De ‘El castillo’ al piso clandestino: ¿cuánto ha cambiado la prostitución en 30 años?

Hablamos con policías expertos en trata en los que se basa la serie, que han conocido a proxenetas como El Suizo y víctimas como Claudia

¿Cuánto hay de cierto en ‘El Castillo’? Es una de las preguntas más repetidas tras el éxito de una serie que, quienes conocen de cerca su realidad y la han combatido durante décadas, asumen que no habría sido igual hace unos años. Menos aún si nos remontamos incluso décadas atrás. Pese a que hay un momento, entorno al 2010, en el que el paradigma de la lucha contra la trata y la explotación sexual cambia radicalmente gracias al trabajo desarrollado por pioneros como el comisario José Nieto. Ahora al frente de la UCRIF, la Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedad Documental, que aún no existía cuando él y unos pocos empezaron a investigar el oscuro mundo de la prostitución como nunca antes se había hecho en España.

“Aprendimos a base de prueba y error, sobre la marcha. Y aparte, nos tocó a enseñar a jueces y fiscales que estaban tan verdes como nosotros”. En un contexto social y un código penal distintos a los actuales. “Prácticamente nos dedicábamos a expulsar mujeres porque estaban en situación irregular. Y pensábamos que de esta manera estábamos desarticulando las redes de prostitución. Hasta que fuimos conscientes de que nadie estaba metiendo a delincuentes en prisión. Y giramos el foco hacia quienes se estaban aprovechando de ellas. A los que seguían sacando beneficio”. Los proxenetas. En casi tres décadas, Nieto ha conocido a muchos, demasiados, incluso sabe cuáles están retirados o cómo terminaron sus días. También escuchó a más de uno decirle, como en la serie: “Aquí viene la gente, bebe vino y se enamora. Y yo no sé lo que hacen arriba en la habitación. ¿Por qué no vais a meteros también con los hoteles?”.

De toparse con chulos como El Suizo a conocer “la cultura del tratante”

Por supuesto, conoció a El Suizo auténtico, el personaje interpretado por Raúl Arévalo. Tenía otro apodo, pero las mismas hechuras. “Un tipo que sabía más que ninguno. Él y su entorno descubrieron en los noventa una veta para explotar, copiando lo que hacían entonces los chulos argentinos a pequeña escala”. A su manera, descubrieron las Américas. De allí empezaron a traer a jóvenes engañadas con la promesa de un futuro mejor. El 90%, dominicanas y colombianas. “A algunas les decían que venían a ejercer la prostitución, a otras no. Pero a ninguna le contaban en qué condiciones iban a estar realmente”.

De ser policía judicial en Barcelona en los primeros noventa a trabajar en Información en Pamplona cuando ETA asesina a Miguel Ángel Blanco, cuando el joven inspector Nieto llegó a Madrid en 1997 lo que menos esperaba era un destino administrativo, de papeleo. Tenía claro que quería seguir persiguiendo a los malos sobre el terreno, a pie de calle. Y en cuanto pisó Extranjería y Documentación le comentaron que había una nueva unidad especializada en marcha. Y allí se quedó, poniendo los cimientos de lo que sería la UCRIF. En 2001 se abrieron las tres primeras en los puntos de mayor flujo migratorio: Madrid, Barcelona y Las Palmas. Ahora hay grupos operativos en cada capital de provincia.

Golpe policial a clubes de alterne salmantinos, en 2022

“Una mujer que aterrice hoy en Barajas puede estar perfectamente esta noche en Barcelona o Almería. Entra como turista, pero sabemos que seguramente se quede cuando sobrepase los 90 días en España”. El inspector jefe Víctor de las Heras lo tiene tan asumido como el astrónomo que no se cuestionará nunca si la tierra es redonda o no. Experto negociador, durante quince años se enfrentó a todo tipo de situaciones en atracos a bancos y comercios, pero nada comparable a lo que ha visto en los cuatro años que lleva al frente de la Sección de Investigación de la Brigada Provincial de Extranjería y Fronteras, en Madrid: “No paro de sorprenderme de las cosas horribles que veo. Como esos pisos con un zulo en el que meten a las mujeres según llegan, y enseguida las ponen a ejercer con una desconexión total de su vida anterior. Por eso es muy necesario conocer la cultura de las víctimas y de los tratantes. No es lo mismo el chino –muy jerarquizado, que no elige a las mujeres por su situación de vulnerabilidad ya que ellas tampoco vienen buscando una vida mejor sino que acometen un mandato–, que el nigeriano que las sometía usando el budú o les hablaba del cinturón de invisibilidad”. Una comparación que Nieto extrapola a la violencia: más psíquica en el caso de tratantes sudamericanos y más física, brutal, en los procedentes de países del este.

De ‘la diaria’ para extorsionarlas más a la trata para condenarlos aún más

Lo que es indiscutible es que ambos policías han visto a incontables Claudias. Es como se llama la protagonista de ‘El Castillo’, una joven colombiana. Pero los policías han visto también nigeriana, rumanas, chinas, paraguayas, brasileñas. Ahora hay un auge de venezolanas como vía para financiar el peligroso Tren de Aragua. Aunque resulta imposible saber con qué cantidad. La mayor aproximación remite a un informe de hace una década del Parlamento europeo según el cual la prostitución mueve 160.000 millones de euros anuales. Cifras comparables a las del narcotráfico. En el caso de los proxenetas que aún se manejaban en pesetas en los años noventa es incalculable. Muchos lo invirtieron en ladrillo, en tener más locales y construir macroburdeles. Estrategas financieros de su tiempo.

Libreta en la que registraban la deuda de cada mujer en un piso clandestino de Alicante, hace un año

“Más de una vez nos sorprendíamos pensando qué habrían hecho de usar su mente para el bien”, señala Nieto al recordar la mente criminal del Suizo. Un apodo ficticio para un proxeneta que existió en realidad y que, como recuerda el comisario, “inventó ‘la diaria’, la famosa deuda” con la que engrosaba aún más la cuenta a deber por las mujeres en la que, al vuelo desde su país, debían sumar de repente todo tipo de gastos diversos: desde una supuesta parte proporcional del agua y la luz, a revisiones médicas o un abogado que como tal servía al proxeneta. Hasta que por suerte llegó el punto de inflexión que se narra también en ‘El Castillo’: “En una redada, una de las chicas nos destapó la extorsión que sufrían todas. Y empezamos a rastrear a los traficantes, sus rutas y movimientos de dinero. Con eso íbamos al juzgado y, al principio, por toda respuesta nos decían que ellas parecían estar ahí porque querían. Pero todo cambió en 2010, cuando el delito de Trata se mete en el código penal. Para nosotros fue esencial. De entrada porque  ya no les caen como mucho cuatro años por favorecer la inmigración irregular con fines de explotación sexual, sino penas de cinco a ocho años por víctima”, apunta Nieto.

Del putero de burdel y macrofiesta al que se mete en pisos clandestinos

Tres décadas dan para mucho. En 2007, se creó la fiscalía de Extranjería; ahora, de Trata y Extranjería. También la nomenclatura indica avances. “Antes lo normal era terminar una comida de empresa e ir a un puticlub. Como un acto social”, señala el actual comisario de UCRIF Central, convencido de que cada vez hay menos. “De hecho, ha cambiado el consumo. En una noche antes se gastaban unos 100 euros. En el boom de la construcción, por ejemplo, los clubes estaban llenos de obreros que habían viajado en furgoneta a Madrid y a la vuelta, con el bolsillo lleno de billetes, hacían la parada en el local”. Como se organizaban macrofiestas para jóvenes a principios de 2000, en las que las mujeres eran expuestas como ganado y las sorteaban como el premio de un tómbola. Eso tampoco se hace ahora. Pero el consumo juvenil sigue creciendo.

El inspector jefe Víctor de las Heras habla de puteros. Ya no se los encuentran en aquellos macroburdeles como ‘El Castillo’, visibles a pie de carretera que ahora en decadencia especialmente desde la pandemia, sino en pisos clandestinos a los que la clientela llega por flyers colocados en los parabrisas de los coches. “Son los propios vecinos los que detectan un mayor flujo de hombres en su edificio y nos llaman. La policía obtenemos mucha información de la colaboración ciudadana, que es de gran ayuda. No tenemos capacidad suficiente para patrullar y vigilar cada piso y poder acreditar así que dentro se ejerce la prostitución. Porque además hay que sumar la inviolabilidad del domicilio, en la que también se amparan las organizaciones criminales”. Una realidad que golpea especialmente a las víctimas de redes asiáticas, como hemos mostrado con anterioridad en Artículo14. Al estar restringido el acceso al cliente europeo y operar solo en el discreto circuito de su comunidad, la mayoría queda fuera del radar policial lo que complica aún más el abordaje.

De una mujer policía para investigar trata a la sección con más en plantilla

En 2025, la Policía Nacional liberó a 731 mujeres de explotación sexual. El 98%, mujeres y niñas. “Lo normal es que una mujer ante un abordaje policial siente miedo al ver un agente por ser policía, porque le han dicho que somos corruptos, que las queremos echar del país. Y si somos hombres el rechazo es mayor”, destaca De las Heras. También eso ha cambiado. En ‘El Castillo’ hay una investigadora, como en la primera UCRIF, en 2001, “que se tenía que multiplicar para ir a cacheos y controles en los locales. Por ejemplo, era la única que entraba en el baño cuando iban las chicas”, recuerda el comisario Nieto. Ahora en cambio, la Sección de trata de explotación sexual es la plantilla con más mujeres policías del Cuerpo, como destaca su jefe en la Brigada de Madrid: “Muchas buscan este puesto: quieren luchar contra la trata”. Para Víctor de las Heras es tan imprescindible su presencia como el poder servir de enlace entre fiscalía y ONGs. Es el interlocutor entre quien peleará por una condena al proxeneta y quienes crearán una red de apoyo a las víctimas. Pues cuentan además con trabajadoras que antes lo fueron.

Desmantelado una red que explota a mujer en centros de estética de Marbella, el pasado noviembre

A muchas todavía les cuesta denunciar. Y se estima que solo se llega a identificar a una de cada veinte. El único macroestudio oficial hasta la fecha es de 2023, a cargo del Ministerio de Igualdad. Según el cual, en España hay 114.576 mujeres en situación de prostitución; entre 9.764 y 17.639, en riesgo algo de trata o explotación sexual. “Por eso siempre me ha gustado mostrar dónde viven las mujeres. En esas literas, hacinadas”, explica José Nieto, a quien en 2013 el entonces director general de la Policía Nacional Ignacio Cosidó le encomendó la tarea de difundir el trabajo policial “y una realidad oculta. La de que detrás de esto no hay cuatro pelagatos sino organizaciones criminales. Y que ellas, las mujeres, no viven en esas suites que salen a la luz cuando hacemos las redadas, con esas teles grandes y los cristales en el techo. Sino que en su día a día viven de las cuatro gambas que les dan, con mucha patata y mucho arroz, para que se suban al tacón con el estómago lleno”. Entonces y ahora, con España ocupando el primer puesto en consumo de prostitución en Europa, y el tercero en el ranking mundial.

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