Siete mujeres sentadas en un aula, concentradas ante un examen de derecho religioso, en las mismas condiciones que sus compañeros varones. La escena podría parecer rutinaria en cualquier centro de estudios, pero en Israel representa una pequeña revolución. El pasado miércoles, siete mujeres se presentaron a las pruebas oficiales del Rabinato de Israel, después de años de litigios y de una primera convocatoria marcada por los obstáculos. No buscaban convertirse en rabinas, sino obtener una certificación oficial de sus conocimientos de la ley judía que les permita asesorar a otras mujeres religiosas y abrirse camino en determinados ámbitos profesionales.
Detrás de esta conquista está ITIM, una organización israelí que trabaja para ampliar la libertad religiosa y facilitar la relación de los ciudadanos con las instituciones religiosas del Estado. Su fundador y director, el rabino ortodoxo norteamericano-israelí Seth Farber, lleva años defendiendo que el acceso al conocimiento religioso no debería estar condicionado por el sexo. “No creemos que las mujeres deban verse privadas del acceso a ninguna de nuestras fuentes”, afirma en conversación con Artículo14. En Israel no hay una separación clara entre religión y estado, y las autoridades religiosas tienen competencias legales sobre aspectos fundamentales de la vida de los ciudadanos.
El Gran Rabinato de Israel, de orientación ortodoxa, controla cuestiones como el matrimonio y el divorcio judíos o los funerales, y desempeña un papel determinante en otros ámbitos de la vida religiosa, entre ellos las conversiones y el reconocimiento de la identidad judía. Este monopolio deja poco espacio institucional a otras corrientes del judaísmo, como la conservadora o la reformista, y genera conflictos entre sectores liberales o religiosos moderados y autoridades religiosas.
Farber, pese a formar parte del mundo ortodoxo, es uno de los rabinos que han decidido combatir algunas de estas barreras desde dentro. “Tenemos que entender que estamos en una nueva era de la historia judía y que, dentro de un determinado marco, las cosas tienen que poder cambiar”, sostiene. Las mujeres que han participado en los exámenes no reclaman el derecho a ser ordenadas rabinas. Lo que piden es poder presentarse a las mismas pruebas oficiales que los hombres y obtener el reconocimiento de sus conocimientos de la halajá, el conjunto de normas y preceptos de la ley judía.
Desde que la legislación equiparó determinadas certificaciones rabínicas a un título académico, aprobar los exámenes puede facilitar el acceso a ciertos puestos de trabajo y proporcionar ventajas profesionales. La exclusión de las mujeres suponía, por tanto, negarles oportunidades por razón de sexo, incluso cuando habían estudiado las mismas materias y podían demostrar sus conocimientos.
La organización ITIM, fundada por Farber en 2002, lleva más de dos décadas ayudando a los ciudadanos a desenvolverse en el sistema religioso israelí. Su equipo, que incluye abogados especializados, ha acompañado a más de 130.000 familias en trámites relacionados con el matrimonio, los entierros y las conversiones, entre otros. También ha recurrido a los tribunales para impugnar prácticas discriminatorias y reclamar cambios estructurales.
La causa de las mujeres que querían presentarse a los exámenes llegó a los tribunales tras años de conversaciones con estudiantes de ley judía que no conseguían acceder a las pruebas. En julio de 2025, el Tribunal Superior de Justicia dictaminó que el Rabinato debía permitirles presentarse. La resolución no reconocía el derecho de las mujeres a ser ordenadas rabinas, pero sí establecía que no podían quedar excluidas del proceso de certificación por razón de sexo.
La aplicación de la sentencia, sin embargo, no fue inmediata. En abril de 2026, las tres primeras candidatas autorizadas a presentarse acudieron a realizar el examen, pero se encontraron con retrasos y problemas administrativos. Mientras los hombres habían comenzado la prueba, ellas seguían esperando. ITIM presentó un recurso urgente y el tribunal intervino para que pudieran examinarse. Las candidatas acabaron realizando el examen varias horas después de lo previsto.
“Fue un momento de mucha tensión”, recuerda Farber. La experiencia llevó a la organización a exigir garantías antes de la siguiente convocatoria. En octubre, tras nuevas gestiones judiciales, el Rabinato se comprometió a que las mujeres pudieran examinarse en condiciones equivalentes a las de los hombres. Aunque las candidatas continuaron en una sala distinta, esta vez las pruebas se desarrollaron según lo previsto.
La ley judía interviene en numerosos aspectos de la vida cotidiana: desde la observancia del Shabat (sábado) y las festividades hasta las normas de pureza familiar, el matrimonio y el duelo. Muchas mujeres prefieren consultar estas cuestiones con otras mujeres, especialmente cuando se trata de asuntos íntimos. Pero no buscan únicamente una conversación entre iguales: “quieren saber que están hablando con mujeres que dominan la materia”, explica Farber.
Según Farber, después de la primera convocatoria se han abierto nuevos programas de preparación para los exámenes. “Hemos roto un techo de cristal muy importante”, considera el rabino. Considera que la apertura puede desarrollarse dentro de un marco ortodoxo, aunque reconoce que cuestiones como la ordenación de mujeres siguen siendo objeto de debate.
“Estoy muy comprometido con la halajá tradicional, pero entiendo que hay otras personas que no lo están”, afirma. El debate afecta también a las corrientes conservadora y reformista del judaísmo, que cuentan con comunidades y representantes en Israel, pero no gozan del mismo reconocimiento institucional que el Rabinato ortodoxo en ámbitos como el matrimonio religioso.
Para Farber, las pruebas de octubre son un paso en esa dirección. No resuelven la desigualdad dentro de las instituciones religiosas ni abren automáticamente la puerta a la ordenación de mujeres, pero reconocen oficialmente que existen mujeres con formación avanzada en ley judía que quieren poner sus conocimientos al servicio de otras personas. “Creemos firmemente en la educación judía y en que debe ser igual para hombres y mujeres”, concluye el rabino.

