El Supremo declara nulo el despido de Romina, víctima de violencia de género: “Es una victoria colectiva”

La empresa Nagami Design la despidió semanas después de que contara a sus jefes que había denunciado a su expareja por una agresión sexual

El Supremo declara nulo el despido de Romina, víctima de violencia de género: “Es una victoria colectiva”
El Supremo declara nulo el despido de Romina, víctima de violencia de género: “Es una victoria colectiva”
KiloyCuarto

En enero de 2025, publicábamos en Artículo14 la historia de Romina. Una mujer que fue despedida de la empresa en la que trabajaba, Nagami Design, apenas unas semanas después de haberle contado a sus jefes que había denunciado a su expareja tras sufrir una agresión sexual.

Romina se encontraba, evidentemente, en una situación muy vulnerable y no vio venir lo que ella misma describía como “una de las traiciones más fuertes que he vivido en mi vida”. La joven emprendió medidas legales y casi dos años después, la justicia le ha dado la razón. El Tribunal Supremo ha declarado nulo su despido.

Todo había empezado en febrero de 2024, cuando denunció a su expareja. Trabajaba en Nagami Design, una empresa de Ávila dedicada al diseño y la impresión 3D. Como tenía buena relación con sus responsables, decidió contarles lo que estaba viviendo. Al principio recibió palabras de apoyo y creyó que la comprendían.

Romina se sintió traicionada en un momento muy complicado
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De hecho, aunque el médico le dio una baja laboral de 120 días, Romina volvió veinte días después para recuperar cierta normalidad y porque, según cuenta, sus jefes le habían dicho que se reincorporara cuando quisiera y que la apoyarían. Ella consideraba a sus compañeros casi como parte de su familia. Al volver, les explicó que no podía retomar el mismo ritmo y que necesitaba flexibilidad.

El despido y la primera sentencia

La empresa conocía la denuncia y el procedimiento penal. El 2 de abril, uno de sus administradores declaró como testigo en la causa. Siete días después, el 9 de abril, Romina recibió una carta de despido disciplinario. Nagami alegó una disminución continuada y voluntaria de su rendimiento, pero no aportó pruebas para demostrarlo.

La jueza María Carmen del Peso Crespos declaró el despido improcedente, pero no nulo. Consideró que, al no existir una condena penal, Romina no podía acreditar su condición de víctima de violencia de género. Romina recurrió la resolución ante el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León. En su recurso pudo apoyarse en una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, de 2020, que había declarado nulo el despido de otra trabajadora en una situación similar.

Esther Comas, abogada de Romina en Colectivo Ronda, calificó de “injusta” la resolución. “Esto puede llevar a otras víctimas a no demandar contra sus despidos o incluso a no hablar con libertad de lo que les ha sucedido, lo cual me parece un peligro social y sitúa a las mujeres aún más en situación de vulnerabilidad”, advirtió. A su juicio, al despedirla de forma fulminante y sin causa, la empresa vulneró sus derechos fundamentales.

La empresa no probó la causa del despido

Ahora, la Sala de lo Social del Tribunal Supremo ha revocado las sentencias anteriores y declarado nulo el despido. Ordena a Nagami Design readmitir a Romina, abonarle los salarios que dejó de percibir e indemnizarla con 10.000 euros por vulnerar sus derechos fundamentales.

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La resolución tiene en cuenta que la empresa conocía la denuncia, que uno de sus administradores declaró como testigo y que el despido llegó solo una semana después. También valora la baja médica de Romina y que Nagami no probara la supuesta disminución de rendimiento. Afirma que no hubo “la más mínima actividad probatoria” para justificar el despido y califica el motivo alegado de “ilusorio y carente del necesario peso”.

En un comunicado, Colectivo Ronda señala que la discriminación no siempre se manifiesta como una represalia explícita. “La mera conveniencia empresarial no puede obligar a estas mujeres a padecer la pérdida del puesto de trabajo como castigo adicional”, sostiene.

El alivio después de las barreras

Romina supo la noticia por su abogada. Después de tanto tiempo recibiendo negativas y encontrando barreras, sintió “un chute de adrenalina”. Durante el proceso, cuenta, llegó a pensar que “el muro, por mucho que intentábamos romperlo, crecía más y más”. Decidió seguir adelante porque sabía que tenía un amparo jurídico al que podía acogerse, aunque existía el riesgo de que el precedente se sentara en sentido contrario.

Al recordar el apoyo que creyó recibir de sus jefes, explica por qué vivió el despido como una traición: “Es aprovechar un momento en el que le estamos extendiendo la mano a una persona para luego cortarle la cabeza”.

La alegría por la sentencia, para Romina, va más allá de su caso. “Recibir una sentencia así no solamente es algo a título personal; es algo a nivel colectivo, a nivel de todas las mujeres, ya ni siquiera mujeres víctimas de violencia de género reconocidas”, afirma. Desde que empezó el proceso, varias mujeres le han escrito para contarle situaciones parecidas que nunca denunciaron. Ella sabe que el proceso penal es “extremadamente duro”, pero pide no ocultar lo ocurrido: “Las personas que tienen que sentir vergüenza y que se tienen que esconder son los del otro lado, los que perpetúan esas agresiones”.

También recuerda que otra trabajadora denunció antes un despido y obtuvo la sentencia que permitió que su caso llegara hasta aquí: “Si yo pude llegar al Supremo fue porque conseguimos una sentencia de contraste”. Y concluye: “Cada vez que denunciamos a título personal, no solamente el impacto es a título personal. Es una red que estamos construyendo una a otra”.

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