Desde hace diez años se celebra en España, en el lunes más cercano al 15 de octubre, onomástica de Santa Teresa de Jesús, el Día de las escritoras, un día que se creó para visibilizar y reconocer a todas las escritoras que durante tiempo y tiempo fueron invisibilizadas.
Fue Virginia Woolf la escritora que señaló que detrás de muchos textos y poemas antiguos firmados como “Anónimo” en realidad se escondían mujeres a las que se le había negado el reconocimiento como escritoras. En muchos casos era “Anónimo” el nombre del autor, en otros un seudónimo masculino, en otros tantos unas iniciales que ocultaban un nombre femenino.
Nos cuentan que la primera mujer que publicó un libro en España fue Beatriz Bernal, allá por el siglo XVI, que escribió una novela de caballerías, y aunque hoy su nombre es conocido, entonces firmó su obra como “Una señora de Valladolid”.
Las hoy más que conocidas y reconocidas hermanas Bronte, tres siglos más tarde, en el siglo XIX, tampoco publicaron sus primeras obras con sus nombres reales, sino bajo nombres masculinos para así evitar los juicios y prejuicios que existían contra las mujeres en la sociedad victoriana en que vivían.
Fue un siglo después, en el siglo XX, recién terminada la época victoriana, donde aún a las mujeres se les reservaba el “privilegio” de no estudiar y dedicarse a tareas dentro del hogar, cuando apareció Virginia Woolf, la escritora (y editora) que llegó para revolucionar la literatura y la mirada que se tenía hacia las mujeres que querían escribir.
Virginia Woolf, que vivió en sus carnes ese “privilegio” de no poder estudiar académicamente sólo por el hecho de ser mujer (sus hermanos sí lo hacían), expuso en su obra “Una habitación propia” el hecho de que una mujer necesita dinero y una habitación propia para poder escribir, evidenciando que las principales barreras que tenían las mujeres en el pasado (y aún hoy en día siguen teniendo) para desarrollar su creatividad son económicas y sociales. Porque el hecho de que la independencia para una mujer empieza por el dinero es indiscutible, pero a eso hay que añadir el hecho de que en muchos casos no todas las mujeres tuvieron o tienen las mismas oportunidades que los hombres, que viven con obligaciones y cargas que deben asumir solo por el hecho de ser mujer y con prohibiciones expresas por la misma razón, algo que no ocurría solo en el pasado, basta desviar la mirada hacia Afganistán en la actualidad. A cuántas mujeres les ha sido y les sigue siendo negado el derecho a tener esa “habitación propia”.
El pasado lunes fue el Día de las Escritoras y este próximo sábado es el Día de las Bibliotecas, dos días para conmemorar, por un lado, a las mujeres escritoras, y por el otro a esos lugares sagrados para tantas personas, donde viven los libros, que son las bibliotecas.
Dicen las estadísticas que las mujeres son más lectoras que los hombres y también según cifras oficiales, al menos en España son casi el 40% los libros escritos por mujeres con relación al total de libros publicados.
En mi vida han sido muchas las escritoras que me han acompañado a lo largo de los años, mujeres “peligrosas” que me enseñaron en muchas ocasiones a mirar el mundo con otros ojos, ayudándome a comprenderlo y a comprenderme mejor. Y qué decir de las bibliotecas, esos lugares tan “peligrosos” también donde puedes terminar encontrando palabras e historias que cambian tu forma de mirar la vida sin posibilidad de retorno.
Decía mi querida y admirada Gloria Fuertes que dentro de una biblioteca se cura la ignorancia, que los libros son para la mente como las tiritas para las heridas, y que las bibliotecas son tan importantes que tendrían que estar por todas partes, como las farmacias. Y mi también querida Ana María Matute, que nos regaló tantas historias maravillosas, nos recordó que el mundo hay que fabricárselo, que hay que crear peldaños que nos suban y nos saquen del pozo, que hay que inventar la vida porque acaba siendo verdad, y yo digo que cuántas veces son los libros los que nos ayudan en esta invención.
Este sábado es el Día de las Bibliotecas y yo te invito a acercarte a la tuya o a la que más te apetezca para encontrar en cualquiera de los libros que las habitan un mundo distinto del que vivimos, una vida nueva, aunque sea de ficción, y desconectar así de la realidad por un rato (corto o largo, eso tú lo decides), olvidarnos de cómo andan muchos ánimos por muchas esquinas (y esto sin tan siquiera haber comenzado oficialmente la campaña electoral). Además de olvidarte de todo lo que nos rodea por un rato, quizá hasta conozcas una nueva escritora que desconocías. Feliz Día de las Bibliotecas.

