Opinión

Las nuevas campañas

-FOTODELDÍA-GRANADA, 24/10/2026.- El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez durante un acto de la formación en Granada este sábado. EFE/ Miguel Ángel Molina
-FOTODELDÍA-GRANADA, 24/10/2026.- El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez durante un acto de la formación en Granada este sábado. EFE/ Miguel Ángel Molina
María Dabán
Actualizado: h

Al paso que vamos, los españoles vamos a llegar al 29N más que agotados. Y es que, no sé al resto, pero a mí la precampaña se me está haciendo ya muy larga. Y no será por falta de costumbre porque, en realidad, llevamos ya dos años encadenando un proceso electoral tras otro.

Los candidatos se multiplican visitando ciudades y pueblos que les pueden dar un escaño de más, y las redes sociales se llenan de vídeos y mensajes más o menos ingeniosos para captar a los más jóvenes. En estas semanas se libran dos batallas: la tradicional, de mítines y entrevistas en espacios informativos de radio y televisión; y la más innovadora, la que lleva a los líderes políticos a ir a podcast o a tener debates alternativos en las redes. Es una forma de abarcar todo el espectro social, aunque algunas cosas chirríen un poco al electorado.

Pedro Sánchez besó a Begoña Gómez, su mujer, un gesto nada espontáneo y muy preparado pero que ha encantado al espectro socialista porque vuelven a ver al presidente enamorado que defiende la inocencia de su mujer; porque por supuesto, es inocente, q a nadie se le ocurra pensar lo contrario. La idea no es nueva, ya la puso en práctica en 2011 Cristina Kirchner con una imagen en la que abrazaba a su marido, Néstor, fallecido un año antes, y usando el mismo lema que han copiado los socialistas: “La fuerza del amor”. No sé hasta qué punto es inteligente utilizar la táctica de una política condenada a seis años de prisión y a inhabilitación perpetua por el cobro de comisiones ilegales millonarias, pero, bueno, qué sabré yo de campañas. Hay que admitir, además, que a Cristina le fue bien y que acabó ganando esas elecciones. Recuerdo que, nada más tomar posesión de su cargo como presidenta en su primer mandato en 2007, Kirchner recibió en la Casa Rosada a Mariano Rajoy, el entonces líder de la oposición. A mí me tocó cubrir ese viaje y, cuál no sería el asombro de los periodistas cuando vimos que, en la sala de prensa de la sede presidencial, había una exposición de retratos de Cristina Kirchner y de Evita Perón. La primera reflexión que nos vino a la cabeza fue, que qué pasaría si al entonces presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero, se le ocurriera hacer algo así.

Pero volvamos a nuestra campaña porque, puestos a derrochar amor, el PSOE ha instalado incluso una Kiss cam en sus mítines; vamos una cámara que, al más puro estilo americano, va buscando parejas entre el público para que emulen al presidente y demuestren también su amor.

A Feijóo no le pega nada eso, claro, aunque recuerdo que en sus mítines en Galicia se comían callos con garbanzos, se tomaba queimada, previo conjuro y todo, y se amenizaba la sobremesa con un grupito que cantaba los típicos temas de ayer y de hoy. No había amor, pero los militantes se iban con la tripa llena.
Los mítines no sirven para convencer a ningún votante nuevo, pero sí para tomar el pulso a las organizaciones de los partidos y para ver hasta qué punto están movilizados y motivados. En general, los discursos suelen ser bastante aburridos, pero admito que yo en algunos de estos actos electorales me he reído mucho (quién lo diría, ¿eh?). Alfonso Guerra, Javier Arenas y Rita Barberá eran verdaderos maestros cuando se subían a un escenario. Su cometido era preparar el terreno para que luego el líder de su formación tuviera ya al público entregado. Y vaya que lo hacían. Ahora el ingenio se ha sustituido por otra cosa que también resulta efectiva: los bailes de los candidatos al ritmo de lo más moderno del panorama musical. Bailemos o besémonos, pero que esto acabe ya, por favor.

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