Opinión

Milei pasa a Sánchez y Feijóo por la motosierra

MADRID, 21/10/2026.- La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (i), se reúne con el presidente de la República Argentina, Javier Milei, en las instalaciones del Canal de Isabel II de la capital, este miércoles. EFE/ Comunidad De Madrid Prensa/SÓLO USO EDITORIAL/SÓLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO)
Isabel Díaz Ayuso, esta semana, junto a Javier Milei en las instalaciones del Canal de Isabel II de Madrid
Efe
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Es tal la sucesión y la velocidad de los acontecimientos que estamos viviendo los españoles estos últimos meses (además de la perplejidad que nos producen) que no le queda a uno más remedio que autocitarse, lo que siempre da mucho apuro.

Quiero empezar mi columna sobre la “histórica” visita esta semana a España del presidente argentino, Javier Milei, con las mismas palabras con las que empecé mi ¿Messi o Maradona? hace escasas semanas: “A mí me sucede con Argentina lo que a Jorge Luis Borges con Buenos Aires: “No nos une el amor sino el espanto; / será por eso que la quiero tanto”.

Le rezo a un argentino: al papa Francisco, el papa villero; leo a un argentino: al bardo ciego bonaerense, ese otro Homero, e idolatro a un argentino: al futbolista que ocupa, junto a Rafa Nadal, los altares de mi alma de hincha. No sé la razón de este auténtico triunvirato porteño que rige mi vida, de esta auténtica trilogía argentina, tal vez sea porque soy gallego y ser “gallego” es otra forma de ser argentino”.

Las palabras del inquilino de la Casa Rosada llenando de “elogios” a Pedro Sánchez, pronunciadas en casa del inquilino del palacio de la Moncloa, son una nueva cumbre de la diplomacia universal, son un Everest que ni siquiera el actual presidente americano había osado hollar. Milei ha logrado enfurecer al marido de Melania y llenarlo de celos, rabia y rencor, porque ha visto como el discípulo ha superado con creces al maestro.

La eslovena ha tenido que soportar un ataque de furia en el dormitorio oval, casi de la misma apocalíptica “intensidad” que el que soportan los defensas que tratan de frenar a Vinicius: “Melania, este argentino me ha humillado y me ha convertido en un Jimmy Carter cualquiera. Yo suelo insultar desde casa y con la víctima lejos y este “boludo” se atreve a difamar a domicilio y con el “afortunado” de cuerpo presente. ¡Estoy desolado!”

Y por una vez el marido de la antigua modelo de la patria del maravilloso lago de Bled tiene razón. Javier Milei ha llevado el arte de la diplomacia a otra dimensión y se ha convertido en el nuevo virtuoso de la materia: en el Talleyrand del siglo XXI.

Otro regalo para Sánchez

Lo malo es que, con resultados diametralmente opuestos a los del genio francés en el Congreso de Viena, donde entró representando a la Francia derrotada y salió siendo uno de los vencedores del cónclave celebrado en las orillas del Danubio.

Milei ha pasado a Sánchez por la motosierra y no ha hecho más que beneficiarle y reforzarle. Al margen de todas las consideraciones sobre la palmaria falta de educación, elegancia y respeto y de la inoportunidad absoluta de las palabras pronunciadas, es un discurso absolutamente inaceptable que nos ofende a todos los españoles (incluido su amigo Abascal, que lo ha justificado) y que no puede recibir más que rechazo y desprecio por parte de cualquier ciudadano medianamente cabal, ponderado y mentalmente equilibrado.

A Sánchez la ración de motosierra de Milei le ha sentado de maravilla, es otro de esos regalos de los cielos políticos que el antiguo concejal madrileño acostumbra a recibir, otra manifestación de esa fortuna que ayuda a los valientes, de la que hablaba Virgilio. Hasta Felipe González, ese otro Page, lo ha reconocido, pero la opinión del antiguo presidente socialista sobre su sucesor en Ferraz tiene poco valor porque todo el mundo conoce el modo en que, borgianamente, están unidos: “No nos une el amor sino el espanto”.

“La cosa va a estar muy igualada”

Lo que sí tiene suma importancia sobre cómo le ha sentado a Sánchez la ración de motosierra, de inesperadas vitaminas “mileínicas” que acaba de recibir es la opinión del otro González, de Carlos González Calzón, un taxista madrileño con el que compartí una deliciosa charla ayer por la mañana mientras me acercaba a la redacción de Artículo14. El taxi, como los restaurantes, es la mejor universidad de la vida y la más reputada cátedra de demoscopia que existe.

El discurso de mi amigo taxista no tiene desperdicio (ya verán cómo las encuestas de los próximos días van a reproducir lo que él me contó) y, por eso, lo transcribo casi literalmente: “Los taxistas hacemos muchas más carreras en el barrio de Salamanca que en Orcasitas, por eso llevamos a muchos más potenciales votantes de la derecha que de la izquierda. Dos cosas me están llamando la atención: la primera, que la gente de derechas está convencidísima de que van a arrasar. La segunda, que cada vez oigo a más gente que se iba a abstener y ahora, tras los insultos a Sánchez del día del desfile y de Milei, dicen que le van a volver a votar. Cada día que paso en el taxi me convenzo más de que Sánchez va recortando la tremenda diferencia del principio y de que la cosa va a estar muy igualada”.

Tras esta tremenda lección política que recibí de este otro Andrés Medina, el oráculo de Delfos de la demoscopia española, pasamos a hablar de las cosas importantes de la vida. Mi amigo Carlos y yo, además de darnos los teléfonos, hablamos, como madridistas que los dos somos, de la “felicidad” infinita que nos produce el juego de una estrella brasileña del Bernabéu.

Inteligentemente lejos de Madrid

La vida es así de curiosa y de injusta. Javier Milei llega “pasadísimo” de revoluciones a España para pasar por la motosierra a Sánchez y al final al que pasa es a Feijóo, que no tenía vela en ese entierro y que inteligentemente estaba lejos de la capital del reino donde se produjo la gran astracanada.

Diferentes dirigentes del PP: Albiol, Rueda y Moreno han condenado y criticado con mesura, pero con firmeza, las impresentables declaraciones del hombre que, tiempo atrás, insultó gravemente al papa Francisco y después en el Vaticano babeó en su presencia. De hecho, solo le recibió Ayuso.

El grado de tensión política que estamos viviendo en España es no solo peligrosísimo, es sobre todo insoportable. Alberto Núñez Feijóo no está cometiendo errores, como en el año 2023 (gran acierto la combinación de Cayetana Álvarez de Toledo con Borja Sémper en la lista madrileña) y yo le animo a que escape de los extremos, las descalificaciones y la radicalidad en lo que queda hasta las elecciones, porque, si no, lo único que va a hacer es darle más votos a Vox.

El partido de Santiago Abascal también tuvo su momento de gloria esta semana. Abascal no condenó los vergonzosos y miserables ataques de Milei a Sánchez, pero yo sí condeno los vergonzosos y miserables ataques que Vox sufrió en mi ciudad natal, en mi queridísima plaza de María Pita. Vox tiene el mismo derecho que los demás partidos a visitar cualquier ciudad o pueblo de España y sus simpatizantes y votantes el mismo derecho a reunirse, aplaudirlos y apoyarlos y yo les manifiesto mi absoluto apoyo y solidaridad.

Una gran nación hermana

La brutal violencia que grupúsculos de extrema izquierda practicaron, ante los alucinados y aterrorizados ojos de los pacíficos ciudadanos coruñeses, es otra muestra más del terrible momento político que estamos viviendo en España. La acción de estos patéticos “melenxiños” tuvo, no obstante, un aspecto positivo: retrató a todo el mundo. El BNG y Podemos se negaron a condenar la violencia contra la Policía Nacional. Memorable el gran Risto Mejide, que día a día se está convirtiendo en la BBC española, expulsando de su programa a una negacionista concejal del Bloque.

Los lamentables hechos que he glosado en esta columna nos dan un fruto inesperado y una información añadida: el resultado de las próximas elecciones autonómicas gallegas. Mientras el presidente Alfonso Rueda, el otro Pío Cabanillas del Lérez, criticó los insultos de Milei a Sánchez, el BNG no condenó la brutal violencia vivida en las calles de Marineda. Apúntenlo mis lectores: Alfonso Rueda revalidará su mayoría absoluta en las próximas elecciones galaicas.

Empecé hablando de Jorge Luis Borges, siempre Borges, y voy a terminar del mismo modo, porque como diría el presidente Rajoy: Argentina también es una gran nación, una gran nación hermana. Todos sabemos lo que pensaba, el hombre que habita en la eternidad junto a Homero, Shakespeare y Cervantes, de los peronistas. Decía que no eran ni buenos ni malos, sino incorregibles. Desconozco lo que pensaría de Javier Milei el poeta, el bardo, el escritor que más me emociona y entusiasma leer, pero creo que eso, también, lo intuyo y lo dejo escrito: “Ser esa cosa que nadie puede definir: argentino”.

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