Nacido el 15 de junio de 1947 en Mosteiro, en el municipio lucense de Pol, fue considerado un cronista esencial desde los inicios de la Transición española y una de las voces periodísticas más influyentes y respetadas del país, reconocida por su rigor, independencia y neutralidad, además de convertirse en una figura clave del movimiento sénior.
La capilla ardiente se instalará mañana miércoles en la Casa de Galicia en Madrid, donde permanecerá abierta entre las 10:00 y las 21:00 horas.
Fernando Ónega solía recordar sus orígenes humildes como “un niño de aldea, hijo de agricultores”. Contaba que en la radio de su padre escuchaba emisoras clandestinas como Radio Pirenaica o Radio Moscú, y que su vocación periodística surgió tras abandonar el seminario a los 15 años. Gracias a su hermano comenzó a escribir una página semanal en el diario El Progreso de Lugo, donde tuvo la oportunidad de entrevistar a numerosos artistas que actuaban en el Gran Teatro.
Según destacó el medio que presidía, su pasión por el periodismo se mantuvo intacta hasta el final de su vida y fue transmitida también a la siguiente generación. De sus tres hijos —Fernando, Cristina y Sonsoles Ónega— las dos últimas desarrollaron destacadas trayectorias en el ámbito de la comunicación, especialmente en televisión.
Aunque inició su carrera profesional en Galicia, fue en Madrid donde experimentó un ascenso meteórico que lo llevó, en pocos años, a convertirse en director de prensa de la Presidencia del Gobierno durante el mandato de Adolfo Suárez. Allí participó en la redacción de numerosos discursos, entre ellos el célebre “Puedo prometer y prometo”, convertido en uno de los símbolos de la Transición y que inspiró posteriormente la sección radiofónica “Puedo opinar y opino”, que mantuvo durante tres décadas en el programa Más de uno, dirigido por Carlos Alsina.
Su experiencia durante aquellos años quedó reflejada en el libro Puedo prometer y prometo: Mis años con Adolfo Suárez (Plaza y Janés, 2013), una obra a medio camino entre la crónica y la biografía en la que reconstruyó la dimensión política, personal y humana del expresidente, incorporando además vivencias propias y testimonios relevantes, incluido el del rey Juan Carlos I.
Esa etapa histórica le permitió conocer de primera mano el funcionamiento del poder y tratar con figuras decisivas de la política española, como Santiago Carrillo, Felipe González o el propio Suárez.
Uno de los momentos más relevantes de su trayectoria fue la cobertura del intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, cuando ejercía como director de informativos de la Cadena SER. Años después recordaría que aquella retransmisión marcó su auténtico debut radiofónico y supuso un punto de inflexión para el periodismo español al mantener informada a la ciudadanía tras décadas de dictadura.
Tras una extensa carrera en prensa, radio y televisión, decidió retirarse voluntariamente en septiembre de 2022 después de más de 30 años vinculado a Onda Cero. En su despedida reconocía emocionado haber dedicado su vida casi por completo al trabajo, hasta el punto de no haber disfrutado apenas de descansos o festivos.
Su trayectoria estuvo marcada por la curiosidad y la capacidad de innovación. Desde 2019 presidía 65YMÁS, diario de referencia para el público sénior cuyo lanzamiento impulsó y del que fue una figura fundamental.
En 2020 recibió su tercer Premio Ondas, otorgado a toda su trayectoria profesional. El jurado destacó su extensa labor radiofónica, tanto en puestos directivos como ante el micrófono, así como su papel pionero en la incorporación de espacios de opinión en la radio española.
A este reconocimiento se sumaron otros galardones como el Premio Godó, varias Antenas de Oro y Micrófonos de Oro. Entre las distinciones que más valoraba figuraban la Medalla Castelao concedida por la Xunta de Galicia y los nombramientos como Hijo Predilecto de Pol y Hijo Adoptivo de Lalín y de la provincia de León.
Desde la presidencia de 65YMÁS, cargo que ocupó desde la fundación del medio, desempeñó un papel decisivo en su crecimiento junto al CEO Paco Valle y la directora Ana Bedia. Desde esa posición lideró lo que definía como la “revolución sénior”, reivindicando el papel social de las personas mayores y promoviendo su visibilidad en los ámbitos mediático, económico y político.
Ónega defendía que el medio había contribuido a situar a la población sénior —cerca del 20% de la sociedad— en el centro del debate público, denunciando las injusticias y discriminaciones que aún sufría este colectivo. Convencido de la importancia de esa labor, el veterano periodista nunca llegó a plantearse la jubilación.
