Como si fuesen pequeños focos de un gran incendio, desde hace una semana, el descontento social ha ido creciendo en Italia con formas, protagonistas y consecuencias diferentes. Mientras las imágenes de los disturbios en Milán habían acaparado todas las miradas, en el sur, la oleada de protestas llegaba también a un sector, el del transporte, clave para el país y fundamental a nivel político para la primera ministra Meloni. El problema fue escalando tanto que las imágenes de los supermercados vacíos, especialmente en el sur, pero que se iban contagiando también al centro e incluso al norte, eclipsaron las de los jóvenes destrozando escaparates de lujo.
La primera ministra intentó contener la situación, con protestas que habían comenzado a demostrar la capacidad para movilizar sectores diversos de la población, con dos decretos aprobados de manera urgente. El primero dirigido a contener los actos de vandalismo de Milán, centrado en los jóvenes y para demostrar puño duro contra esta deriva violenta. El paquete de medidas permitirá que los menores de edad sean imputables en Italia a los 14 años y que puedan ser retenidos de manera preventiva incluso antes de una manifestación si son considerados violentos. También introduce un nuevo delito: participación violenta en grupo a una protesta, con el agravante de uso de redes sociales para este tipo de convocatorias, como ocurrió hace una semana en Milán con Tiktok. Todo con un despliegue de 500 militares más sobre la ciudad lombarda y con la idea de preparar el terreno para otra convocatoria previsible para este fin de semana.

Los hechos ocurridos y la reacción, de puño de hierro, del Gobierno, abrieron un debate profundo en Italia sobre lo ocurrido. El debate, como explica la socióloga Donatella Della Porta a Artículo 14, empieza a ser trascendental cuando muchas voces de personajes reconocidos comienzan a participar en él. El primero fue el presidente de la República Mattarella que dijo que “la sociedad no puede acercarse con indiferencia y menosprecio a los jóvenes”. Luego el papa León XIV que se preocupó en un discurso esta semana por los estudiantes, concretamente habló de “familias heridas, soledad digital, sentimientos de insuficiencia o temor ante un futuro que parece incierto”. A sus voces se unían también cantantes famosos en Italia, algunos de ellos, como Madame, un icono generacional que se expresaba en redes sociales diciendo: “Si en lugar de limitarse a condenar y detener la violencia, se intentase comprenderla. Si en lugar de sentir repugnancia ante ciertas reacciones —porque de eso estamos hablando, de reacciones—, se preguntasen por qué. El mundo en el que nacimos es violento, es violenta la forma en que concebimos la existencia, pero nadie se da cuenta”.
Según explica la profesora Della Porta esta generación “tras haber nacido en plena crisis económica, crecido con la crisis climática y atravesado los años de la pandemia, es incapaz de imaginar un futuro y vive intensamente la amenaza de una guerra”. Algo que señala también Sabrina Brizzola de la Unión de Universitarios para este periódico. “Somos una generación que se ha tenido que acostumbrar y normalizar a la violencia presente en las redes sociales, violencia y bombas como las que hemos visto en Gaza o desastres ambientales cada vez más comunes”, explica.
“Estamos cansadas de que nadie nos escuche: para nosotras es inaceptable que desde hace años no se invierta nada en políticas sociales y que sí se haga en armamento, por ejemplo”, añade Brizzola. Eso, dice, es lo que nos une con otros jóvenes que se están manifestando en toda Europa. Es lo mismo que cree Francesca Lini, representante de otra organización de estudiantes llamada Cambiare Rotta, que denuncia también la decepción de haber tenido por primera vez una premier mujer en la historia de Italia que no ha afrontado, por ejemplo, problemas como la brecha de género en el mundo del trabajo que hoy es una de las grandes preocupaciones de esta generación de estudiantes italianas.

El debate adopta formas diferentes en cada país, en España se ha centrado en el problema de la vivienda, en Italia en el que llaman “el caro vita”, la pérdida de poder adquisitivo, en un país donde los salarios no crecen desde hace 30 años y también en un debate sobre el armamento europeo muy presente en la política italiana, sea a la derecha que a la izquierda, donde algunos partidos como la Liga de Salvini o el Movimento Cinco Estrellas de Giuseppe Conte han criticado el envío de armamento a Ucrania.
Descontento generalizado
El segundo decreto puesto en marcha esta semana ha intentado frenar los bloqueos de camioneros del sur del país que habían descontrolado el sistema de distribución tanto de combustible como de productos frescos en los supermercados. El Gobierno Meloni ha liberado 400 millones congelados desde hace meses a los que ha añadido poco más de 100 millones más aprobados esta semana en ayudas al combustible para transportistas, pescadores y agricultores. La mayoría de protestas se han disuelto, pero las repercusiones en la cadena de transporte serán visibles, apuntan los expertos, aún durante los próximos días mientras las asociaciones del sector se mantienen insatisfechas. El Gobierno italiano afronta el segundo fin de semana en el que se esperan protestas sin haber terminado de apagar el fuego de los múltiples incendios de esta semana.

