Opinión

La emoción de Messi

OVIEDO, 23/10/2026.- El futbolista argentino Leo Messi, Premio Princesa de Asturias de los Deportes, recibe su diploma durante la ceremonia de los Premios Princesa de Asturias 2026, en el Teatro Campoamor de Oviedo este viernes. EFE/Eloy Alonso
OVIEDO, 23/10/2026.- El futbolista argentino Leo Messi, Premio Princesa de Asturias de los Deportes, recibe su diploma durante la ceremonia de los Premios Princesa de Asturias 2026, en el Teatro Campoamor de Oviedo este viernes. EFE/Eloy Alonso
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Leo Messi ha recogido ocho Balones de Oro, ha levantado la Copa del Mundo y ha ganado todo lo que un futbolista puede soñar. Ha vivido tantas noches mágicas a lolargo de su carrera como para no esperar demasiadas emociones en un hombre parco enmostrarlas en público.

El viernes, en el Teatro Campoamor de Oviedo, vimos otra versión del crack argentino. Su mirada mientras la princesa Leonor enumeraba los méritos que reunía para merecer el premio Princesa de Asturias, era la de un niño emocionado, feliz, a punto de recibir el regalo más preciado.Y en esa expresión mezcla de timidez e ilusión estaba buena parte del significado de este premio.

Hay momentos en los que más allá de los goles, los títulos o las victorias que uno haya conseguido, que en este caso son todos, el verdadero orgullo es el reconocimiento a la manera en la que uno recorrió ese camino.Y si ese reconocimiento viene del país donde creció, se hizo un hombre y triunfó , asombrando al mundo entero, mayor será el orgullo al recibirlo.

FOTODELDÍA - OVIEDO, 23/10/2026.- La Princesa Leonor entrega al futbolista argentino Leo Messi (i) el Premio Princesa de Asturias de los Deportes, durante la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias 2026, en el Teatro Campoamor de Oviedo este viernes. EFE/Ballesteros
FOTODELDÍA – OVIEDO, 23/10/2026.- La Princesa Leonor entrega al futbolista argentino Leo Messi (i) el Premio Princesa de Asturias de los Deportes, durante la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias 2026, en el Teatro Campoamor de Oviedo este viernes. EFE/Ballesteros

El jurado consideró al futbolista de Rosario merecedor del galardón por su “deslumbrante talento, su excepcional trayectoria deportiva” pero también por su “formidable y continuada labor solidaria para promover el acceso a la educación y el cuidado de la salud de los niños más desfavorecidos”. Por todo ello Jorge Messi, padre del futbolista, le transmitió la gran ilusión que le hacía verle recogerlo. No pudo ser porque falleció en agosto, pero quedó patente en el rostro de Leo al subir al escenario.

Su emoción mezclada con cierta dosis de timidez, mientras el teatro se ponía en pie para aplaudirle, hizo que se viviera un momento tremendamente emotivo.La solemnidad del acto y las palabras que escuchaba parecieron recordarnos que detrás de la leyenda sigue intacta la esencia de aquel chico de Rosario que encontró en el fútbol una manera de expresarse para recorrer un camino extraordinario sin dejar de ser él mismo.

La princesa Leonor contribuyó a explicar esa dimensión del personaje .Al referirse a Messi, destacó su trayectoria irrepetible y lo definió de manera brillante : el argentino «convirtió lo extraordinario en rutina». Una frase que resume como pocas la dificultad de explicar lo que ha hecho durante tantos años sobre un terreno de juego.

Lo extraordinario convertido en rutina. Esa es, precisamente, una de las grandes paradojas de Messi. Acostumbró al mundo a lo excepcional hasta conseguir que lo imposible pareciera sencillo. Un regate, un pase inimaginable, una decisión tomada en una fracción de segundo, un gol que desafiaba cualquier lógica. Y así cada día durante tres lustros, como si la genialidad fuera, simplemente, un día más en la oficina.

La Princesa de Asturias añadió otro matiz fundamental al elogiar su respeto por la esencia colectiva del juego por encima del ego individual. Messi ha sido protagonista de una carrera descomunal sin que el fútbol haya dejado de ser, para él, un juego de equipo.Su talento le hizo una estrella del fútbol , pero él además supo usar ese talento para hacer mejores a los que le rodeaban. Una reflexión muy oportuna en vísperas del Balón de Oro, ese premio que últimamente obsesiona más a los futbolistas que menos usan su talento para mejorar a los demás.

Leonor habló también de la capacidad del deporte para generar un sentimiento universal y expresó su deseo de que su historia sirva a niños y niñas para seguir soñando, con una convicción que trasciende cualquier resultado: intentar ser buena persona y respetar los valores que enseña el deporte.

Se trata de reconocer lo que una trayectoria puede representar para quienes hoy juegan en un parque o en un patio de colegio y sueñan con ser futbolistas.

En Oviedo el fútbol compartió espacio con la literatura, la música, la ciencia y otras disciplinas que ayudan a entender el mundo. Messi,  el rostro más reconocible del deporte contemporáneo, encontró allí un reconocimiento que no se mide en goles ni en victorias.

Y nos devolvió la imagen de un hombre emocionado al escuchar lo que su trayectoria significa para los demás, sabedor de que ningún título es mejor que lograr que millones de personas se emocionen con lo que haces. Porque dejar una huella que sobreviva a los resultados, a los estadios y al paso del tiempo es, probablemente, el “título” más difícil de conseguir.

Durante unos instantes, el futbolista acostumbrado a emocionar al mundo fue quien dejó fluir su propia emoción.

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