Médicos y expertos europeos han lanzado una nueva advertencia contra Bruselas, denunciando que el proceso de elaboración de la futura directiva regulatoria del tabaco se está construyendo sin proporcionar un espacio real a la evidencia científica. Se trata ya de la segunda queja formal en pocas semanas por parte de algunos de los científicos más relevantes en el ámbito del tabaquismo y la reducción del daño, lo que empieza a erosionar la credibilidad del enfoque regulatorio comunitario.
Según denuncian algunos expertos, los mecanismos habilitados por la Comisión Europea (como la Call for Evidence y la consulta pública) están, en la práctica, “dejando a los científicos prácticamente atados de manos” para poder participar de forma efectiva en el proceso regulatorio.
La crítica no se limita a una cuestión de fondo, sino también de forma. Los límites técnicos impuestos por Bruselas, apenas 1 MB de documentación y 4.000 caracteres por aportación, dificultan trasladar con rigor la complejidad de la evidencia científica existente sobre productos sin combustión y reducción del daño.
En consecuencia, los investigadores se ven obligados a simplificar, recortar o directamente excluir estudios relevantes, lo que, según denuncian, compromete la calidad del proceso regulatorio desde su propia base técnica.
Este nuevo aviso se suma a una denuncia previa de la misma comunidad científica, que ya alertó de que la UE habría obviado al menos 131 estudios científicos en sus análisis preliminares. La reiteración de estas advertencias empieza a dibujar un patrón que preocupa a los expertos: la sensación de que las decisiones regulatorias podrían estar avanzando al margen del consenso científico disponible.
La situación dibuja una paradoja cada vez más evidente. Mientras la Comisión Europea insiste en que su legislación se basa en la evidencia, los propios canales diseñados para recoger esa evidencia están limitando su incorporación efectiva en el proceso.
Este desfase entre discurso y práctica ha abierto un debate creciente en el ámbito científico y regulatorio europeo. Algunos expertos advierten de que, si no se corrige, puede consolidarse la percepción de que la UE está adoptando un enfoque cada vez más restrictivo y menos alineado con el rigor científico, lo que podría derivar en políticas consideradas desproporcionadas o incluso extremas y perjudiciales para la salud si finalmente se opta por convencer a la población que alternativas de menor riesgo como el tabaco calentado, vapeadores y bolsas de nicotina tienen un factor de riesgo similar al cigarrillo convencional, el producto con tabaco más nocivo para la salud.
En este contexto, los científicos reclaman revisar de forma urgente los mecanismos de participación para permitir la presentación de análisis completos y evidencia sólida. De lo contrario, alertan, la futura Directiva de Productos del Tabaco podría nacer con un sesgo estructural: el de regular sin escuchar plenamente a la ciencia.
La reiteración de las críticas y su creciente intensidad sitúan ahora a Bruselas ante un reto clave: garantizar que su próxima regulación no solo afirme estar basada en la evidencia, sino que realmente lo esté en todas sus fases.
