Patsilí Toledo lleva más de veinte años estudiando cómo responde el derecho a la violencia contra las mujeres. Abogada chilena, doctora en Derecho Público y especialista en justicia penal, en 2017 participó en la elaboración de la Recomendación General 35 sobre violencia de género. Desde 2025 forma parte del Comité de la ONU que supervisa la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW). El Comité acaba de aprobar la Recomendación General 41, sobre los estereotipos de género. Hablamos con ella al terminar una sesión de trabajo, antes de la presentación pública del documento.
Para empezar por lo básico, ¿qué es el Comité de la CEDAW y qué hace?
Existe porque hay un tratado internacional, la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer. Se aprobó en 1979 y tiene más de 189 Estados parte, entre ellos España. La propia Convención creó el Comité, formado por 23 personas expertas independientes. No representamos a los Estados que nos han propuesto.
Nuestra función principal es revisar periódicamente cómo cumplen los países la Convención, que abarca todos los ámbitos: la educación, la familia, la salud, el empleo y muchos otros. Los gobiernos presentan un informe sobre sus avances. Después mantenemos un diálogo con ellos y les hacemos preguntas para identificar en qué áreas deben seguir mejorando.

¿Qué diferencia hay entre las recomendaciones que se hacen a cada país y las recomendaciones generales?
Cuando el Comité examina a un país, emite recomendaciones para ese Estado en concreto. Pero la Convención también permite que el Comité haga recomendaciones generales. Hasta ahora hemos aprobado 41 sobre distintos temas: la violencia contra las mujeres por razón de género, la participación política o los derechos de las mujeres en contextos de conflicto y posconflicto, entre otros.
¿Cómo llegan 23 especialistas de distintos países a conclusiones comunes?
No empezamos de cero cada vez. El Comité va construyendo sobre lo que ha dicho durante años. Sus integrantes se renuevan periódicamente, pero se va consolidando una interpretación de los derechos humanos de las mujeres. Las conclusiones y recomendaciones se acuerdan entre todas.
También observamos cómo evolucionan los países. Entre un examen y otro pueden pasar cinco o seis años. En ese tiempo hay cambios de Gobierno, conflictos y retrocesos. Algunos países han eliminado, por ejemplo, el Ministerio de la Mujer o políticas destinadas a proteger los derechos de las mujeres. El Comité va siguiendo esa trayectoria.
“Los Estados no pueden dejarlo en manos del tiempo”
¿Por qué hacía falta una recomendación general sobre los estereotipos de género?
Desde hace muchos años el Comité planteaba la necesidad de profundizar en este tema. El artículo 5 de la Convención establece que los Estados deben modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres para eliminar prejuicios, costumbres y prácticas basadas en ideas de superioridad o inferioridad y en roles estereotipados.
La Recomendación 41 desarrolla esa obligación y da pautas para que los Estados sepan cómo cumplirla. Una cosa es decir que hay que modificar esos patrones y otra explicar cómo hacerlo. Esto es importante porque los Estados no pueden decir: ‘Mira, estas son cosas culturales y ya cambiarán con el tiempo’. La propia Convención les obliga a actuar para modificar esos patrones.
¿La Recomendación 41 crea nuevas obligaciones para España?
Las recomendaciones generales no son tratados que los Estados tengan que ratificar. Son guías que explican cómo interpreta el Comité las obligaciones previstas en la Convención. La intención es facilitar a los Estados el cumplimiento de esas obligaciones.
Cada país puede utilizar otras estrategias para transformar esos patrones, pero el Comité ofrece una guía con sugerencias de medidas que pueden aplicar.
La recomendación llega en un momento de auge de la ultraderecha y de retroceso en muchos países.
Exacto. Creo que es muy importante también por eso, porque en los últimos años ha habido mucho debate, incluso sobre la palabra «género». La recomendación explica por qué hablamos de estereotipos de género. El problema no es que los cuerpos de hombres y mujeres sean diferentes, sino las construcciones socioculturales que asignan a cada uno determinadas conductas, mandatos, deberes y espacios.
Gran parte de la discriminación que sufren las mujeres tiene que ver con esas construcciones sociales, con los papeles y las posibilidades que se asignan a hombres y mujeres.
Los prejuicios también están en quienes aplican las leyes
España tiene leyes avanzadas contra la violencia contra las mujeres, pero ¿qué pasa con los estereotipos de quienes tienen que aplicarlas?
Ese es uno de los vacíos que aborda la recomendación. No basta con que una ley establezca determinadas obligaciones. También hay que abordar los estereotipos que tienen instalados quienes trabajan en la justicia, la policía y muchos otros ámbitos.

¿Cómo afectan esos prejuicios a las mujeres cuando acuden a la justicia?
Uno de los estereotipos más frecuentes en el ámbito de la justicia es que las mujeres mienten o dan testimonios falsos. Es una idea muy presente en muchos países y se manifiesta en cuestionamientos a su credibilidad o en el riesgo de que sean perseguidas por denuncias falsas.
A veces los prejuicios son explícitos y otras veces son inconscientes. Estos últimos también tienen un impacto, así que el proceso debe empezar por identificar cuáles están presentes. Después hay que tomar medidas para erradicarlos de la actuación de la justicia, del sistema educativo y de otros ámbitos.
¿Qué papel tienen la educación y los libros de texto?
Los libros pueden representar a mujeres y hombres en ocupaciones distintas de las estereotípicas. A veces se da por sentado que las mujeres aparecen en unos papeles y los hombres en otros: la madre cuida al bebé mientras el padre trabaja en la oficina, por ejemplo. Esas representaciones contribuyen a una visión estereotipada de quién se ocupa de los cuidados y de los roles dentro de la familia.
De los medios a la inteligencia artificial
¿Los medios de comunicación también pueden reforzar esos estereotipos?
Sí. Los medios pueden difundirlos y reforzarlos, pero también pueden contribuir a desmontarlos. Pueden presentar a hombres y mujeres en ocupaciones distintas de las que se suelen asociar a cada uno y cuestionar narrativas estereotipadas.
La recomendación incluye una sección específica sobre los medios, las redes sociales y la industria del entretenimiento. Las obligaciones de la Convención recaen sobre los Estados, pero estos también deben promover que el sector privado respete los derechos humanos y no refuerce estereotipos de género.
¿Y qué ocurre con la inteligencia artificial?
La inteligencia artificial se nutre de visiones sesgadas y las reproduce, a veces de una manera muy extrema. Pensemos en las asistentes personales: muchas tienen voz femenina y se presentan como si estuvieran al servicio de quien las utiliza.
Aunque no sean mujeres, se las representa de una forma humanizada o antropomórfica. Esa elección no es indiferente al género: se construye sobre determinados estereotipos y roles.
La recomendación también trata la salud. ¿Qué tipo de barreras identifica?
Los estereotipos pueden convertirse en una barrera para acceder a la salud, porque se presumen ciertas cosas sobre las mujeres. También aparecen a veces en la investigación médica.
“Es una herramienta para la sociedad”
¿Quién puede utilizar la recomendación, además de los gobiernos?
El trabajo del Comité no siempre es muy conocido a nivel social, y el valor de estos instrumentos depende de que se conozcan. No están pensados solo para que los utilice un ministro. También pueden servir a autoridades locales, organizaciones de la sociedad civil y colectivos que quieran aplicarlos en su contexto. Que la recomendación pueda utilizarse en tantos ámbitos es una buena noticia para la sociedad, especialmente para las mujeres, las niñas y las jóvenes.
Los gobiernos cambian y algunos estarán más dispuestos que otros a garantizar los derechos de las mujeres. Pero la recomendación también puede ser una herramienta para los colegios, las organizaciones sociales, la participación pública o el deporte.
¿También habla de cómo afectan los estereotipos a los hombres y a los niños?
Sí. Hay varias disposiciones sobre el papel que pueden tener los hombres y los niños en la erradicación de los estereotipos. Los estereotipos de una masculinidad violenta o dominante tienen impactos muy negativos en los hombres: los vinculan a la violencia, los exponen a ella —también a la violencia entre hombres— y los llevan a reproducir conductas que les hacen daño.
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