Tania de Anta es de esas mujeres que parecen no tener límites ni miedo a ponerse nuevos retos. Empezó a emprender con apenas 1.000 euros en el banco, sin contactos ni una estructura detrás, y hoy está al frente de Eating Stories, impulsa el encuentro Disruptiva y acaba de recibir el Premio Emprendedora HORECA 2026 del Ayuntamiento de Madrid. Apasionada de la gastronomía, la innovación y los negocios, ha construido una trayectoria marcada por la intuición, la exigencia y una energía que, según reconoce, también la acompaña fuera del trabajo.
Pero detrás de la empresaria hay también una mujer comprometida con la igualdad, que no tolera las injusticias y que entiende el éxito de una manera muy personal. Tanto que ni siquiera acudió a recoger su primer gran reconocimiento profesional porque había decidido participar en una iniciativa de Restaurantes contra el Hambre. En esta entrevista con Artículo14, reflexiona sobre el papel de las mujeres en la hostelería, los cambios que están impulsando las nuevas generaciones, el potencial de la inteligencia artificial y la importancia de emprender sin perder de vista lo verdaderamente esencial.
P – Tania, ¿quién eres cuando te quitas el traje de empresaria? ¿Qué hay detrás de esa mujer que parece tener siempre mil proyectos entre manos y una energía inagotable?
R – Pues soy exactamente la misma. Con mis proyectos personales, muchísimos viajes, porque me encanta viajar, y muchísimos planes gastronómicos, porque fuera de mi vida profesional también estoy obsesionada con la gastronomía. Me paso el año viajando para comer y comiendo para viajar.
Tengo muchísimos hobbies y me encanta pasar tiempo con mis amigos. Soy igual de terremoto, desvergonzada y alegre en mi vida personal. Lo que se ve en el escenario es lo que hay detrás. Soy bastante transparente.

Has contado que empezaste a emprender con apenas 1.000 euros en el banco, sin contactos y sin una estructura detrás. ¿Qué tenía aquella Tania que se lanzó al vacío y qué le dirías hoy?
Lo que tenía eran bastantes años de experiencia y muchos éxitos ya cosechados, siempre trabajando para otras empresas. Muchos fracasos también y muchos aprendizajes. Y la seguridad de saber perfectamente lo que funciona en el mercado: cómo hacer que un negocio se arregle, cómo hacer que se expanda y cómo hacer que nazca y sea un éxito.
Lo que no tenía ni idea era de cómo se empezaba a emprender. Eso lo fui descubriendo sobre la marcha. Empecé literalmente dándome paseos por Madrid y hablando con los hosteleros para entender qué necesitaban, ofreciéndome a ayudarles. Así es como empezó todo.
Y lo único que le diría a la Tania de ese momento es: gracias por lanzarte. Y ¿Por qué no lo hiciste antes?
Tania de Anta: “Todos tenemos la responsabilidad de hacer un mundo más justo para las mujeres”
Dices que emprender ha sido lo mejor que has hecho en tu vida profesional. En un mundo donde siempre escuchamos lo duro que es emprender, ¿qué has encontrado tú en ese camino que te hace vivirlo de una manera tan diferente?
Muchísimas cosas, y de verdad que no exagero cuando digo que todas, absolutamente todas, son buenas.
Lo primero que encuentras es libertad, que para alguien como yo, tan rebelde y tan reticente a seguir normas y estándares, es una joya. Emprender te permite forjar tu propio puesto de trabajo, poner tus propias normas, llevar tu nivel de exigencia hasta el límite y retarte constantemente. Y eso, para alguien tan inquieta como yo, es divertidísimo. Me lo paso piruleta.
Por otra parte, lo que encuentras son personas. Mi proyecto se llama Eating Stories porque lo que me encanta son las historias, descubrir lo que hay detrás de cada proyecto del mundo gastronómico es fascinante. Emprender te permite rodearte de quien tú quieras, descubrir constantemente historias nuevas y personas nuevas, y formar parte de diferentes familias durante un tiempo. Eso es muy enriquecedor. He conocido a personas absolutamente maravillosas, y las sigo conociendo cada día. Y a mí, eso, me calienta el corazoncito.
Y además está el privilegio de poder elegir de quién me rodeo y de quién no. Si un proyecto no me da buena energía, no me da buen feeling o me hace «rucu-rucu» en el estómago, lo rechazo y punto.

La hostelería tiene muchas mujeres trabajando, pero todavía no tantas tomando las grandes decisiones. ¿Crees que el liderazgo femenino está ganando el espacio que merece o seguimos teniendo que demostrar más que los hombres?
Sin duda creo que está ganando el espacio que merece, y que es cuestión de tiempo y de relevo generacional. Yo, actualmente, no siento que tenga que demostrar más que los hombres.
Pero no puedo ni quiero hablar por todas las mujeres, porque sigue habiendo muchísima injusticia y muchísima desigualdad. Desde luego, en lo que puedo ver desde mi pequeña óptica, sí que veo un gran cambio. Creo que las mujeres somos más relevantes que nunca, y eso solo va a ir a más.
¿Te has encontrado alguna vez con situaciones en las que hayas sentido que ser mujer y empresaria jugaba en tu contra? ¿Cómo las has afrontado?
Cuando era más joven, sí. Ahora los años me han hecho desarrollar un carácter y una asertividad con los que no permito que eso pase.
Además, soy muy guerrera. De hecho, cuando trabajaba por cuenta ajena me llegaron a poner apodos como «Juana de Arco» por defender justamente los derechos de las personas más indefensas. No tolero la injusticia ni la discriminación. Y, como te puedes imaginar, no tengo ningún problema en hacerme oír al respecto.
Siempre lo he afrontado de una manera muy asertiva, pero también muy mordaz y con sentido del humor. Creo que una buena dialéctica y no ceder ante la injusticia siempre funcionan. Quizá yo sea incluso demasiado terca en ese aspecto y lucho todas las batallas, por pequeñas o ajenas que sean. Pero creo que todos tenemos la responsabilidad de hacer un mundo más justo para las mujeres. Y, a veces, aportar es tan sencillo como decir en alto que algo no está bien.
Tania de Anta: “Tu éxito existe aunque nadie te lo reconozca”
Si miras a las mujeres que han marcado tu trayectoria, dentro o fuera de la gastronomía, ¿quiénes han sido tus grandes referentes? ¿Qué has aprendido de ellas?
Desde luego, mi primera referente es mi madre. Una emprendedora que me enseñó el valor del esfuerzo y a llevar mi autoexigencia al máximo nivel, pero siendo generosa y buena con los demás. Sin ella no sería nada de lo que soy.
La segunda es Elisa Sampere, que es la mujer que tuvo que recoger mi Premio Emprendedora HORECA & Food Tech. Llevamos creciendo juntas desde la adolescencia y hemos desarrollado nuestras carreras profesionales a la vez; en su caso, en un mundo todavía mucho más masculino que el mío, porque es ingeniera de caminos y una referente dentro de su profesión. Es una mujer admirable en cada arista de su ser. Para mí es, y ha sido siempre, mi fuente de inspiración y mi brújula ante las dudas.
Y la tercera, ya dentro de la hostelería, es Gisela Vieira, mi primera jefa cuando entré en el sector. Yo venía de un ambiente laboral ultra competitivo y muy tóxico en L’Oréal y ella me enseñó lo que es ser una buena líder. Me enseñó a enseñar con cariño y a moderar mi exigencia cuando era necesario. Ella me hizo enamorarme de este sector.

Acabas de recibir el Premio Emprendedora HORECA 2026 del Ayuntamiento de Madrid, el primero de tu carrera. ¿Qué sentiste al recibir ese reconocimiento y qué significa para ti que se valore tu trabajo?
Sentí una enorme gratitud. Creo que soy bastante pesada agradeciendo siempre, y desde fuera puede parecer exagerado, pero es lo que siento de corazón.
Cuando empecé, jamás me habría imaginado que podría llegar a este punto, y me estalla el corazón de felicidad constantemente con sucesos tan preciosos como este. Me siento tan absurdamente afortunada que lo único que me sale es dar las gracias. Y espero poder seguir haciéndolo 😉
Hay una historia muy curiosa detrás de ese premio: no pudiste acudir a recogerlo porque estabas participando en un acto de Restaurantes contra el Hambre. ¿Qué dice esa decisión sobre tus prioridades y tu manera de entender el éxito?
La verdad es que la historia parece escrita en un guion (y esto no es infrecuente en mi vida, porque tengo mil historias muy locas). Pero la vida es así de fantástica.
No poder recoger mi propio premio y que lo recogiera Elisa (con lo que ella significa para mí y el pilar que ha sido en mi emprendimiento) por estar apoyando una iniciativa tan necesaria como Restaurantes contra el Hambre, honestamente, me representa bastante y me hace mucha ilusión. Prefiero mil veces ayudar a una buena causa (por pequeña que sea mi aportación, porque el mérito es 100% del equipazo de Acción contra el Hambre) que recibir un “boost” de ego.
¿Me habría encantado poder asistir a ambos? Evidentemente. Pero no tuve ninguna duda a la hora de elegir: En una opción estaba mejorando un poquito el país y en la otra solo salía beneficiada yo. No había nada que pensar.
Además, tu éxito existe aunque nadie te lo reconozca. Y para mí, el éxito es saber elegir y tener claras mis prioridades.
Hablas mucho de rodearte de buena energía. Pero incluso las personas más optimistas tienen momentos difíciles. ¿Qué te hace perder la energía y cómo consigues recuperarla cuando las cosas no salen como esperabas?
Es difícil hacerme perder la energía, porque la recargo constantemente. Mi día a día está lleno de micro-momentos energizantes y he trabajado en conocerme bien, así que vivo con el termómetro de la energía muy controlado.
Todos los días los empiezo con un paseo escuchando música (soy super melómana), y es fácil verme bailando discretamente en un semáforo mientras espero a cruzar. Si algo se me atasca, me voy a nadar: debajo del agua pienso mejor. Si necesito un chute de alegría, salgo a la calle y juego con el primer perro que me encuentre (los perros de mi barrio ya me conocen todos, porque los tengo acosados).
Pero mi mayor fuente «solucionadora» de energía es mi pareja. Tengo la suerte de tener en casa al mejor compañero de aventuras de este planeta. Él es capaz de hacerme reír en cualquier circunstancia y es mi persona cuando necesito desahogarme. Emprender con un apoyo incondicional en casa lo hace todo infinitamente más fácil. Y el amor, para mí, es la solución mágica a todos los problemas.
A través de Eating Stories trabajas con proyectos gastronómicos desde el marketing, los datos y la estrategia. ¿Cuál es el error que más se repite entre quienes abren un restaurante? ¿Nos estamos olvidando de que, además de cocinar bien, hay que saber gestionar?
El error que más se repite es no hacer un buen plan de viabilidad antes de comenzar un proyecto. Que un restaurante tenga éxito depende de muchísimos factores, y hace falta evaluarlos todos y tener un plan sólido antes de empezar. Porque, lamentablemente, hay grandes ideas que son financieramente inviables desde el principio, y proyectos que antes de abrir ya están abocados al fracaso. Y si lo analizas, lo ves claramente.
Así que desde aquí pido, por favor, a todo el mundo que se esté planteando abrir un restaurante que primero haga un plan de viabilidad serio y compruebe que su proyecto es financieramente sostenible, y en qué plazo lo es. Y que no se enamore de su idea ciegamente. Las decisiones empresariales se toman con datos objetivos. No con sueños.
Eres una firme defensora de aplicar la inteligencia artificial a la hostelería, pero siempre dices que hay que hacerlo “sin humo y con criterio”. ¿En qué puede ayudar realmente la IA a un restaurante y qué cosas nunca debería sustituir de la experiencia humana?
Soy una friki fanática de la inteligencia artificial. Ya trabajaba como consultora de IA hace unos años, antes de que se democratizase. Y siempre me ha fascinado.
La IA puede cambiar el día a día de un restaurante a nivel de gestión y analítica, y automatizar todas esas tareas de los departamentos que nos quitan muchísimo tiempo y no aportan valor. El ser humano tiene que dedicarse a pensar y a aportar criterio a la IA, no a repetir tareas mecánicas. Desde hacer la auditoría financiera mensual, revisar a diario los KPI del restaurante o analizar el resultado de las campañas de marketing, hasta mejorar la operativa, la gestión de pedidos con proveedores o la planificación de los recursos humanos: todo el día a día de un restaurante es susceptible de pasar por la inteligencia artificial.
Lo que jamás va a reemplazar la inteligencia artificial es la parte intrínsecamente humana: la creatividad, el storytelling, las recetas innovadoras, la experiencia del cliente, el trato en sala. Todo aquello que tiene un componente emocional es, y debe seguir siendo, humano. Porque ahí está la gran diferencia entre los conceptos que son todos iguales y los que tienen alma. En el criterio humano de detrás.
En lo que concierne a la parte operativa, de gestión y analítica, lo que tiene sentido es que sea la inteligencia artificial la que haga esas tareas por nosotros, para que tengamos tiempo de dedicarnos a esas tareas tan humanas y tan bonitas que solo podemos hacer nosotros.
La gastronomía española vive un gran momento de reconocimiento internacional, pero muchos negocios tienen dificultades para ser rentables y encontrar personal. ¿Estamos ante una hostelería de dos velocidades? ¿Qué debería cambiar urgentemente?
Estamos ante una hostelería de muchas velocidades. Lo primero que debe cambiar urgentemente es la digitalización del sector y la profesionalización de la gestión operativa y financiera. Una empresa de hostelería es una empresa y debe gestionarse como tal, sea cual sea su tamaño, ubicación e historia.
Y yo de verdad creo que la inteligencia artificial es la solución perfecta para ello y el mejor regalo que nos podían haber hecho, en el mejor momento posible. El que se sepa subir al carro rápido tiene la supervivencia mucho más garantizada.
Has creado Disruptiva, un encuentro que propone hablar sin filtros de lo que ocurre detrás de los negocios hosteleros. ¿Qué verdades incómodas crees que el sector sigue sin atreverse a decir en voz alta?
Muchísimas. Hay muchas conversaciones que nunca se tienen en público y deberían tenerse.
Por ejemplo, nunca hablamos de dinero, y esto es uno de los males de la sociedad. No se habla de cuánto paga cada uno por cada cosa. No se habla de fiscalidad. No se habla de cómo conseguir inversión y de lo que conlleva. No se habla de las desventajas reales ni de las implicaciones de los diferentes modelos de negocio, de cuándo tiene sentido cada uno. No se habla de errores, ni de cuándo tirar la toalla, admitir un fracaso y mover ficha hacia el siguiente proyecto. No se habla de lo complicado que es tener socios… Demasiados tabúes que tenemos que romper ya. Compartir con honestidad solo puede traer cosas buenas.
Tania de Anta: “Las nuevas generaciones no están dispuestas a aceptar algo que no les hace felices”
En Disruptiva se habla de talento, agotamiento, liderazgo y nuevas formas de trabajar. ¿Crees que las nuevas generaciones están obligando a los empresarios hosteleros a cambiar su mentalidad? ¿Qué tenemos que aprender de ellas?
300% sí. Las nuevas generaciones no tienen ese sentimiento de dignificar el sacrificio que ha estado tan presente en nuestra sociedad. No están dispuestas a aceptar algo que no les hace felices o que no les hace sentirse dueños de su vida. Y, sin duda, tienen mucho más clara la importancia del equilibrio entre la vida personal y la profesional, y de la salud mental y emocional.
Por mi faceta docente tengo la suerte de estar en mucho contacto con las nuevas generaciones, y os aseguro que tenemos muchísimo que aprender de ellas. Tienen un sistema de valores muy sólido; simplemente, es muy diferente al de otras generaciones. Pero no son irreconciliables, ni mucho menos.
¿Qué estás cocinando tú ahora mismo, profesional y personalmente, y qué sueño te queda todavía por cumplir?
Ahora mismo estoy inmersa en implementar la inteligencia artificial en proyectos gastronómicos y marcas de éxito como La Fresería, para hacer las empresas más eficientes y, con eso, paliar las dificultades externas que estamos viviendo todos en el sector. El potencial de la IA es infinito a la hora de solucionar problemas y mejorar nuestra calidad de vida.
Sueños tengo muchos. Uno muy concreto, más proyecto que sueño, es doctorarme. Y otro, más amplio pero que me obsesiona mucho, es mejorar la marca país de España a través de la gastronomía. Quiero contribuir a que España tenga el posicionamiento mundial que se merece, y creo firmemente que la gastronomía es una de las vías para ello. Porque no hay nada más emocionante y conmovedor que nuestra gastronomía. Pero el mundo aún no se ha enamorado lo suficiente de España.

