Opinión

Garton Ash nos lee la carta

OVIEDO, 23/10/2026.- El historiador Timothy Garton Ash galardonado con el Premio de Ciencias Sociales tras recibir su galardón durante la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias 2026 que se celebra este viernes en el Teatro Campoamor de Oviedo. EFE/ Eloy Alonso.
El historiador Timothy Garton Ash galardonado con el Premio de Ciencias Sociales.
EFE/ Eloy Alonso
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Formé parte del jurado del Premio Princesa de Asturias en Ciencias Sociales que le ha dado el premio a Timothy Garton Ash, uno de los Historiadores (con mayúscula) de nuestro siglo. Como acaba de afirmar en su intervención durante la entrega del premio, “Europa y la libertad” han sido los ejes principales en su pensamiento durante toda su trayectoria. No en vano ejerce, además de en Oxford, en la cátedra Isaiah Berlin del St. Antony’s College. Toda una declaración de intenciones.

Historiador, profesor y periodista, por cierto, que nunca ha rehuido posicionarse en los temas más polémicos, dentro y fuera de su país, este inglés ciudadano del mundo, profundamente europeo, que ha vivido en múltiples lugares y nos ha explicado el por qué de muchos de los avatares que hemos tenido que afrontar durante buena parte del Siglo XX y lo que llevamos del XXI, ha puesto encima de la mesa las cartas boca arriba y ha hecho aflorar al elefante en la habitación donde muchos decían no verlo.

Con un rigor y una claridad poco habituales, Garton Ash, reivindica la Europa que se comenzó a construir en 1945, alrededor del Estado de Derecho, la democracia y los derechos humanos y que hoy en día está profundamente amenazada. Lo hace con conocimiento de causa, pues ha vivido tanto en la parte oriental como occidental, siendo testigo directo de los grandes cambios habidos tras la caída del comunismo. Contrario al Brexit, saluda que Keir Starmer, el actual primer ministro inglés, esté pesando en como reintroducir políticamente el debate sobre el tema, en aras de poder volver a integrar el país en la UE.

OVIEDO, 23/10/2026.- El historiador Timothy Garton Ash galardonado con el Premio de Ciencias Sociales tras recibir su galardón durante la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias 2026 que se celebra este viernes en el Teatro Campoamor de Oviedo. EFE/ Eloy Alonso.
El historiador Timothy Garton Ash galardonado con el Premio de Ciencias Sociales.
EFE/ Eloy Alonso

Y lo dice. Garton Ash. cuando Europa está pasando por uno de sus peores momentos. Con las Instituciones un tanto desnortadas, que no encuentran el camino ni para aplicar las conclusiones de la última Conferencia sobre el futuro de Europa, en la que se debatieron como nunca los principales problemas que tenemos en la actualidad, nos encontramos en paralelo con una desatada violencia, de distintos grados, a veces acompañada de  guerra híbrida, que impregna las principales ciudades europeas: París, Marsella, Limoges, Lyon, Barcelona, Zaragoza, La Coruña, Bilbao, Madrid, Milán, Bolonia, Turín, Roma, Tirana, Belgrado, Oporto, Varsovia, Lieja, Bruselas, Estrasburgo, Berlín, Dublin, Viena, Manchester, Londres, Sofía, Tiflis, Praga, Budapest, Chisinau…Parece como si estuviéramos a punto de desintegrarnos, dejando en el olvido todo aquello que nos ha unido, y nos une, y que ha originado nuestras mejores épocas, no sólo económicas, sino políticas y sociales.

No es la primera vez que alguien quiere arrasar con Europa, con nuestra tradición democrática y nuestro complicado, pero eficiente en muchos aspectos, estado del bienestar. Recuerdo que, en los primeros años 2000, con la guerra de Irak y la crisis económica, nuestras ciudades también ardieron. En aquellos años, que coincidieron con la implementación del Tratado de Lisboa, quienes participamos en su elaboración (y en la fundamental y malograda Constitución europea), apoyando el debate y el desplieguedel mismo en la Conferencia Intergubernamental, sufrimos el embate de la violencia, en todas las cumbres europeas que se celebraron por doquier: Milán, Berlín, Roma, Barcelona, Niza, Atenas…. eran el blanco preferido de lo que denominé “turismo revolucionario”, cuando nos encontrábamos en todas partes con los mismos encapuchados, incendiarios y violentos grupos, en los que a veces, como ahora, se hace difícil distinguir si son de ultraizquierda o de ultraderecha. Recuerdo que me costó más de tres horas salir de una Niza en llamas, perdiendo el vuelo de regreso tras la cumbre europea, y teniendo que movilizarme con protección policial, para poder subirme a uno de esos avioncitos de Air Litoral que, con varias escalas, pues era un sube y baja por todos los pequeños aeropuertos del mediterráneo, finalmente me depositó en Barcelona.

En aquel tiempo, igual que ahora, pues pocas cosas son realmente “nuevas”, contamos con un experimentado “grupo dirigente” de tales disturbios, compuesto por expertos agitadores a los que yo denomino “caminantes blancos” pese a ir de negro porque, como en la serie de moda en la década siguiente, “Juego de tronos”, eran, y son, de lo más disciplinado y operativo. Los integrantes de este experimentado y temible “ejército”, cargan cuando se les ordena cargar, aparecen cuando se les dice y se retiran en cuanto reciben la orden. ¿De quién? Ahí tenemos el quid de la cuestión. ¿A quién le interesa que Europa termine como el rosario de la aurora?

Garton Ash, en sus escritos, ya sean libros académicos o artículos de divulgación, busca las causas profundas del problema: falta de integración social, educación a la baja… su análisis se extiende a los desafíos que afrontan las democracias liberales, especialmente en un contexto pos-11 de septiembre, abordando los riesgos de la globalización, el populismo y el terrorismo. Con la guerra de Ucrania como elemento catalizador. Loselefantes, claro. Es decir, aquello que muchos no quieren ver.

Pero no se limita a un análisis del pasado. En estos días, precisamente, cuando ha recogido el premio Princesa de Asturias, en los que Europa arde por los cuatro costados, ha planteado instrumentos con los que hacer frente a tales desafíos. Teniendo en cuenta que también ha sido premiado Leo Messi (que estaba presente en la ceremonia) ofreció una receta un tanto futbolera: “Verdad, confianza y tiquitaca”. Verdad, para analizar los hechos con honestidad. Confianza, para poder reconstruir los lazos institucionales y sociales que han quedado maltrechos. Y tiquitaca, que requiere tanto del genio individual como del trabajo colectivo.

Con todo ello, nuestro premiado, llega a la conclusión de que, si los estados europeos consiguen, en su diversidad, combinar esos elementos singulares con los valores comunes, Europa será “imbatible”. Amén, Timothy.

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