Ellas cocinan

Irene Nan “La China”, la parrillera que aprendió a escuchar el fuego

Pasó de no saber nada de parrilla a dirigir una de las cocinas más técnicas del sector, imponiéndose con método y resultados en un oficio donde aún menos del 10% de especialistas son mujeres

Irene Nan, “La China”, no encaja en el perfil que mucha gente aún imagina cuando piensa en una parrilla. Ella lo explica con una frase que ya se ha convertido en su carta de presentación: “soy china, albina y sevillana”. A esa mezcla se le suma un dato que condiciona su día a día en cocina: tiene un 87% de discapacidad visual. Y aun así, o precisamente por cómo ha aprendido a trabajar con ello, se ha hecho un nombre en un entorno donde la autoridad suele venir con uniforme masculino y acento seguro.

Su salto profesional se entiende mirando Piantao, el restaurante de Javier Brichetto en Madrid, uno de los espacios que más ha empujado la parrilla argentina hacia una versión más técnica y gastronómica. Irene llegó allí sin saber nada de parrilla. No venía “de escuela de brasas” ni de una tradición familiar de asador. Entró desde cero. Lo llamativo es lo que pasó después: se convirtió en la mano derecha de Brichetto y terminó asumiendo el puesto de jefa de cocina con 29 años.

En su caso, la falta de visión plena no se convirtió en excusa ni en épica, sino en método. Cuando no puedes fiarte del ojo como herramienta principal, tienes que medir y anticiparte: tiempos exactos, control de temperatura, lectura de texturas, orden de trabajo. La parrilla, que a menudo se vende como instinto, para ella se vuelve sistema. Ese enfoque la llevó a dominar el fuego desde un lugar menos impulsivo y más preciso: no “a ver qué pasa”, sino “esto tiene que salir así”.

El principal problema, sin embargo, no fue aprender. Fue enseñar. Irene cuenta que su mayor batalla llegó cuando tocó dirigir y corregir a otros, especialmente en un contexto con mucha identidad cultural alrededor de la parrilla. Lo dice sin dramatizar: cuando llegaba un argentino y la veía a ella, “una china pequeñita dando lecciones de parrilla”, la reacción podía ser de rechazo automático, como si el conocimiento solo tuviera derecho a existir en un cuerpo concreto.
Nota de prensa Parrilleras

Su respuesta fue inteligente y práctica. En lugar de entrar al choque, eligió una salida diplomática: “No quiero faltar al respeto a vuestra cultura. Solo os enseño la técnica de Piantao”. Es decir, quitó el ego y la discusión cultural de la mesa, y lo llevó al terreno que manda en cocina: procesos, estándar, resultado. A partir de ahí, el respeto se construyó como se construye casi siempre en hostelería: turno a turno, servicio a servicio.

En enero de este año, su nombre aparece de forma destacada en el “Día de las Parrilleras”, un evento organizado por Piantao en Legazpi (Madrid) que reunió a cinco parrilleras para cocinar juntas y visibilizar talento femenino en un oficio muy masculinizado. El propio documento que acompaña la convocatoria lo resume con un dato: se estima que menos del 10% de especialistas en brasas son mujeres. La jornada reunió a Irene con otras profesionales como Vanesa Martín Narganes, Anai Meléndez, Lola Mira y Jayne Hardcastle, en un formato pensado para mostrar técnica y estilos distintos alrededor del fuego.

En ese contexto, Irene habló de lo que a ella le importa: que esto “no tiene género” y que un evento así sirve para empujar la normalidad, no para crear una excepción. También dejó ver una parte poco habitual en este tipo de perfiles: agradecimiento explícito hacia Brichetto por “ceder ese espacio” y por haber apostado por ella en un rol visible dentro del restaurante, algo poco común en el mundo de la parrilla profesional.

En la parte gastronómica del evento, Irene firmó un plato que encaja con su estilo: calabaza de invierno a la brasa con miel de flores y queso de cabra. No es un detalle menor. En una jornada donde la parrilla podría haberse convertido en competición de músculo o de “cortes grandes”, su propuesta va por otro lado: producto, punto y equilibrio. Una manera de recordar que la brasa no es solo carne y potencia, también es control y criterio.

Hoy Irene trabaja en el restaurante Flore, en Marbella. Ese cambio refuerza otra idea del relato y es que no es únicamente “la discípula de…”, sino una profesional que ya se mueve con nombre propio. Su historia, contada sin adornos, deja varias lecturas claras: se puede entrar tarde o desde cero en un oficio exigente; se puede liderar aunque el entorno te reciba con prejuicios; y se puede ganar respeto sin pelear cada conversación, simplemente fijando un estándar y cumpliéndolo. En una parrilla, al final, mandan los hechos.

TAGS DE ESTA NOTICIA