Protagonista

Tras los pasos de Montse Lluís, la mujer con más poder en Vox: “Lo que no acepto es la mentira”

La número dos al Congreso de Abascal nos abre su despacho en la cuarta planta de la sede de Bambú. Desde allí, negocia con el PP, coordina los gobiernos en los que está Vox o ejerce de puente con los medios

Montse Lluis. VOX
Montse Lluis. VOX
Javier Cuadrado

A Montse Lluis no le gusta acaparar los focos. Pero manda. Manda mucho. Es la mujer con más poder orgánico en Vox, y ha conseguido pasos en el partido que hasta hace poco parecían impensables, por ejemplo en materia de comunicación. Además, es la mano derecha de Santiago Abascal en las negociaciones con el PP. Más fácil con los barones, más compleja con la dirección nacional. “Lo que no acepto es la mentira”, asegura ella tajante. Su palabra “vale”, reconocen sus interlocutores. Con algunos de ellos, incluso, ha logrado labrar un grado de confianza que se aproxima a la amistad.

Ahora, Santiago Abascal ha decidido sacarla formalmente del anonimato para llevarla al Congreso de los Diputados como su flamante número dos. Un reconocimiento a su discreto trabajo en la estructura del partido durante los últimos cuatro años. “No me lo esperaba”, admite. Charlamos con ella en su despacho, aséptico, en la cuarta planta de la sede de bambú. Apenas una virgen de Guadalupe, un crucifijo, una pintura “regalo de unos compañeros” y una fotografía de un coche de carreras firmada. Lo suyo son los papeles, las carpetas y un color que lo monopoliza todo y combina con la madera, el verde de Vox.

Montse Lluis. VOX
La vicesecretaria nacional de Vox, Montse Lluis
Javier Cuadrado

Lluis no eleva la voz, es discreta, pero tiene las ideas claras. No pretende rivalizar con Cayetana Álvarez de Toledo o Magarita Robles, también detrás de sus líderes en las listas electorales. Su papel es otro: ella es capaz de decir que “no” a Miguel Tellado “en defensa del partido”. Así, su vida no cambiará en exceso pese al nombramiento de Abascal. No tiene previstas comparecencias públicas, a excepción de la presentación de candidatos el lunes. Las fotografías de Javier Cuadrado para este reportaje en su lugar de trabajo son inéditas. Y no habrás muchas más. “Mi lugar es el que es”, deja claro.

¿Pero de dónde viene y desde cuándo es tan importante? Montse Lluis, (Tarragona, 1975) es periodista de profesión y vocación. “De pequeña ya ensayaba frente al espejo como dirigir un telediario”, reconoce esbozando una sonrisa. Llegó a Vox tras una larga carrera en medios de comunicación. Desde Vocento, incluido ABC, a puestos de máxima responsabilidad en la cadena Cope, lugar donde muchos la recuerdan con cariño. Leer la prensa “cada noche” sigue siendo casi una religión para ella. Es en 2022 cuando recibe la llamada de Kiko Méndez de Monasterio, quien le dice que “tiene abiertas las puertas del partido para lo que quiera”.

Montse Lluis. VOX
Montse Lluis. VOX
Javier Cuadrado

Por aquellos entonces Vox entra en su primer gobierno autonómico, en Castilla y León. Y ella da el salto en esta tierra. Un año después regresa a Madrid, tras las elecciones autonómicas, y desde Bambú coordina la entrada de Vox en otros cuatro gobiernos autonómicos con el PP. Sus responsabilidades pronto empiezan a multiplicarse: también coordina los grupos parlamentarios y se encarga de la secretaría general adjunta del partido.

Su conexión directa con los medios de comunicación también la aplica a un partido que siempre los ha visto con recelo. Montse Lluis ejerce de puente y ayuda a mejorar las relaciones. Atrás quedan los “vetos” a determinados medios o la presencia solo en las redes sociales. “No podemos vivir de espaldas a los medios”.

Un día con Montse Lluis

¿Y cómo es un día para Montse Lluis? Duerme apenas seis horas, reconoce. El día se le queda corto y el tiempo para conciliar o desconectar escasea. Aunque lo cierto es que, siempre que puede, aprovecha para dar un paseo, ir al cine o escuchar música.

Ya de vuelta a Bambú, en su agenda no cabe ni una reunión más y los whatsapps sin contestar se acumulan. Pero siempre contesta, aunque sea a deshoras. Los lunes son los días más intensos. Del comité de acción política con Abascal, al comité de dirección con los vicesecretarios. Por la tarde, Lluis tiene agendadas reuniones de coordinación con los cuatro gobiernos autonómicos en los que Vox ha entrado. Dar soporte político y organizativo y aunar decisiones forman parte de sus quehaceres. Su día no termina ahí porque los lunes también asiste a una reunión de coordinación con los grupos parlamentarios.

El resto de la agenda semanal no es menor. Los martes, miércoles y jueves aprovecha para viajar a las comunidades donde cuentan con consejerías de gobierno. Verse con sus consejeros, incluso con presidentes autonómicos si toca desatascar una negociación, es su día a día. También realiza entrevistas a personas interesadas en pasarse a las filas de Vox. Los viernes, de vuelta a la sede, aprovecha para reuniones con el equipo.

Sus inicios en la cúpula no fueron, en todo caso, fáciles. Fue llegar y asumir muchas responsabilidades a la vez. Y además coincidió con las salidas de Javier Ortega Smith e Iván Espinosa de los Monteros, claves en la fundación de sus siglas. “Cuando llegas de fuera, a veces es complicado”, reconoce. Pero ahora habla de Vox como “una familia”, y sonríe.

De cara a la campaña, Lluis también se ha puesto un reto: “Que no parezca que estamos siempre enfadados”. Ahora, buscan convencer a sus potenciales votantes “en positivo”. “España es de color”, sentencia, a pesar de que el día a día de algunos de sus compañeros “no es fácil”. En las portadas de los periódicos, la violencia desatada por la presencia de Abascal en La Coruña.

Termina el encuentro con Artículo14 y la mujer más poderosa de Vox vuelve a lo suyo. A negociar con el PP, con discreción, para que “salga bien”. Ahora está inmersa en el pacto en el Senado, que está costando más de lo que quisiera. “Pero cuando la negociación es de verdad, con lealtad y talante, sale bien”, asegura. Hoy, cuando Montse habla de Alfonso Fernández Mañueco o María Guardiola esboza de nuevo sonrisa discreta que no pierde durante toda la charla. “Me iría a tomarme una caña con ellos”, sentencia.

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