¿Existe un Punto Violeta en la acampada?: así se gestionan las agresiones sexuales

Artículo 14 charla con los encargados de atender las agresiones machistas de la protesta y analiza cuál es el protocolo

Acampada
Punto de comisión de cuidados en Sol
Carla Márquez Pereira

¿Existe inseguridad entre las mujeres de la acampada? ¿Cuentan con un protocolo para prevenir o actuar frente a situaciones de acoso o abuso sexual? ¿Cómo se protege su integridad? ¿Ha habido casos de violencia sexual? A todo ello nos contestan desde la Comisión de Cuidados, el equipo encargado de la atención sociosanitaria que funciona también como “punto violeta” de la acampada.

La acampada de Sol, que comenzó el 26 de septiembre tras una masiva manifestación por el desahucio de Maricarmen, lleva ya cuatro semanas reivindicando el “derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada”, recogido en el artículo 47 de la Constitución. Todo este tiempo ha permitido crear una fuerte organización interna, que ha convertido la Puerta del Sol en una pequeña ciudad autogestionada.

Maricarmen
Cartel en honor a Maricarmen en la acampada de Sol
Carla Márquez Pereira

La acampada está formada por comisiones que se encargan de dividirse el trabajo para que todo funcione de manera adecuada: cocinar, limpiar, organizar las asambleas… Y una función básica e imprescindible en cualquier sociedad: los cuidados.

¿Cómo funciona la Comisión de Cuidados?

Walbian, fisioterapeuta, y Jareth, técnico de laboratorio y promotor de igualdad, hablan con Artículo 14 para contar lo que hacen desde la Comisión de Cuidados y cómo esto se relaciona con el antiguo Punto Violeta que existía en la acampada. Este grupo está formado por unas 12 personas que conforman el equipo de coordinación y que se encargan por turnos de cubrir todas las necesidades que puedan existir relacionadas con los primeros auxilios sanitarios, psicológicos o de gestión de protocolos (agresiones físicas, verbales, sexuales, racismo, homofobia…). Para formar parte de la comisión, piden una titulación o formación sanitaria o sociosanitaria (enfermeras, psicólogas, trabajadoras sociales…).

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida por acampada26s (@acampada26s)

Cuentan con varios puntos físicos a lo largo de la acampada, incluida una zona de autorregulación para personas neurodivergentes. Sin embargo, son dos los puntos principales: la zona de enfermería y atención sociosanitaria en la Plaza de Gaza y una zona de acompañamiento emocional para casos que requieren de más intimidad, en Ballena (ubicada frente a la tienda de Apple). En los puntos principales intentan siempre que haya una persona con perfil sanitario y otra con uno sociosanitario o psicosocial.

Acampada de sol
Zona de atención de la Comisión de Cuidados situada en la Plaza de Gaza

¿Cuál es su relación con el antiguo Punto Violeta?

Durante los primeros días de acampada, podía encontrarse un cartel que indicaba la presencia de un punto violeta dentro de la acampada. Sin embargo, “se conocía más el punto de cuidados“, explica Walbian. Y muchas personas acababan acudiendo aquí en lugar de al Punto Violeta cuando tenían algún problema. Vieron que “realmente no se le estaba dando utilidad” y decidieron unir ambas zonas en una sola.

Desde entonces, la Comisión de Cuidados se encarga también de controlar que se cumplan los diferentes protocolos con los que cuenta la acampada para asegurar una convivencia adecuada y segura. Los protocolos incluyen guías sobre cómo actuar frente a agresiones verbales, físicas y sexuales o ante violencias estructurales, como el racismo, la LGTBIfobia o la gordofobia.

¿Cómo funciona el protocolo de agresiones sexuales?

Este protocolo se sacó a la semana de comenzar la acampada, porque “lo creíamos necesario, tener esa protección y esa forma de actuar frente a que pudiera pasar cualquier cosa”, cuenta Walbian. Una vez realizado, se informó a los campistas de la existencia de estos protocolos y de su funcionamiento durante varias asambleas, para que supieran a qué servicios podían acudir en caso de sufrir cualquier tipo de agresión.

Walbian resalta también que los protocolos están todos pensados “desde el punto de vista de la reparación” y no desde el “punitivismo” y, por supuesto, “siempre contando desde el punto de vista de la víctima“. En el caso del protocolo de agresiones sexuales, estas se han divido en dos niveles: un primer nivel, que es el más grave, de agresión física y un segundo que incluye los comentarios indeseados, las miradas, la reiteración y una serie de “conductas que no son deseadas por parte de la víctima”, aclara Walbian.

Ante uno de estos casos, lo primero que se hace es separar a la víctima del agresor. Una persona de cuidados atiende a la víctima, proporcionándole el apoyo y la ayuda que necesite y otra de mediación se queda con el supuesto agresor. Tras haberla informado de las opciones de las que dispone, “se le pregunta a la víctima de qué medida quiere tomar“. Normalmente, los casos de agresión sexual funcionan con un sistema de tarjetas: amarilla (de aviso y prohibición de participar en las comisiones, así como de asistir a las asambleas en las que esté presente la víctima) y roja (de expulsión).

El protocolo, de 16 páginas de longitud, se puede consultar en la página web de la acampada y cuenta con otras indicaciones clave: la importancia de no obligar a la víctima ni a confrontar ni a perdonar al agresor, opciones para denunciar y recibir asesoramiento legal o la actitud que se debe adoptar desde cuidados para acompañar y atender a la víctima de la manera correcta.

Además, al final del documento, se facilita información sobre la posibilidad de acceder a asistencia jurídica gratuita. Aclaran que “no se concede automáticamente a todo el mundo” y para poder acceder a ella hay que cumplir determinados requisitos económicos o encontrarse en situaciones especialmente protegidas por la ley, como la violencia machista. Esta asistencia se solicita a través del Servicio de Orientación Jurídica (SOJ). En el caso de Madrid, estos son algunos de los puntos a los que se puede acudir:

  • SOJ general (civil, familia y penal): Plaza de Castilla nº 1, 3ª planta.
  • SOJ social (laboral/seguridad social): C/ Princesa, 3 – 1ª planta.
  • SOJ víctimas de delito: C/ Albarracín, 31 (Violencia sobre la Mujer). Plaza de Castilla nº 1, 5ª planta.

¿Ha habido casos de agresiones sexuales?

Walbian ha confirmado a Artículo 14 que sí, sí se han dado casos de agresiones sexuales dentro de la acampada. En su mayoría, en el nivel más bajo, siendo sobre todo situaciones que generan incomodidad a la víctima, como comentarios o miradas obscenas.

Sin embargo, Jareth aclara que, como “todo se lleva muy en petit comité” debido a la privacidad que exigen los protocolos, no tienen cifras exactas de los casos que puede haber habido. Al ser preguntados por si ha habido ya personas expulsadas de la acampada, responden que sí se ha invitado a algunas personas a irse: “si la víctima va a estar incómoda, es lo que ella elija”, puntualiza Walbian.

Walbian también destaca que muchos de los casos de incomodidad o inseguridad los han provocado personas de fuera de la acampada. “Es un espacio público, no se le puede negar la entrada a nadie”, explica.

“No ha habido una sensación generalizada de inseguridad”

Laura (nombre ficticio), psicóloga social de la Comisión de Cuidados, asegura que “no ha habido una sensación generalizada de inseguridad” entre las mujeres, aunque “sí que puede haber habido casos individuales en momentos más tensos en la acampada”. Comenta también que no ha notado una percepción diferente de cómo viven la acampada diferente entre hombres y mujeres. “Este sentimiento de pertenencia, este sentido de comunidad es común“, aunque cree que dentro de la acampada se perciben diferencias de género, al igual que las que “podemos observar en la vida cotidiana”.

En cuanto a la sensación de tranquilidad, aclara que no han percibido “una sensación de inseguridad tanto como de confianza en los grupos de personas que están en las comisiones que se encargan de estas cosas“. Afirma que los protocolos han servido para que las personas que sufran algún tipo de violencia “puedan saber que hay un sostén debajo”.

Al igual que su compañera Walbian, asegura que muchas de las situaciones de miedo o inseguridad han venido de personas ajenas a la acampada. “A la hora de vivir una alerta nazi, hay cierta inseguridad porque las personas tienen miedo de que eso lleve a situaciones riesgosas para nuestra supervivencia y sostenibilidad aquí”, explica.

La acampada como espacio ‘queerificado’

Sara (nombre ficticio) tiene 22 años, es trabajadora social y afirma haberse sentido “especialmente segura“. Cuenta de que, a pesar de que la acampada puede ser “la fotografía de cualquier sociedad” y, en consecuencia, mostrar “esa fotografía patriarcal que vivimos todos los días las mujeres”, ella se ha sentido muy tranquila y libre.

Asimismo, Sara considera que la acampada está siendo “un punto de encuentro muy grande para las personas queer“, lo que hace que lo sienta como un espacio muy seguro. “A pesar de la gran presencia masculina, sí se siente como un espacio ‘queerificado’, por así decirlo”.

Sara sí ha sentido algunas violencias machistas dentro de la acampada, pero, en su caso, no ha vivido situaciones tan fuertes como las de acoso o agresión sexual. Lo que sí ha percibido es una “gran presencia masculina que acapara, que ocupa el espacio de manera hostil y que silencia e invisibiliza” dentro de las asambleas.

Más violencia por ser antifascista que por ser mujer

Noelia tiene 30 años y lleva ya unas tres semanas en la acampada. Al igual que Sara, asegura sentirse segura y no haber vivido ningún momento incómodo o de miedo. Sin embargo, tanto ella como su compañera han percibido que las situaciones de mayor incomodidad o tensión vienen de amenazas externas a la acampada.

Sara siente más miedo de ser violentada por ser antifascista que por ser mujer. “Creo que siento muchísimo más la violencia por el hecho de ser nazis, que escala con el ser hombre, que por mi experiencia como mujer”, afirma en referencia a las amenazas de grupos neonazis que han vivido en múltiples ocasiones los campistas.

Noelia cree que el problema no está tanto en la acampada. sino en que “por norma general, las mujeres se sienten inseguras“. “Y lo que creo que estamos viviendo aquí es como una experiencia de calle“, por lo que “aquí no puedes echar el pestillo“, aclara. También afirma haber escuchado a las compañeras que suelen quedarse en las puertas de la acampada afirmar que han vivido situaciones más tensas porque “ha pasado mucho borracho” y “por desgracia, es normal”.

Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.