camino de Santiago y al Camino Lebaniego. También Elisa, de la Diócesis de Alcalá de Henares, ha abierto su hogar a peregrinos desconocidos con una frase que resume el espíritu de estos días: “Espero que mi casa pueda acoger a mi familia de la Iglesia”.

María, de 22 años y estudiante, estará en la vigilia de la plaza de Lima y en la misa de Cibeles. Ya conocía el voluntariado desde la Delegación de Infancia y Juventud del Arzobispado, pero quería más. ¿Lo que la mueve? “Todos los corazones y todas las almas que el Papa va a tocar”, dice para explicar su decisión. Lucía, de 23 años, lleva consigo una espinita: no pudo asistir al encuentro con voluntarios en el Jubileo de Roma del verano pasado. Ahora estará “a pie de calle” durante la procesión del Corpus y, sobre todo, espera el acto de clausura en IFEMA, donde el Papa se despedirá de los voluntarios antes de partir hacia Barcelona.
En la Ciudad Condal, donde León XIV estará los días 9, 10 y 11 de junio, la cifra de voluntarios es de unas 900 personas, concentradas en los actos de mayor afluencia: la misa en el Estadio Olímpico Lluís Companys y el encuentro en la Sagrada Familia. Entre ellas, las hermanas Cristina y Teresa del Hierro, de 25 y 26 años, integrantes de la Iglesia Joven de Barcelona. Para ellas, la visita representa “un mensaje de esperanza y unidad” y una oportunidad de mostrar la vitalidad de una Iglesia joven que muchas veces no aparece en los titulares. Cristina asistió al Jubileo de Roma este verano y esa experiencia la empujó a implicarse ahora en Barcelona: quiere que otros jóvenes tengan “la oportunidad de tener esta figura tan cerca”.
En Canarias, donde el Papa visitará Gran Canaria y Tenerife los días 11 y 12 de junio, los voluntarios son 2.800. Eloína García, de 70 años y colaboradora habitual de la Diócesis de Canarias, gestiona inscripciones y acreditaciones con la experiencia de quien lleva años en esto. “Que un Papa visite Canarias, que somos tan chiquititas y tan poquita cosa, es importantísimo”, dice. “Quedará en los anales de la historia”. Silvia González, de 19 años, coordinará grupos de voluntarios en Tenerife; Francesca Torre, de 35, dice que es “un momento único” para servir, después de haber participado en encuentros con anteriores pontífices en Lisboa y Roma.
Jesús Pascual lo resume con una imagen sencilla: “El Papa a cargar las pilas de toda la sociedad en general”. Detrás de esa carga hay miles de personas que llevan semanas durmiendo poco, organizando mucho y esperando un momento que, dicen todos, merece cualquier esfuerzo.
